POV T/N
Si me hubieran dicho que mi vida iba a cambiar por culpa de una excursión escolar obligatoria, probablemente me habría quedado en mi cama durmiendo. Pero claro, el destino tiene un sentido del humor bastante retorcido.
Caminaba por el campus de la universidad intentando que mi mochila no se me resbalara del hombro. Mido 1.82 m, lo cual está bien para alcanzar cosas en los estantes altos, pero es una pesadilla cuando intentas pasar desapercibido entre una multitud de estudiantes que corren como si les fuera la vida en ello.
-¡T/N! ¡Mueve el trasero que el bus no te va a esperar por tu cara bonita! -me gritó un amigo desde lejos.
-¡Ya voy, ya voy! ¡Es que mi cama y yo tenemos una relación tóxica y no me dejaba ir! -le respondí gritando, mientras esquivaba a un grupo de primer año con una agilidad que, sinceramente, ni yo sabía que tenía.
El edificio de Alchemax era... imponente. O aterrador, dependiendo de cómo lo miraras. Era una torre de cristal negro que parecía sacada de una película de villanos de ciencia ficción. Mientras el guía hablaba sobre "revolución genética" y un montón de cosas que me entraban por un oído y me salían por el otro, yo me distraje. Típico de mí.
Me alejé del grupo cuando vi una puerta entreabierta. El cartel decía "Sector 4-B: Vigilancia Genética". Mi cerebro me dijo "vete de aquí", pero mi curiosidad (que siempre es más fuerte) me empujó hacia adentro.
En el centro de la sala, dentro de una vitrina que tenía una pequeña grieta, vi a la cosa más extraña de mi vida. Una araña. Pero no era una normal de esas que te encuentras en el baño. Era blanca, un blanco mate casi irreal, y sus patas tenían un brillo verde neón que palpitaba.
-¿Pero qué te dieron de comer, pequeña? -susurré, acercando la mano al cristal.
Fue un segundo. Un pinchazo rápido en el dorso de la mano. Un dolor frío, como si me hubieran inyectado hielo seco directamente en las venas.
-¡Mierda! -solté un quejido, sacudiendo la mano con fuerza. La araña cayó al suelo y, juro por lo que más quieran, que se "pixeló" en el aire hasta desaparecer.
-En ese momento pensé que me había dado un golpe de calor. No sabía que mi ADN acababa de recibir una actualización que no había pedido y para la que no tenía manual de instrucciones-.
Días después...
Pasé una semana que no se la deseo ni a mi peor enemigo. Fiebre, escalofríos y la extraña habilidad de quedarme pegado al techo de mi cuarto mientras dormía. Cuando por fin me sentí "normal", me di cuenta de que ya no era el mismo T/N de siempre.
Tenía que hacer algo. No podía quedarme sentado viendo cómo el crimen subía en mi ciudad mientras yo podía doblar barras de metal con una mano. Pero necesitaba un traje. Y no iba a usar mallas pegajosas de colores brillantes.
-Si voy a hacer esto, lo voy a hacer con estilo -dije, tirando un montón de ropa vieja al suelo de mi cuarto.
Pasé tres noches sin dormir, peleándome con una máquina de coser vieja. Usé una tela técnica de color blanco mate que encontré en una tienda de deportes; era resistente, ligera y no se sentía como un disfraz barato.
-Verde neón... para que me vean venir -murmuré mientras pintaba con cuidado el emblema en el pecho. Eran trazos rectos, agresivos, nada de dibujitos amigables.
Le añadí unos detalles en morado oscuro en los hombros para que el blanco no fuera tan aburrido y terminé con la máscara. Usé unos lentes de policarbonato que modifiqué para que brillaran en verde cada vez que mis sentidos se ponían alerta.
Al mirarme al espejo, por primera vez, me sentí como alguien importante. No tenía nombre, no tenía un equipo, y definitivamente no sabía qué demonios estaba haciendo. Pero se sentía bien.
-Esa noche, subí a la azotea y miré las luces de Nueva York. Mis lentes verdes se encendieron en la oscuridad. No sabía que el multiverso ya me tenía en la mira, pero por ahora, solo era yo intentando no caerme al vacío en mi primer salto-.
-Bueno... aquí vamos.
Editado: 28.02.2026