Gedymo – En La Última Página De Ayru.

Capítulo. — 45.

Ginnett estaba sentada mirando su brazo lastimado. La imagen de sus padres saliendo de las gradas aún la mantenía viva, y no era algo que su corazón estaba dispuesto a desechar, debido a la gran secuela que le había dejado. Tenía ganas de llorar; sabía que tenía que desahogarse como correspondía, de forma natural. Ya no era viable retener ni ocultar sus emociones.
Al oír el sonido de la puerta abrirse, comenzó a secarse las lágrimas con desesperación. Como contaba con una sola mano, debía invertir más esfuerzo para deshacerse de la evidencia del dolor que trataba de ocultar. Al acomodar su rostro, vio quién era la visita: Hastel. Se sorprendió al verlo entrar; muchas preguntas invadían su mente, y tal vez con el tiempo y su compañía pudieran saciarse.
—Estás llorando. Maldición, no fue un buen momento. Perdón.
Hastel hablaba en un tono elevado. No le dio tiempo a pensar cómo reaccionar; ella habló por sí sola, sintiéndose incómoda.
—¡Qué poco tacto! Una persona normal fingiría.
—Lo siento mucho, no fue mi intención.
Hastel juntaba ambas palmas y las colocaba en su frente en muestra de arrepentimiento.
—Si buscas a tu amiga, ya se fue.
Hastel sonrió, aunque eso le generó un momento incómodo a su compañía.
—Te busco a ti.
Ginnett, sin mostrar ninguna mueca ni siquiera de intriga, lo miró a los ojos.
—¿Qué es lo que necesitas de mí?
—Me sentí muy mal por haberte tirado tu bebida esta mañana, así que te traje dos para compensarlo.
Ginnett se quedó enmudecida al ver sus bebidas favoritas; le había dado justo en el punto. Estaba deseando poder caminar en busca de eso mismo que Hastel le había traído, ya que no tenía a nadie a quien recurrir en un momento así. Las tomó con delicadeza y las posó en la mesita que estaba justo al costado de su cama.
—No me enojé contigo por las bebidas. Arruinaste mi remera favorita, la de la suerte.
—Wow, puedes hablar sin insultar. Impresionante.
—¿Escuchaste lo que acabo de decir?
Hastel asintió moviendo la cabeza y comenzó a sacarse la remera. Al verlo, Ginnett exhaló con sorpresa; no lograba comprender cómo había llegado a crear semejante situación incómoda.
—¿Estás loco? ¿Qué rayos haces?
—Te doy mi remera por arruinar la tuya.
—Pero no así, maldito pervertido inmundo.
Hastel suspiró y se volvió a poner la remera, restaurando la atmósfera más serena que había antes de su ocurrencia.
—¿Eso es todo...?
—Ese sonido significa que están por empezar a pelear. Debo irme.
Ginnett se quedó enojada al haber sido interrumpida mientras intentaba hablar. Hastel, antes de salir, se frenó en seco y la miró a los ojos.
—Estuviste fantástica. Eres una chica increíblemente fuerte.
—Graci...
Se tapó la boca y borró su sonrisa. No sabía cómo había llegado a eso, como si su corazón hubiera dominado a su mente para que no razonara. Comenzó a sonrojarse por la gran vergüenza que sentía; no debía mostrarse de tal manera, ya que no sabía con quién estaba tratando. Según su punto de vista, él era un ser inferior —lo sabía a la perfección—, pero no lograba comprender cómo se había descuidado para mostrarse de una forma que ella consideraba irreverente.
—De nada. No eres tan mala después de todo; eres agridulce.
Hastel se reía a carcajadas mientras salía de la habitación. No podía ocultar tanta felicidad, más bien nunca quiso hacerlo.
—¿Agridulce? Qué chico tan raro.
Ginnett miró hacia su costado, donde estaban las bebidas, y un suspiro salió sin previo aviso. Su corazón se calmó, llegando a un acuerdo con su mente; podía descansar del malestar que su familia le había dejado.
—Al menos se tomó las molestias por algo tan tonto. Ya son dos personas.
Oculta a toda vista, dibujó una sonrisa acompañada de una corta risa. Había logrado salir de la oscuridad aunque fuera unos minutos; ya no estaba afligida. Su corazón podía tomarse un descanso, al igual que su mente. Ya no había nada de qué preocuparse, solo descansar.
Hastel llegó a las gradas y Máron se colocó frente a él, asustándolo. Él gritó por la gran sorpresa que se había llevado.
—¿Y bien?
—Maldita sea, Máron, casi me matas del susto.
—Fuiste a ver a Ginnett. ¡¿Y BIEN?
—No te entiendo.
—Tu estúpido instinto maldito, mandril. ¡¿QUÉ DICE?!
—¿Quién?
—Voy a matarte.
Hastel comenzó a reír a carcajadas, ya que había logrado su cometido: hacerla enojar.
—Bien. Te lo diré: fue bien.
—¿Cómo que bien? ¿ESO ES TODO?
—Solo bien.
—¡¿No sabes decir otra maldita palabra que no sea "bien"?!
—Ya dejen de decir "bien", ya hasta me suena rara la palabra.
Noban se dio vuelta; en su rostro se notaba el enojo que sentía por ambos.
—¡Bien!
Hastel y Máron se sincronizaron para responderle.
Loren se interesó por la conversación que llevaban a cabo Hastel y Máron.
—¿Pueden explicarme por qué están peleando justo ahora?
—Hastel, mi estúpido hermano, tiene un superpoder: puede sentir si una persona es buena o mala. Muchas veces le da en el clavo.
Hannabi mostraba un cartel que decía: "Eso es fantástico, debes usarlo para el bien".
Noban también se unió a la conversación.
—Pueden callarse todos, a nadie le interesa su estúpido poder.
—Tienes celos de que tú no tengas un poder.
Máron se acercó a Noban para decirle esas palabras, lo que hizo que Noban se enojara aún más y comenzara una discusión con él.
—A mí no me sorprende que tengas un poder así. Eres increíble, Hastel.
Valentía se hizo presente en la conversación, lo que llamó la atención de Noban al verla tan normal.
—¿No deberías estar reposando?
—No puedo perderme la batalla de Melcifer. Ella me apoyó; este dolor no es nada.
Hannabi se entusiasmó al verla segura y sonriente, y mostró su cartel con timidez.
—"Lamento que hayas perdido, estuviste espectacular, eres increíble".
Valentía le agradeció con una sonrisa; estaba muy feliz por aquellas palabras. Todos la habían hecho sentir bien, obviando por completo su derrota.
Todo el grupo guardó silencio al oír la voz del estadio anunciando los nombres de la siguiente pelea. Todos se entusiasmaron y comenzaron a gritar al ver entrar a Melcifer; eran bastantes ruidosos, más aún si se comparaba con la apática actitud de su contrincante.
Estaba a punto de iniciarse la siguiente batalla. Todo el estadio estaba encendido, y el ambiente hasta el momento era neutro.




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