La muerte que no perdona—Capitulo 2.
<El mundo va de mal en peor> Piensa una voz en un callejón en una de las calles de mercancía mas importante.
La gente camina afánda cargando las pocas compras que ahí, de fondo hay gente encapuchada.
"¡Unos bandidos, se llevan mi comida!" Protesta una señora tirada en el piso con lagrimas en los ojos, mientras una persona encapuchada salta entre las casas intentando escapar.
<La lista de desaparecidos aumenta, los migrantes también y ni hablar de la actividad criminal> Piensa un hombre misterioso oculto en las sombras mientras anota todo en una libreta.
Se escuchan caballos de fondo.
"Llego la caballería" Señala ese hombre sonriendo de forma misteriosa, sus ojos rojos se posan en el fondo de la calle.
Un hombre alto y flaco se baja de un caballo blanco mirando el barrio vació con algo de nostalgia.
Sus ojos verdes ven la calle recordando como en el pasado ese lugar solía ser seguro.
"Esto es malo" Murmura ese chico, agacha la cabeza y ve en el piso como este esta fracturado y dañado, hay pocas casas y todas están derrumbadas, suspira y levanta la mirada, atrás de él siente otra mano, la de un chico, un hombre mas alto que él de pelo negro y ojos grises con ojeras que le da una palmada en la espalda.
"Todo va a estar bien, Evert, tenemos que buscar a los ladrones y negociar con ellos" Propone ese chico asintiendo con calma.
"Si, claro, vamos Siwer" Acepta él chico asintiendo algo inseguro.
Los dos caminan por el lugar, ven gente tirada en el piso, madres llorando rogando algo de dinero.
"Los nobles intentan hacer lo posible por reconstruir la ciudad, pero ellos también tienen sus problemas y ya ni hablar de la familia real" Nota Siwer mientras camina mira todo con curiosidad y compasión.
"Quiero esforzarme un poco mas y ayudar a quienes pueda" Afirma Evert apretando sus puños, el pelo azul se mueve con la suave brisa del cielo oscuro.
Se escucha de fondo el grito de un hombre mayor.
"¡Mis cosas, aléjese, se lo ruego!" Ruega de rodillas un anciano intentando aferrarse a un bolso pequeño que un encapuchado intenta rapar.
Él encapuchado conecta su cuchillo en el estomago al anciano, en ese momento aparece Siwer, quien llega mandando una patada contra él chico, haciendo que este caiga contra el piso soltando las cosas.
Del bolso sale una pequeña foto, Evert llega con el anciano y lo toma en sus manos intentando frenar su herida con sus dos manos.
"¿Para quien trabajas?" Interroga Siwer tomando al chico encapuchado y lo levanta, amenazándolo con su puño, pero su mascara se cae mostrando que es solo un niño.
La gente del alrededor miran la escena asustados, las madres tapan los ojos de sus niños.
Siwer con frustración suelta al niño quiene estaba llorando.
"Lo siento mucho, mi madre necesita medicamentos, no me queda otra opción" Solloza el niño desesperado retrocede en el piso.
La gente al rededor murmura y miraba la escena juzgando.
La sangre del anciano toca la foto que estaba en el piso mientras este muere lentamente.
"Mierda, anciano, resiste" Pide Evert presionando la herida de forma desesperada.
"Vamos Evert, esto no es trabajo para nosotros" Dice Siwer extendiendo su mano a Evert para ayudarlo a levantarse.
"Así que para esto me volví un defensor de la justicia, ¿Para ver a la gente morir y sufrir? Esto es una mierda, y no puedo hacer nada" Exclama Evert con lagrimas en los ojos dejando en el piso al anciano.
El piso nuevamente tiembla bruscamente, haciendo que todos en el lugar se sorprendan, cayendo de rodillas y otros golpeándose contra el piso, el piso estaba en las últimas.
El niño encapuchado toma el bolso del muerto anciano y sale corriendo entre la gente.
"Quiero ir a enterrar al anciano" Pide Evert con voz seria carga al anciano en sus brazos.
"No hay tiempo para eso" Advierte Siwer intentando detenerlo.
"Si hay tiempo, esta ciudad de mierda no nos necesita a nosotros" Sigue su camino Evert mirando el cuerpo del anciano y camina rápidamente yendo hacía la puerta norte.
Poco después, ese mismo día, en la entrada norte de la ciudad, en ese lugar se encontraba una mujer caminando con dos chicos, es Zyris y Ragen quienes la acompañan, los tres se ven cansados, lo primero que ven al entrar son mendigos tirados en el piso, y otros en las murallas de la ciudad haciendo pinturas en compañía.
Mientras Ragen camina y ve la gente empieza a sentir un fuerte dolor de cabeza.
<Carajo> Se queja Ragen cerrando sus ojos bruscamente y se detiene bruscamente.
"Hermano, ¿Qué tienes?" Pregunta Zyris corriendo hasta Ragen y le ayuda a que se apoye.
"Hijo, ¿Que paso?" Pregunta su madre retrocediendo por su hijo, pero su atención es interrumpida cuando llega un convoy religioso, se escucha como un grupo pasa derecho a ellos. Carruajes con un símbolo extraño pintado en este de un color azul, los soldados, los monjes y hasta damas de compañía pasan derecho.
Un hombre en las últimas se arrodilla ante ellos.
"Por favor, ¿Tienen algo de comer?" Pide ese hombre con su voz temblando.
Antes de que pueda terminar un corte lo atraviesa, como si fuera un corte invisible, la cabeza del señor cae al piso como si nada, quien había hecho ese movimiento era un hombre robusto y enorme oculto bajo una armadura y solo siguen su camino como si nada.
Ragen levanta la mirada notando todo, como si ese símbolo se le hiciera familiar, frunce el ceño, su madre los cubre con su cuerpo abrazándolos.
"No tenemos tiempo que perder, vamos a tener que hacer un transplante de poder, Thifa le dará su poder desgastado un simple recién nacido y en ese momento de transplante los mataremos a los dos, es una jugada muy difícil y tardada" Analiza un hombre mayor obeso, calvo y de mirada fría que lee un pergamino.
Nova, su hermana y la madre continuan su camino a la ciudad caminando de forma coja.
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Editado: 18.04.2026