God's False Prophetes: El Fin de los Tiempos

Capítulo IV: El Debate

Año 20.260 - Ciudad de Nueva Jerusalén - Vaticano, Sala del Sínodo (Tres días después de la confesión de Pablo)

La Sala del Sínodo estaba llena como nunca antes en su historia milenaria, abarrotada hasta los límites de su capacidad, con una multitud que se extendía por los pasillos adyacentes y se derramaba por las escaleras de mármol que llevaban a las galerías superiores. No era una reunión ordinaria. Era un momento que quedaría grabado en la memoria de la humanidad para siempre, un momento que definiría el destino de la especie para las generaciones venideras, un momento que pondría a prueba la fe de todos los que estaban presentes y de todos los que observarían desde lejos.

No solo estaban los líderes de la Iglesia de la Verdad, aquellos que habían luchado junto a Pablo en las trincheras de la guerra de Sangre, que habían visto la muerte de cerca y la habían desafiado con la fuerza de su fe. También estaban los cardenales que habían apoyado a Pablo desde el principio, que habían arriesgado sus vidas y sus posiciones para seguir la verdad. También estaban los representantes de las colonias espaciales, llegados de los confines más remotos del sistema solar, con sus vestimentas exóticas y sus acentos extraños, sus rostros marcados por el cansancio del viaje y la ansiedad de lo que estaba por venir. También estaban los emisarios de la raza ancestral, con sus cuerpos de luz y sus ojos antiguos, observando en silencio desde el fondo de la sala, sus formas etéreas brillando con una luz tenue que parecía venir de otro mundo. También estaban los líderes políticos de los mundos habitados, los comandantes militares que habían dirigido ejércitos en la guerra de los Pecadores, los científicos que habían estudiado la nave y sus misterios, y los simples fieles que habían mantenido viva la fe en los momentos más oscuros, cuando todo parecía perdido y la esperanza parecía una ilusión.

Todos habían venido a escuchar a Pablo. Todos querían saber qué iba a pasar con la humanidad. Todos querían saber cómo iban a enfrentar el desafío que se avecinaba. Todos querían saber si la verdad que Pablo había revelado era una bendición o una maldición, una liberación o una condena, una esperanza o una sentencia de muerte. El murmullo de la multitud era como el rumor del mar, un sonido constante que llenaba la sala de expectación y ansiedad, que crecía y menguaba como las olas en la orilla.

Pablo estaba en el centro de la sala, de pie frente al altar donde una vez había sido juzgado Jesua, donde una vez había sido aclamado Elías, donde una vez había caído Fiore, donde la historia de la humanidad había dado giros inesperados. Llevaba ropas sencillas, como siempre, sin adornos ni símbolos de poder, pero su presencia era magnética, como la de un hombre que ha sido elegido para una misión más grande que él mismo, como la de un hombre que ha sido preparado desde el principio de los tiempos para este momento. Su rostro estaba sereno, iluminado por la luz de las velas que parpadeaban en la oscuridad, creando sombras danzantes en las paredes de mármol, pero en sus ojos brillaba la luz de la determinación, la luz de la fe, la luz de la esperanza, una luz que decía que había encontrado la respuesta que buscaba, una luz que decía que estaba listo para guiar a la humanidad a través de la tormenta.

A su alrededor, los líderes de la Iglesia de la Verdad y los cardenales que lo apoyaban formaban un círculo de apoyo. Angélica estaba a su derecha, con el rostro iluminado por la luz de las velas, con los ojos brillando de esperanza y miedo, con las manos apretadas en señal de apoyo y determinación. Daichar estaba a su izquierda, con su silencio y su fuerza, su lealtad inquebrantable, su mirada fija en Pablo como un soldado que mira a su general en la víspera de la batalla. Zamtio estaba detrás de él, con su juventud y su fe, sus ojos brillando con lágrimas de orgullo y temor. Teus estaba en un rincón, observando con su inteligencia y su calma, su mente analizando cada detalle, cada palabra, cada gesto, cada movimiento. Emilio estaba entre la multitud, con su devoción y su esperanza, su rostro iluminado por la certeza de que Pablo era el elegido.

Pablo respiró hondo, sintiendo el peso del momento en sus hombros, sintiendo el peso de la responsabilidad en su corazón, sintiendo el peso de la verdad en su alma. Había pasado los tres días anteriores preparándose para aquel momento, orando, ayunando, meditando, buscando la guía del Padre. Había consultado con los líderes de la Iglesia de la Verdad, con los embajadores de la raza ancestral, con los que habían estado a su lado durante toda la guerra. Había revisado el pergamino del secreto ancestral una y otra vez, memorizando cada palabra, cada frase, cada concepto, cada implicación. Y ahora, finalmente, estaba listo.

—"Hermanos y hermanas" —comenzó, y su voz resonó con una claridad que llenó cada rincón de la sala, que llegó a cada corazón, que tocó cada alma. Era una voz que parecía venir de otro mundo, una voz que contenía toda la sabiduría de los siglos, todo el amor de la eternidad, toda la verdad de la creación—. "Os he convocado hoy para hablar del futuro de la humanidad. Para hablar del desafío que tenemos por delante. Para hablar de la verdad que hemos descubierto. Para hablar de la decisión que debemos tomar."

—¡Amén! —gritó alguien desde la multitud, una voz solitaria que fue seguida por muchas otras.

—"El Creador está observando" —continuó Pablo, su voz llena de emoción, sus ojos brillando con lágrimas que no podía contener—. "El consejo de especies está observando. Y la humanidad está siendo juzgada. Pero no debemos temer. Porque la verdad siempre prevalece. El amor siempre vence. La fe siempre triunfa. No importa lo que pase. No importa lo que venga. No importa lo que perdamos."

—¡Amén!

—"Pero hay algo que debemos decidir" —dijo Pablo, su voz más grave, más seria, más profunda—. "Algo que determinará el futuro de la humanidad. Algo que pondrá a prueba nuestra fe como nunca antes. Algo que nos hará más fuertes, o nos destruirá."




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.