Regresamos a casa con Eros, quien llevaba una mochila con algo de su ropa, tal como le había dicho Trixie. Mientras entramos a la casa, yo estaba usando una camisa de Eros, que me quedaba algo grande, pero me sentía cómoda y, al mismo tiempo, como si estuviera llevando una pequeña parte de él conmigo. Al llegar al salón, lo primero que veo es a Trixie sentada en el sofá, esperándonos con una sonrisa radiante.
- ¡Mami, papi! - grita ella, levantándose rápidamente del sofá al vernos entrar. Me agacho a su altura con una sonrisa en el rostro, mis brazos abriéndose hacia ella.
- Buenos días, bebé - le digo, abrazándola con ternura. Siento el calor de su pequeño cuerpo entre mis brazos y me siento llena de amor.
- Buenos días, mami. Buenos días, papi - responde Trixie con una energía contagiante, sus ojitos brillando de felicidad al vernos juntos.
Eros se acerca y la levanta con suavidad, como siempre lo hace con ella. Le besa la mejilla, dejándole un suave beso que la hace sonreír aún más.
- Buenos días, linda - dice Eros con una voz suave, acariciándole el cabello. Trixie se ríe, apretando a Eros con fuerza y, al mismo tiempo, dándome una mirada juguetona.
Justo en ese momento, Moisés entra al living, con su usual actitud respetuosa.
- Señorita - dice Moisés, con un tono formal pero amable.
- Dime, Moisés - le respondo, dándole una mirada curiosa.
- El señor Monseñor desde ayer desea hablar con usted. Le informé que cuando regresara le daría su recado - explica Moisés, haciendo una pequeña reverencia antes de mirarme nuevamente.
- Gracias, Moisés - le respondo, sonriendo con gratitud. Siempre me ha gustado cómo Moisés sabe manejar las situaciones con tanta educación y discreción.
- Con permiso - dice él, inclinándose levemente antes de retirarse hacia otra parte de la casa.
Una vez que Moisés se va, miro a Eros y a Trixie, y una idea se me ocurre.
- Bueno, ¿quién quiere ir a la piscina? - pregunto, animada, mirando a ambos con una sonrisa.
- ¡Yo! - exclama Trixie, saltando de emoción. Su entusiasmo siempre logra arrancarme una risa.
- ¡Vamos! - le digo, guiñándole un ojo mientras la tomo de la mano y la llevo hacia el cuarto para cambiarnos. Eros nos sigue de cerca, mirando a Trixie con una sonrisa afectuosa.
Mientras nos dirigimos hacia el cuarto, le digo a Eros con una sonrisa traviesa:
- Puedes ir al cuarto donde te quedaste la otra vez... ahora será tuyo, completamente.
Eros me mira, sorprendido por mis palabras, y una sonrisa encantadora se dibuja en su rostro. Sin pensarlo, se acerca a mí y me besa suavemente en los labios. Me siento sonrojar al instante, pero no puedo evitar sonreír. Eros es siempre tan tierno y tan atento.
- Gracias - le digo en un susurro, sintiendo el roce de sus labios sobre los míos.
- Dile a alguna de las empleadas que te lleve a la piscina - le digo, con una risa ligera mientras sigo caminando hacia mi habitación.
Eros asiente y me lanza una última mirada, antes de dirigirse al cuarto que le mencioné.
- Nos vemos - dice, y yo le devuelvo la sonrisa antes de que se retire.
Trixie, al escuchar todo esto, se da vuelta hacia mí con una expresión cómplice y traviesa en su rostro. Me mira con una sonrisa pícara y dice, como si fuera una revelación importante:
- Mami está enamorada de papi. ¡Mami está enamorada de papi! - dice, su voz llena de inocencia, pero con una chispa juguetona.
Me sonrojo ante su comentario, pero no puedo evitar reírme con ella. Su alegría es tan contagiosa.
- ¡Ya vamos a cambiarnos, Trixie! - le respondo con una sonrisa. Ella entra a su cuarto saltando, y yo la sigo un momento después.
Al entrar a su habitación, no puedo evitar sonreír ante la imagen de Trixie, tan pequeña y llena de vida. Mientras ella se cambia, yo me tomo un momento para apreciar lo afortunada que soy, rodeada de personas a las que amo profundamente. Eros, Trixie... juntos formamos nuestra pequeña familia.
Pasamos juntos toda la tarde en la piscina, disfrutando de las aguas frescas y del sol que nos acariciaba suavemente. La tranquilidad que nos rodeaba era perfecta, con el sonido del agua y las risas de Trixie llenando el ambiente. Después, regresamos a mi cuarto, donde decidimos poner una película para relajarnos. Trixie estaba emocionada, porque nunca antes había visto Moana. La película captó por completo su atención, y podía verla cantar y moverse al ritmo de la música. Su alegría era contagiante, y aunque la película la mantenía entretenida, su cuerpo ya estaba pidiendo descanso.
Mientras los créditos comenzaban a rodar, Trixie dejó escapar un gran bostezo. Se frotó los ojos con las manos, como si intentara espantar el sueño que lentamente la vencía. Me miró con sus ojos medio cerrados y sus labios ya dibujando una pequeña mueca de cansancio.
- Voy a dormirme - dijo, su voz suave y arrullada por el cansancio. Parecía tan pequeña en ese momento, tan vulnerable, que no pude evitar sonreír con ternura.
La observé mientras intentaba mantenerse despierta, luchando contra el sueño. Me acerqué a ella y le pregunté, con dulzura:
- ¿Por qué no te quedas aquí, cariño? Podemos dormir juntas un ratito más.
Ella me miró y negó con la cabeza, aunque en sus ojos había una chispa de cansancio que no podía ocultar. No pude evitar sonreír ante su respuesta.
- Mejor que se quede papi - respondió con una sonrisa traviesa, dándome un beso rápido en la mejilla. Luego, se acercó a Eros y le dio un beso en la mejilla también. - Buenas noches, mami, buenas noches, papi - dijo, con su vocecita tan dulce, antes de levantarse y caminar lentamente hacia su cuarto.
La vi alejarse y mi corazón se llenó de amor por esa niña tan increíble. No pude evitar suspirar de felicidad. Eros, observándome, me abrazó por la cintura y me acurrucó en su pecho. Sentí el calor de su cuerpo envolviéndome, y su presencia me hizo sentir segura y tranquila.
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Editado: 15.07.2026