Giulia D'angelo

CAPÍTULO 4

FLORENCIA, ITALIA

GIULIA

 

«—¡Dome! —Me llevé las manos al rostro en el momento en que Dome me quitó la venda de los ojos para ver dibujado con flores a la orilla del lago la pregunta: ¿Quieres ser mi novia?

—Reinota de mi vida y de mi corazón, ya le pedí permiso al tío Franco y quise hacer algo especial y la pregunta de manera oficial, ¿me harías el honor de ser mi bella novia? —La sonrisa no me cabía en el rostro ante esa pregunta que esperaba desde que podía recordar.

Bueno, desde niños hemos sido él y yo siempre juntos, tuvimos nuestro primer beso aquí en este lago de la villa, a los diez jugamos a casarnos, pero en ese momento nos dijeron que éramos muy jóvenes para ser novios, así que ahora con quince años ya podía ser muy oficial.

—¡Claro que sí! —chillé lanzándome a sus brazos—. No hay nada que desee más que ser tu novia al fin, para que todas en el colegio dejen de considerarte soltero porque eres solo mío.

—Siempre he sido solo tuyo, mi Reinota. No quiero ser asfixiado por nadie más que tú, amor. Asfíxiame toda la vida.

—¡Dome! —Golpeé su espalda, pero estaba sonriendo porque desde niños siempre me han señalado que mis abrazos para él son muy fuertes, pero mi ahora novio nunca se ha quejado.

—Sabes que amo tus abrazos apretados y te amo locamente, Giulia. No hay ni habrá nunca nadie más que tú. —afirmó, moviéndose solo un poco para unir su frente a la mía.

—¿Me lo prometes?

—Te lo prometo hoy y el día que nos casemos de verdad te lo voy a reafirmar. Porque esa boda aquí en el lago, va a pasar, así seamos un par de viejitos canosos.

—¿Me esperarías tanto tiempo?

—Esta y todas mis vidas están unidas a ti, amor. Jamás dudes de eso…».

 

Se me salen las lágrimas al recordar ese momento cuando Dome me pidió ser novios y ya un poco más de una década ha pasado de eso y seguimos juntos. Amándonos más que nunca y a punto de casarnos.

—¿Estás bien, cariño? —Anie acaricia mi mejilla y rodeo su cintura con mis brazos, ella enseguida me corresponde y deja un beso en mi coronilla.

—Solo recordaba el día en que Dome me pidió ser novios y ese día juró que nos casaríamos y mira, hoy nos casamos. —murmuro entrecortada y ella me aprieta un poco más fuerte.

—Sí, hoy te casas con un hombre grandioso que te ama, pero sobretodo que te comprende, te acepta y te respeta, un hombre que te impulsa y ama verte crecer, verte brillar. Eso vale mucho. —Sonrío y muevo mi cabeza en afirmación.

—Lo sé, siempre he sido muy fuerte, en todos los aspectos de mi vida y bueno, estando al frente del Corporativo y los negocios toca serlo, pero con mi hombre simplemente aflora toda esta…

—Energía femenina y delicada, estás con alguien que te sabe fuerte, pero tú eliges bajar las defensas y dejarte cuidar, dejarte mimar y proteger. Sabes que con esa persona no tienes que ser fuerte todo el tiempo y puedes expresar esa energía suave y relajada que con otras personas y en otras circunstancias no podrías.

Me separo de ella y suspiro, siempre tan acertada en sus palabras. He amado crecer con Anie en mi vida, es otra madre para mí y aunque mi propia madre me armó un drama que casi me hace dejar de hablarle, ella también caminará conmigo al altar. Así se lo he pedido y ella aceptó sin titubear.

—Así te sientes con mi papi. —No se lo estoy preguntando, lo afirmo porque he visto que es así.

—No se lo digas muy duro porque luego su ego no lo deja pasar por las puertas. —responde dándome un guiño—. La verdad es que a veces ser fuerte todo el tiempo puede ser agotador y está bien admitir que no podemos siempre con todo, pero esa sensación de seguridad cuando tienes a tu lado a alguien en quién apoyarte es grandiosa. Y tú lo tienes con Dome.

—Sí, con él lo tengo todo y más. —Sacudo la cabeza—. ¿Se me pusieron muy rojos los ojos?

—No, solo brillan de forma especial y tú estás hermosa, mi niña. —Anie deja un beso en mi frente y quiero llorar otra vez.

Anoche dormí con ella y con mi papi aquí en nuestra casa que será el centro de operaciones, pero temprano después de desayunar, lo corrimos para poder empezar con todo. La verdad es un alivio que la familia esté involucrada y hoy yo solo tenga que preocuparme por verme más hermosa.

—Hemos traído todo para ponerte más bella.

Sonrío cuando todo el ejército de mujeres aparecen en grupo para arreglarnos juntas.

—¿Es normal estar nerviosa? —pregunto a la tía Geo que me sonríe con dulzura.

—Es normal, mi niña, algo de nervios nos recuerda que sentimos intensamente y más es por el hecho de que todas las miradas estarán sobre ti y quieres que las cosas salgan bien.

—Me preocupa no ser buena esposa. —le confieso y ella se agacha frente a mí, tomando mis manos y mirando directo a mis ojos.

—Ya eres grandiosa, mi niña. Ustedes han construido algo hermoso que solo seguirá creciendo, confía en eso, ¿bueno? —La tía posa su mano en mi pecho y su toque mágico me ayuda a calmarme en poco tiempo.




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