"UNA PELÍCULA DE Guembly"
"Guembly PRESENTA"
🛸
"SED DE SANGRE"
❤️🔥
INTRODUCCIÓN
La mañana se filtraba a través de la ventana del comedor como miel líquida, iluminando motas de polvo que danzaban en el aire tranquilo. Era un cuadro de domesticidad serena. La familia estaba reunida alrededor de la mesa de roble, desgastada por años de comidas compartidas. Los platos, ahora vacíos excepto por algunas migas de pan tostado, y los vasos de jugo de naranja, medio llenos, testimoniaban un desayuno reconfortante.
Al frente, David, el padre, sostenía una Biblia de cuero negro entre sus manos, manos que hablaban de trabajo honesto pero también de caricias suaves. A sus cuarenta años, su rostro era una mezcla de firmeza y una bondad que emanaba de sus ojos claros. A su lado, Sara, su esposa, lo miraba con una sonrisa serena que iluminaba su rostro de una belleza madura y tranquila. Su fe no era una carga, sino un manto de paz que vestía con naturalidad.
Frente a ellos, Daniel, de diecisiete años, heredero de la contextura fuerte y la mandíbula firme de su padre, escuchaba con atención, aunque una chispa de inquietud adolescente brillaba en sus ojos. Sofía, de quince, con el cabello ondulado cayendo sobre sus hombros y la inocencia aún aferrada a sus gestos, absorbía cada palabra como si fuera un sustento vital. Y en el extremo de la mesa, la Abuela Elena, de setenta años, con sus manos nudosas acariciando la taza de porcelana, parecía anclada en un mundo lejano. Su mirada, fija en el líquido ambarino de su té, tenía una lejanía que a menudo perturbaba la armonía familiar.
La última nota de un salmo suave, cantado a coro, se desvaneció en el aire, dejando un silencio pacífico, cargado de una fe que era tan tangible como la mesa misma.
PAPÁ DAVID
(Cerrando la Biblia con un suave golpe seco)
"En paz me acostaré y asimismo dormiré,porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado." Un recordatorio perfecto para empezar el día. No importa lo que enfrentemos, Él es nuestro refugio. Su palabra es un ancla en la tormenta más feroz.
MAMÁ SARA
Amén.A veces el trabajo se pone intenso, los clientes se impacientan, las cuentas se acumulan... pero recordar eso, que Él está al control, me da una calma que nada más en este mundo puede dar. Es como... como un puerto seguro dentro de uno mismo.
DANIEL
(Arrugando ligeramente la frente)
En la escuela a veces es difícil.Ayer, el profesor de ciencias, el señor Henderson, hizo unos comentarios... bueno, saben, durante la clase de evolución. Se burló sutilmente de la fe como algo "anticuado", un consuelo para mentes no ilustradas. Fue... frustrante.
SOFÍA
(Asintiendo,seria, jugueteando con el borde de su servilleta)
Y algunos chicos se rieron.No todos, pero los de atrás, los populares. Fue... incómodo. Sentí que me quemaba la cara.
PAPÁ DAVID
(Su voz era un río calmado pero profundo)
La burla del mundo es una prueba,hijos. No es nada nuevo. Los profetas fueron ridiculizados, los apóstoles despreciados, y nuestro Señor fue escupido. Manténganse firmes como ese roble viejo del jardín. Respondan con amor, con educación, pero nunca, nunca nieguen su fe. Recuerden, la aprobación de Dios vale más que los aplausos efímeros de los hombres.
ABUELA ELENA
(Sin levantar la vista de su taza,como si hablara con el viento fuera de la ventana)
El viento hoy trae un susurro...un susurro frío. No como el del invierno, sino... vacío. Como si algo se arrastrara entre las hojas.
Un silencio incómodo, pequeño pero punzante, se instaló en la mesa. Sara colocó su mano suavemente sobre el brazo de su madre.
MAMÁ SARA
(Suavemente,con un dejo de condescendencia amorosa)
Mamá,son solo las ramas del roble. David lo podó la semana pasada y todavía están inquietas. No digas cosas que asusten a los niños.
PAPÁ DAVID
(Sonriendo para romper la tensión)
Bueno,oremos juntos antes de que el día nos lleve por caminos separados. Unámonos como familia ante el trono de la gracia.
Se tomaron de las manos alrededor de la mesa, un círculo de fuerza y fe. Los ojos se cerraron, y la voz de David llenó la habitación, una petición tejida con hilos de devoción.
PAPÁ DAVID
(Orando con una convicción que calmaba cualquier ansiedad)
Padre celestial,te encomendamos este día. Cada hora, cada minuto. Protege a Daniel y a Sofía en la escuela, guárdalos no solo de los peligros físicos, sino de las dudas y las influencias vanas. Dame a mí y a Sara sabiduría en nuestro trabajo, paciencia y amor para tratar con quienes nos rodean. Cuida a la abuela Elena en esta casa, que sea un lugar de paz para ella. Y que en todo lo que hagamos, desde la tarea más pequeña hasta la decisión más grande, nuestras palabras y acciones te honren y te glorifiquen. En el poderoso nombre de Jesús, amén.
CORO
Amén.
El círculo se deshizo, y con él, el momento de recogimiento. La vida cotidiana comenzaría.
El sol de la mañana bañaba la fachada de la casa familiar, pintándola de un color cálido y alegre. Daniel y Sofía, con sus mochilas al hombro, caminaban juntos hacia la parada del autobús, una caminata rutinaria llena de susurros y risas juveniles. Un poco más allá, David y Sara se subían a su auto familiar, un sedán práctico y confiable. David arrancó el motor, y el ruido rompió el silencio matutino.
En la puerta de entrada, la Abuela Elena los observaba partir. Su figura menuda se recortaba contra la penumbra de la casa. Una vez que el auto desapareció en la esquina y los hijos se convirtieron en puntos distantes, algo cambió en su postura. La espalda se enderezó ligeramente, y una sonrisa pícara, casi infantil, se dibujó en sus labios arrugados. Sus ojos, que momentos antes parecían perdidos, ahora brillaban con un secreto juguetón.
ABUELA ELENA
(Para sí misma,frotándose las manos con anticipación)
¡Por fin!¡Hora del banquete de la abuela! Esos regímenes de avena y fruta están bien para los jóvenes. ¡Una mujer de mi edad necesita combustible de verdad!