Gravedad Cero ( Trilogía Ferrer #1 )

17 - Maritza

Han pasado dos semanas y media desde que conocí a Eros. Al principio, me resistí a salir a solas con él, pero entre su insistencia y la complicidad de Trixie, terminé cediendo. Ahora, con la cita a solo unas horas de distancia, me encuentro atrapada en un dilema monumental: ¿qué demonios me pongo?

Camino de un lado a otro dentro de mi closet, reviso perchas, abro cajones, descarto opciones. A cada minuto que pasa, la pila de ropa en el suelo crece más y más. Mi habitación parece zona de desastre, y Trixie, mi pequeña cómplice en todo esto, está tan entusiasmada con la idea de esta cita que ha decidido ayudarme.

-Faltan dos horas para que venga papi... Busquemos en este lado, mami -dice, rebuscando en un rincón del armario con su vocecita animada.

Mientras ella revisa, su mirada se alza hacia los estantes superiores y sus ojitos se iluminan al descubrir algo.

-¿Y esa caja? -pregunta, señalando un viejo estuche de cartón que llevaba tiempo olvidado en lo alto del armario.

Sigo la dirección de su dedito y siento un nudo formarse en mi estómago al reconocerla. Es una caja que contiene un vestido que papá me regaló dos meses antes de morir. Nunca tuve el valor de ponérmelo.

Me acerco lentamente, con una mezcla de curiosidad y nostalgia. Bajo la caja y apenas la tengo entre mis manos, Trixie me la arrebata con emoción, abriéndola con rapidez.

Dentro, envuelto en papel de seda, yace un vestido hermoso.

Es blanco, con delicadas flores celestes bordadas en la parte superior. La tela transparente cubre mis hombros con elegancia, y la espalda tiene un corte en forma de corazón que deja parte de la piel expuesta. La falda es ligeramente abombada, con ese aire de princesa que le da un toque romántico sin ser exagerado. Al alzar el vestido, calculo que me quedará a la mitad del muslo, lo suficiente para ser coqueto sin perder elegancia.

-¡Es lindo, mami! -exclama Trixie con una sonrisa enorme, sosteniéndolo con cuidado para que no toque el suelo. Luego levanta la mirada y dice con convicción-: Este ponte, con unos tacones.

Me quedo mirándola un instante, sorprendida por lo segura que suena. Finalmente, asiento con una sonrisa.

-Está bien, lo usaré.

Ella aplaude con emoción mientras yo sostengo el vestido con ambas manos, bajando del closet para salir de ahí. Lo coloco con cuidado sobre la cama y, antes de que pueda pensar en el siguiente paso, Trixie ya está en acción.

-¡Voy a llamar a alguien para que te arregle! -anuncia, corriendo hacia la puerta.

Antes de que pueda detenerla, ya ha llamado a una de las sirvientas, quien entra con una sonrisa amable.

-Señorita Maritza, ¿cómo quiere que le peine hoy?

Miro el vestido y luego paso una mano por mi cabello castaño, pensativa.

-Algo elegante, pero no demasiado... quiero verme linda, pero sin parecer que voy a una boda -bromeo.

La sirvienta asiente y de inmediato se pone manos a la obra, mientras Trixie observa todo con ojos brillantes, como si fuera ella quien fuera a la cita.

Mientras me arreglan el cabello, mi mente viaja por un torbellino de emociones. No puedo evitar pensar en mi padre y en cómo se sentiría si me viera usando este vestido. ¿Le gustaría saber que finalmente estoy saliendo con alguien?

Cierro los ojos un momento, inhalo profundo y dejo que la nostalgia se mezcle con la ilusión de la noche que me espera.

(...)

- Estás hermosa, mami - dice Trixie con una gran sonrisa en el rostro.

Me observo en el espejo una última vez, analizando cada detalle. Llevo un vestido elegante que se ajusta a la perfección a mi silueta, resaltando mis curvas con sutileza. Mi cabello cae en suaves rizos sobre mis hombros, dándome un aire más sofisticado y romántico. Un maquillaje sencillo realza mis rasgos, con un labial rojo mate que le da el toque final a mi look. Mis tacones dorados de 15 cm, adornados con tres semi-correas con estrellas doradas escarchadas, son el complemento perfecto.

El sonido de la puerta interrumpiendo el momento me hace girar la cabeza. Una de las empleadas entra con una sonrisa discreta.

- Señora, el señor Eros ya la está esperando abajo.

El solo escuchar su nombre hace que mi corazón comience a latir desenfrenadamente. Intento mantener la compostura, pero el nerviosismo me embarga. Siento que mi pecho podría explotar en cualquier momento, como si mi corazón estuviera tratando de abrirse paso a la fuerza.

Trixie da pequeños saltitos de emoción antes de salir corriendo del cuarto. La veo desaparecer en el pasillo, seguramente yendo a recibir a su "papi" con esa energía inagotable que tiene. Respiro hondo, tratando de calmarme. Tomo mi teléfono y mi bolso antes de salir de la habitación. Cada paso que doy hacia el living es una prueba de resistencia para mis nervios.

Y entonces lo veo.

Eros está de pie, cargando a Trixie en sus brazos, mientras ambos ríen con complicidad. Su risa es cálida, contagiosa, y por un momento me quedo inmóvil, deleitándome con la imagen. ¿Cómo fue que este hombre logró enamorarme de esta manera? No lo sé, pero lo ha hecho. Y lo peor es que no quiero que deje de hacerlo.

Me acerco con una sonrisa tímida.

- Hola.

Eros alza la mirada y cuando sus ojos se posan en mí, su expresión cambia. Sus pupilas se dilatan levemente y una sonrisa ladina aparece en su rostro. Baja a Trixie con suavidad y da un par de pasos hacia mí. La intensidad de su mirada me estremece, y cuando su mano se desliza por mi mejilla, depositando un beso allí, mi piel se incendia.

- Estás hermosa, muñeca.

Su voz ronca me envuelve, y trago grueso mientras intento no perder la compostura. Sonrío de manera involuntaria, incapaz de resistirme a su encanto.

- ¿Ya se van? - pregunta Trixie con una mirada maliciosa, cruzándose de brazos.

Eros suelta una carcajada y yo siento cómo el calor sube a mis mejillas.

"Se supone que la que diga eso soy yo", me quejo en mi mente, mordiéndome el labio.




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