Gedymo – En La Última Página De Ayru.

Capítulo. — 39.

Ginnett se abalanzó contra Valentía, pero antes de llegar vio que esta levantaba su martillo y lo hacía crecer para golpearlo contra el suelo, creando una nube de polvo que dificultara la visibilidad. Como consecuencia, Valentía se elevó unos metros en el aire, pero no tuvo en cuenta que quedaría expuesta con poca movilidad —lo cual Ginnett aprovechó para lanzarle un descifrado de signos. Sin embargo, la confianza que tenía hizo que no pensara con claridad al apuntar, lo que benefició a Valentía: pudo esquivar el ataque aún estando en el aire.
Una vez fuera de peligro, hizo que su martillo tomara un tamaño más pequeño, apuntó directamente al cuerpo de Ginnett y lo hizo crecer de nuevo, golpeándola de lleno. Por acto reflejo, Ginnett usó su mano dominante —la derecha, que ya se encontraba gravemente lastimada— para amortiguar todo el impacto, lo que la hizo retroceder. Se quejó del dolor por solo un segundo, ya que no debía mostrar tal debilidad ante su adversaria, y luego giró la vista hacia las gradas para ver a sus padres. Ellos la observaban con mirada seria, y un leve alivio calmó su corazón al notar que no habían visto su queja. Sus sentidos se activaron al percibir peligro: saltó hacia atrás, esquivando el siguiente golpe que Valentía le dirigía.
—Maldita sea.
Ginnett se repetía la frase una y otra vez. Según su punto de vista, pudo haber recibido el golpe solo por estar distraída, y estaba enojada consigo misma por la situación: fue su culpa haber forzado el contraataque de Valentía. Mientras tanto, las gradas se exaltaban de sorpresa al ver su acto de reflejo envidiable.
Valentía comenzó una oleada de golpes a una velocidad increíble —había aumentado desde la última vez—. Ginnett solo se defendía, esquivaba y amortiguaba cada uno de ellos.
—Date por vencida, maldita enana. No tienes ninguna oportunidad contra mí.
Valentía seguía concentrada en sus golpes; sudaba y se ensuciaba cada vez más con la tierra que levantaba.
—No tiene sentido que sigas con esto, goblin inmundo. Esta pelea se decidió en el instante en que salió mi nombre.
Valentía hacía caso omiso. Poco a poco su velocidad disminuyó debido a la fatiga muscular a la que se exponía; su respiración era agitada y rasposa, pero su mirada revelaba un corazón decidido y confiado.
Ginnett aplastó el martillo con su pie, frenando en seco toda la acción de Valentía. Al igual que ella, estaba agitada: su cuerpo evidenciaba el cansancio acumulado, y ya no importaba su imagen —necesitaba recuperar energía y aire para seguir afrontando la lucha en óptimas condiciones.
—Date por vencida, maldita enana inútil. No tiene caso…
Valentía achicó su martillo y, sin dejarla terminar de hablar, la golpeó en el estómago con el arma, luego le dio un golpe directo en el mentón que hizo que su cuerpo tambaleara y casi cayera al suelo.
—¡¡¡PELEA!!!
Valentía volvió a tomar distancia y la miró con la mirada más segura y confiada. Estaba decidida a seguir luchando y a no darse por vencida.
—Te dije que mientras tenga fuerzas no me daré por vencida. También sangras, así que no eres tan diferente a mí después de todo, pelirroja.
Todo el estadio se exaltó de entusiasmo al ver que había logrado darle un golpe directo. Todos estaban asombrados ante la voluntad inquebrantable y la confianza de Valentía; desde el punto de vista de los espectadores, Ginnett estaba en aprietos.




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