Gedymo – En La Última Página De Ayru.

Capítulo. — 35.

Valentía alargaba su cuerpo para calentar sus músculos, estirando cada parte para evitar percances cuando llegara la hora. Por otro lado, Ginnett miraba a sus padres en busca de inspiración; estaba agobiada por la presión de pertenecer al linaje Élipson. Trataba de mantener la calma, de no dejar ver su incomodidad en los gestos ni en la mirada: no debía exponer tal vulnerabilidad, sino ocultarla y aparentar fuerza y seguridad absolutas. Respiró con profundidad para aliviar el estrés acumulado y miró con desprecio a Valentía, que aún se preparaba.
—Una criatura como tú no tiene ninguna oportunidad contra mí. Soy de sangre pura; ahora verás la diferencia entre tu estúpido linaje y el mío.
—Lo siento, si estás hablando no te escucho. Estás muy lejos.
Valentía gritó estas palabras, pero Ginnett se enfureció aún más al sentir que había perdido el tiempo en vano. Era la segunda vez que la ignoraban, y se sentía avergonzada: en su mente, nadie la respetaba como se merecía, sin considerar que posiblemente no la hubieran oído por la distancia que las separaba.
Cansada de la situación, se abalanzó contra ella aprovechando que estaba distraída. Al intentar conectar un golpe, Valentía lo esquivó con facilidad, dio media vuelta y con su brazo izquierdo volvió a atacar; el impacto se cernió contra la defensa de su contrincante.
Antes de dejarla respirar, lanzó una seguidilla de golpes a una velocidad bastante decente.
—Primero el ataque cuerpo a cuerpo.
Valentía observó cómo hablaba en voz alta mientras intentaba golpearla. Resultaba extraño oírla "pensar en voz alta", pero no le dio importancia: sería simplemente su forma de pelear.
En un instante de distracción, Ginnett le pegó en el pie izquierdo, haciendo que perdiera estabilidad. Esa apertura en su defensa la aprovechó para darle un golpe de lleno con la mano cerrada en el orificio del estómago; Valentía salió despedida del suelo, voló unos siete metros y impactó con violencia contra la tierra, levantando una leve neblina de polvo.
Ginnett se quedó en la misma posición desde donde había lanzado el golpe, a la espera de algún movimiento por parte de su contrincante. Analizaba las pocas posibilidades de acción que esta podría tener: si llegaba a invocar su martillo, debía concentrarse por completo y adelantarse incluso a sus pensamientos.
—¿Ya terminaste con tu estúpido calentamiento?
Valentía pronunció estas palabras mientras se ponía de pie y se quitaba la suciedad acumulada por el golpe recibido.
Ginnett apoyó su mano en el suelo y desapareció por un instante. Valentía, al perderla de vista, se puso inmediatamente en guardia, pero sus reflejos fueron insuficientes: Ginnett apareció detrás de ella y le dio una patada en el mentón, haciendo que volara nuevamente unos siete metros. Por segunda vez, la fuerza contraria la había sacado del suelo; no había podido levantar la guardia a tiempo y pagaba con su cuerpo su escasa velocidad. Era evidente que en lucha cuerpo a cuerpo, Ginnett tenía la ventaja.
—Hay una clara diferencia, obviando la altura y nuestra sangre.
Ginnett se tomó con calma el tiempo sobrante: se arregló el pelo que entorpecía su visión, se limpió las mejillas a mano desnuda de cualquier suciedad y alisó su ropa con golpes suaves y repetitivos. Debía verse como siempre: radiante y serena, una muestra más de que no tomaba la pelea con la seriedad que requería.
Se vio interrumpida por un sonido particular y logró identificar su origen: Valentía había invocado finalmente su martillo. Era más que evidente que lo usaría para atacar, no para defenderse. Con esa idea en mente, se puso en guardia a la espera de su contrincante. Desde la nube de polvo salió el arma volando; Ginnett la esquivó con facilidad con un simple movimiento de cadera y siguió con la vista su recorrido hasta que se estampó contra el suelo.
Valentía estaba de pie, agarrándose el estómago; su respiración era agitada y rasposa, aún se recuperaba del golpe recibido.
—Al fin invocas tu martillo de herrero. Excelente. Ahora pasaré a demostrar mi defensa. Haz lo mejor que puedas, ¿sí? Sé que es mucho pedir para alguien como tú, pero esfuérzate y haz que quede bien.
Valentía demostraba todo su enojo con la situación; estaba cansada de escucharla. Estiró su mano con dificultad.
—¡¡¡YA CÁLLATE!!!
Su arma buscó llegar hasta ella, lo que implicaba pasar por encima de Ginnett. La intención era darle un golpe desde la espalda mientras estaba distraída; debía aprovechar la oportunidad y concretarlo.
Ginnett sonrió con sarcasmo y la miró desafiante, completamente segura de sus habilidades. En su mente, no existía la posibilidad de que Valentía le diese ni siquiera un golpe: todo estaba calculado, no dejaba ningún punto ciego. Por más que aparentaba distracción, mantenía su concentración al máximo.
El martillo se acercó a toda velocidad con la intención de golpear a Valentía, pero al impactar chocó contra una barrera que Ginnett había creado. Rebotó con fuerza y siguió su rumbo; el plan había sido en vano. Ella había logrado anticipar el movimiento sin necesidad de poner en acción sus reflejos.
—¿En serio ese es tu estúpido movimiento? Si luchas así, no podré mostrar mi habilidad de defensa. Ponle más entusiasmo, goblin.
El martillo llegó hasta Valentía, quien lo alzó con total tranquilidad. A pesar de los golpes recibidos, no le afectaba a la hora de manipular su arma. Se puso de pie con la frustración del fracaso, mientras las palabras de Ginnett aumentaban su ira y hacían que perdiera seguridad y confianza para seguir afrontando la batalla.
Su intención había resultado un desastre: no había logrado el cometido deseado, no había podido convertir su idea en algo tangible.




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