Sombras de la Noche
El cielo está teñido de rojo al atardecer, las ramas secas de los árboles suenan bajo nuestros pies.
―¿Por qué tenemos que hacer esto? ―. Pregunta, mientras aparta con disgusto una rama de árbol.
―Porque es nuestro deber, Hasan.
Hace cuatro días que estamos en Anrithal, una aldea en las llanuras de Anir, una vasta extensión de tierras abiertas, con habitantes agrícolas. Fuimos enviados a explorar, porque constantemente es amenazada por bestias.
―Hemos explorado este lugar por días, y no hemos visto ni una criatura ―. Gruñe.
―Lo sé, pero es parte de la misión que nos designaron―, menciono, quedando estática mientras me cruzo de brazos. ―Además, si no querías venir, hubieses dicho un No.
―No iba a dejarte sola, Elysia―. Su entrecejo se frunce―. Sé lo testaruda que eres.
―No soy testaruda.
―¿Enserio? ―. Gira sobre sus talones y mira alzando una ceja.
―No tendremos esa conversación, Hasan―. Paso por su lado.
―¿Te recuerdo el por qué estoy aquí contigo?―. Me toma del brazo, interrumpiendo mi caminata.
―Puedo hacerlo sola―, me suelto de un tirón, mirándolo seriamente. ―No necesito que me…
―Guarda silencio―. Ordena.
―No me voy a callar, Hasan―. Protesto.
―Cállate, Elysia―, mira por encima de mi cabeza ―. Sino quieres llamar la atención de eso.
Señala, y giro sobre mis talones, para observa a una bestia que olfatea la tierra, y mira a nuestra dirección. Nos ocultamos rápidamente detrás de los árboles, para no ser vistos por esa cosa.
―Es un Onecentauro―, indico―. Es un clase cuatro.
Hasan parece no prestar atención, por estar observando a la criatura.
―Ve por la derecha―, indica con su mano, cubierta por una guantilla de cuero―. Yo iré por la izquierda―. Observa en esa dirección.
―Es mejor que lo ataquemos desde la distancia―. Sugiero.
―A mi señal.
―Hasan…―susurro. ―Hasan…―. Vuelvo a susurrar, pero no obtengo respuesta alguna. impaciente.
―¡Ahora! ―. Sale corriendo por la dirección que indico.
El onecentauro se da cuenta de su presencia, y corre hacía él con gran ferocidad. Hasan rápidamente salta, y en el aire forma una esfera de luz y la envía contra la bestia, gruñe ante el ataque, y sus manos se alzan imponente lanzando por los aires a Hasan.
―¡Hasan! ―, lo observo caer, y corro para ayudarlo a ponerse de pie.
Observo a la criatura que parece aturdida por el reciente ataque.
―Te dije que es un categoría cuatro. ― Se sacude la tierra y forma nuevamente un ataque de luz en sus manos.
―Espera―, lo detengo sujetándolo del brazo―. No lo podemos atacar directamente.
―¿Qué haremos? ―. La luz de sus manos desaparece.
En un instante de descuido la bestia arremete contra nosotros, pero lo logramos eludir, y saltar a una alta rama de árbol gigante.
―Primero, no ataques como si fueras subnormal ―. Mi espalda choca contra la madera.
―Es un ultraje, Elysia―, Se impulsa en la rama del árbol, para caer en cuclillas sobre ella. ―No soy un subnormal.
―Bueno, pareces uno―, Busco con la mirada el paradero de la criatura―. Atacando sin ver la clasificación de la criatura.
―Claro que No―. Se excusa―. ¿Cuál es su categoría?
―Es un clase cuatro―, indico―. Si miras las runas en su cuerpo―, la rama donde quedó está un poco lejos de la mía―. Te darás cuenta que es de Grietas.
La colosal bestia oscura y con runas rojas ardientes, olfatea el aire con el hocico deformado.
—Usaré la lanza de Orión—, el resplandor dorado se hace notar al quitarle el protector.
―Es increíble―. Sus ojos recorrieron el brillo que emana.
«―La lanza de Orión es forjada con el metal celestial de las estrellas fugaces.
―¿Y esto? ―. Cuestioné, cuando me entregó el arma.
―Está cargada con luz divina, y le permitirá que tus ataques atravesar incluso las pieles más endurecidas―. Menciona Lyria»
—Dejará un rastro de energía que te guiará hacia su la runa principal.
Las bestias corruptas suelen estar llenas de runas, pero hay una especifica entre todas ellas, para poder asesinarlos.
—Y podrás acabarlo con un solo golpe.
―Perfecto―. Menciona, mientras hace crujir su cuello.
―Andando―. Ordeno.
Desde la rama del árbol gigante, empuño la lanza, y el mi piel se eriza al sentir el frío metal. Respiro hondo y sostuvo con firmeza la Lanza de Orión. La runa celestial en la empuñadura comienza a arder con un resplandor azul.
La lanzo con un movimiento preciso, que surca el aire como un rayo estelar y se clava en el suelo frente a la bestia, liberando un destello de energía sagrada que se expande como un sendero de luz vibrante. El Onecentauro ruge al sentir la energía rozar su piel. Sus músculos se tensan, y sus pezuñas golpean el suelo con tal fuerza que el terreno tiembla.