Godhunting

Capitulo 19: La sensación de tener la sonrisa.

La sensación de tener la sonrisa.—Capitulo 19

Hace 10 años, cuando Kelda tenía 6 años.

El viento soplaba con tranquilidad en el gran palacio, la pequeña Kelda corría por los pasillos del lugar.

<Finalmente después de mucho tiempo mi hermana regreso de la ciudad> Piensa la pequeña Kelda emocionada, corre descalza.

"Espere señorita" Pide una sirvienta quien la sigue a toda velocidad intentando alcanzarla.

Kelda baja unos escalones y llega a la entrada, ve como una mujer mas alta que ella llega al lugar cargando varias bolsas, eran parecidas, solo que la hermana de Kelda tenía el pelo mas largo.

"Hermanita, cuanto tiempo" Le sonríe débilmente, se arrodilla abriendo los brazos a Kelda para poder recibirla en sus brazos.

"Hermana Koco, te extrañe mucho" Exclama Kelda, cuando se separa salta sobre si misma emocionada.

"Te traje tus dulces favoritos, dulce de fresa y de mango para que compartas con las otras" Dice Koco mostrando las bolsas.

"Eres la mejor" Celebra Kelda mirando los dulces con brillo en sus ojos.

Así fue la infancia de Kelda en su gran mayoría, ella estaba encerrada en el palacio siendo obligada a volverse una sacerdotisa de primera clase para hacer honor a su nombre.

Batas grandes, ceremonias, reuniones, todo mientras Lenda observa atentamente desde lejos.

Con el tiempo Kelda jugaba con su hermana.

"¡Te atrape!" Grita Kelda encontrando a Koco escondida en una esquina de ella.

"Eres muy tramposa, siempre me atrapas" Se queja Koco haciendo un puchero.

O también jugaban con los juguetes que Koco conseguía gracias a su trabajo.

<Yo fui elegida como la sacerdotisa, ya que mi hermana había nacido con una extraña enfermedad, como no podía ser sacerdotisa se empezó a dedicar al trabajo promedio de esta nación, la prostitución, con el paso del tiempo vi como su energía se acababa> Recuerda Kelda, quien recuerda una vez en especifico el como ella corrió hasta detrás de un árbol.

"¡Te encontré!" Resalta Kelda, pero sus ojos se oscurecen al verla pálida hay acostada desmayada.

"Hermanita, despierta hermanita" Pide Kelda con su voz algo ronca, con su mano intenta levantarla, pero no responde.

"Hermana..." Murmura Kelda sintiéndose culpable.

En ese tiempo Koco estuvo acostada en la cama descansando, Kelda se encargaba de todo, limpiaba el cuarto, alimentaba a Kelda haciendo su mejor intento por cocinar algo comestible para ella, no le dirigía la palabra y siempre estuvo atenta a su hermana.

Una noche Kelda se desvelaba como siempre, sentada en una silla al frente de la cama donde se encontraba Koco aún débil.

La luz de la luna entra suavemente y una brisa entra por la ventana abierta.

"Oye querida hermana, quiero que me prometas una cosa" Pide Koco con las pocas fuerzas que le quedan, pone una mano en la mejilla de Kelda.

"No, no hables, no malgastes energía, ya hiciste mucho por mi, no me hables como si te estuvieras despidiendo" Ruega Kelda aguantando las lagrimas, aprieta los puños con frustración, se aferra al borde de su falda.

"Nunca fue tu culpa Kelda...: Se detiene escupiendo algo de sangre.

"Yo te traía todas esas cosas porque sabía que no eras feliz sola, quería acompañarte como tu hermana como fuera posible, quería verte feliz" Admite Koco, su mano se resbala de la mejilla de su hermana y cae débilmente al borde de la cama.

"¡Pues sobrevive, si quieres verme feliz sobrevive!" Exclama Kelda, sus ojos brillan en medio de la oscuridad de la habitación por las lagrimas que esta aguantando.

"Resiste por favor, no puedes morir, no por mi culpa, fui tan egoísta" Se culpa Kelda agachando la cabeza y finalmente libera las lagrimas.

"Te lo pido de corazón, quiero que seas feliz" Se despide Koco, su pulso se detiene y su respiración desaparece.

"¡POR FAVOR, RESPONDE, NO PUEDES QUEDARTE ASÍ!" Ruega Kelda entre lagrimas, se aferra a la mano derecha de su hermana, entre gritos desesperados.

Desde afuera en la habitación entre abierta Angel miraba la escena con una mirada perdida en el paisaje escuchando los gritos de dolor de Kelda.

<Debo protegerlos> Se dice a si misma frunciendo el ceño.

De regreso en el presente, la misma brisa suave y un día agitado, Kelda miraba el paisaje, y detrás suyo estaba la puerta en la que Koco había muerto.

Su mirada estaba perdida. Se escucha como alguien de pasos pesados llega al lugar.

"Te vez pensativa, eso es raro en ti" Resalta, esta mujer era la jefa de cocina, enorme e intimidante.

"Lo se, pero tuve un sueño extraño" Aclara Kelda intentando calmarse, suspira y se separa de la baranda.

"Ven, vamos a cocinar los dulces de fresa que tanto te gustan" La invita la jefa de cocina poniendo una mano en su cabeza y le da unas palmaditas tiernamente.

"Muchas gracias" Agradece Kelda con una pequeña sonrisa.

De regreso en el pasado, esta vez del lado de Lephia, una chica despreocupada.

Hace 10 años.

"Ella es un problema, no se controla, no creo que sea una buena sacerdotisa, solo vea su cuarto" Señala una criada afuera de la habitación donde duerme Lephia, quien estaba escondida en una esquina, su cuarto tenía mucha ropa tirada por el piso, tela rota, hilos de cocer, prendas no terminadas.

<Nunca me intereso ser una sacerdotisa, ¿Por qué yo? Me importa una mierda> Se queja Lephia en su mente, levanta su mirada y ve su aguja de cocer.

<No sirvo para esto, no puedo ser disciplinada, no puedo nada> Piensa Lephia frunciendo el ceño, toma las agujas de cocer con frustración.

"Déjala, es solo una niña" Pide la voz de su madre afuera de su cuarto.

"La ciudad depende de lo que ella haga" Responde la criada claramente molesta.

<No importa, después de todo no puedo hacer nada bien, solo me centro en lo que quería y dejo todo lo demás para después, tal vez si sea un desperdicio> Se lamenta Lephia volviendo a ver al piso.




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