Año 20.260 - Nave del "Verdadero Dios" - Interior de la nave de luz (El momento de la revelación)
Las palabras de la figura de luz cayeron sobre Pablo como un martillo sobre un cristal, como un rayo sobre un árbol seco, como una verdad que destruye y reconstruye al mismo tiempo, que hiere y sana en el mismo instante, que mata y resucita en el mismo aliento.
—"Tú eres el que ha de venir."
El eco de esas palabras resonó en su mente, en su corazón, en su alma, en cada fibra de su ser, como una campana que no dejaba de sonar, como un tambor que marcaba el ritmo de su existencia, como un río que fluía a través de la eternidad. No podía procesarlas. No podía aceptarlas. No podía comprenderlas. Era como si el universo entero se hubiera detenido, como si el tiempo se hubiera congelado en ese instante eterno, como si todo lo que había conocido, todo lo que había creído, todo lo que había sido, se hubiera desmoronado en un solo segundo, en un solo latido, en un solo suspiro.
—Yo... —Pablo sintió que las palabras se atascaban en su garganta, que el aire se negaba a entrar en sus pulmones, que el mundo se desvanecía a su alrededor en un torbellino de luz y sombras. Sus manos temblaban, sus piernas flaqueaban, su corazón latía con la fuerza de un tambor de guerra—. Yo no puedo ser el que ha de venir. Yo soy solo un hombre. Un hombre común. Un hombre que ha dudado, que ha temido, que ha fallado. Un hombre que ha perdido a su amor, que ha visto demasiada muerte, que ha cargado con demasiado peso. No soy digno de eso. No soy digno de ser el líder de la humanidad.
La figura de luz sonrió con una sonrisa que contenía toda la compasión del universo, toda la misericordia de los siglos, todo el amor de la eternidad. Su luz se intensificó, envolviendo a Pablo como un abrazo cálido, como una manta en una noche fría, como un consuelo en medio del dolor.
—"¿Y quién dijo que los elegidos son perfectos?" —preguntó, su voz suave como una caricia, como el susurro del viento entre los árboles, como el murmullo de un arroyo en la montaña—. "¿Quién dijo que los que guían a la humanidad no tienen dudas? ¿Quién dijo que los que llevan la verdad no tienen miedo? ¿Quién dijo que los que iluminan el camino no han caminado en la oscuridad? Tú has dudado, Pablo, y eso te ha hecho más sabio. Tú has temido, Pablo, y eso te ha hecho más valiente. Tú has fallado, Pablo, y eso te ha hecho más humano. Tú has sufrido, Pablo, y eso te ha hecho más compasivo. Y es precisamente por eso que eres el indicado."
—Pero yo... yo no entiendo —dijo Pablo, sintiendo que las lágrimas comenzaban a brotar de sus ojos, corriendo por sus mejillas como ríos de dolor y asombro—. ¿Cómo puedo ser el que ha de venir? ¿Cómo puedo ser el que guiará a la humanidad hacia la luz? Soy solo un hombre. Un hombre que ha perdido a su amor. Un hombre que ha visto demasiada muerte. Un hombre que no sabe si puede seguir adelante. Un hombre que apenas puede sostenerse a sí mismo.
—"Eres el que ha de venir porque has sido preparado desde el principio de los tiempos" —dijo la figura, y su voz era como un río que fluía a través de la eternidad, como un océano de sabiduría que se extendía más allá de cualquier comprensión humana—. "Porque has sido guiado por el Espíritu desde tu nacimiento, desde el primer momento en que tomaste aliento, desde el primer instante en que abriste los ojos al mundo. Porque has sido entrenado por las pruebas que has enfrentado, por las guerras que has librado, por las pérdidas que has sufrido. Porque has sido purificado por el sufrimiento que has soportado, por el dolor que has sentido, por las lágrimas que has derramado. Porque has sido fortalecido por el amor que has compartido, por la fe que has mantenido, por la esperanza que has conservado."
—¿Preparado? —preguntó Pablo, con incredulidad, su voz apenas un susurro—. ¿Entrenado? ¿Purificado? ¿Fortalecido? ¿Todo esto ha sido parte de un plan? ¿Todas las muertes, todo el sufrimiento, toda la guerra, todo el dolor? ¿Todo ha sido parte de un plan?
—"Todo ha sido parte del plan" —dijo la figura, con una certeza que no admitía dudas, con una convicción que trascendía cualquier comprensión humana—. "Cada prueba que has enfrentado. Cada pérdida que has sufrido. Cada duda que has superado. Cada paso que has dado. Cada lágrima que has derramado. Cada noche que has pasado en vela. Cada oración que has elevado al cielo. Todo ha sido parte del camino. Todo ha sido parte de la preparación. Todo ha sido parte de la verdad."
—Pero yo no quiero ser el que ha de venir —dijo Pablo, con voz quebrada, sintiendo que el peso de la responsabilidad caía sobre sus hombros como una montaña—. Yo solo quiero ser un hombre común. Yo solo quiero vivir en paz. Yo solo quiero amar a los que me rodean y olvidar todo el dolor. Yo solo quiero descansar.
—"No puedes olvidar el dolor, Pablo" —dijo la figura, con una ternura infinita, con un amor que trascendía cualquier comprensión humana—. "El dolor es parte de ti. El dolor te ha moldeado. El dolor te ha hecho quien eres. Pero también te ha dado la fuerza para seguir adelante. También te ha dado la sabiduría para guiar a otros. También te ha dado la compasión para amar a los que sufren. También te ha dado la fe para creer cuando todo parece perdido."
—¿Y si no puedo? —preguntó Pablo, su voz apenas un susurro, sus ojos fijos en la figura de luz—. ¿Y si no soy lo suficientemente fuerte? ¿Y si fallo? ¿Y si la humanidad se pierde por mi culpa? ¿Y si no soy capaz de guiarlos?
—"Entonces te levantarás" —dijo la figura, con una certeza que no admitía dudas, con una convicción que trascendía cualquier comprensión humana—. "Como siempre has hecho. Como siempre harás. Porque la verdad no te abandonará. El amor no te abandonará. La fe no te abandonará. Y yo no te abandonaré. Estaré contigo siempre. Hasta el final de los tiempos. En la alegría y en el dolor. En la luz y en la oscuridad. En la vida y en la muerte."