Llegué a la empresa, tomando la mano de mi bebé, y entré directamente al despacho, sacando la tableta de mi bolso.
- Espérame aquí, no te acerques a la ventana y juega con lo que quieras del escritorio. No tardo - le dije con suavidad, mirando a Trixie mientras asentía y se dirigía al escritorio. Salí rápidamente de la oficina y me dirigí a la de Douglas.
- ¿Qué pasa, Douglas? - pregunté apenas entrando, notando la seriedad en su rostro.
- Tenemos problemas en la empresa de Nueva York - respondió, sin perder tiempo. - Alguien se está robando el dinero...
Fruncí el ceño, incómoda.
- ¿Hace cuánto? - pregunté, sintiendo cómo la preocupación se apoderaba de mí.
- Unos tres meses - dijo, suspirando. - Necesitamos viajar allá para arreglarlo.
- ¿Viajar? - respondí, un tanto molesta. - Viajar me suena a manada, Douglas.
- Señorita, solo usted, yo y los trabajadores clave - insistió, buscando una solución.
- No puedo - hablé firme, sabiendo que lo que estaba por decir complicaba las cosas. - Trixie...
- Se la puede llevar - dijo él rápidamente. - Ya comencé con los trámites de su pasaporte, con su nombre actual.
Mi mente se paralizó por un segundo.
"Mierda"
- La universidad... - murmuré después, buscando una solución que me permitiera cumplir con mis responsabilidades.
- Puede tomar las clases desde allá. Nuestra tecnología la ayudaría... Los permisos ya están listos. Solo avísenos cuándo se va y cuándo regresa, y las clases se ajustan - explicó con rapidez.
Suspiré profundamente, contemplando todas las opciones, pero no podía tomar una decisión tan apresurada.
- Lo tomaré en cuenta, Douglas. Pero no te daré una respuesta pronta - respondí, cruzándome de brazos, pensativa.
Douglas no se quedó callado, y su tono se volvió más serio.
- Señorita, son millones de dólares los que están sacando... No veo el problema... - insistió, sabiendo que la situación era crítica.
Lo miré, molesta por la urgencia, pero sabía que tenía razón.
- Estoy en una... relación ahora - solté la palabra con cierta vacilación, como si fuera algo raro en mi boca. Cierto, hemos tenido sexo, nos hemos besado, tenemos citas, pero ninguno de los dos había dicho formalmente que éramos una pareja. - Y eso lleva mucho tiempo, Douglas...
Él me miró con comprensión, asentando lentamente.
- La entiendo, señorita... Solo considérelo - dijo, haciendo una pausa. - A este paso, las empresas de Estados Unidos podrían caer en quiebra por robo.
Sus palabras calaron hondo en mí, y aunque mi mente estaba ocupada en otros temas, sabía que tenía que tomar acción. Este problema no podía esperar.
- Lo haré, Douglas. Gracias - dije, con la voz un poco más suave, mientras salía de la oficina.
Antes de irme, me detuve en el umbral y miré hacia atrás.
- Dame un reporte de los robos y los sospechosos que hay hasta ahora - le ordené, y él asintió, comenzando a contarme una serie de detalles sobre el desfalco en la empresa principal de Nueva York. La cifra era alarmante, millones de dólares en menos de tres meses.
Douglas tenía razón: si no se tomaban medidas pronto, esa empresa caería, y las demás en Estados Unidos seguirían el mismo camino. Lo peor de todo era que no había un único sospechoso, sino muchos, lo que complicaba aún más la situación.
Cuando salí de su oficina, mandé a una secretaria a que jugara con Trixie, porque dudaba que pudiera salir de ahí pronto.
(...)
Y así fue. Son casi la una y media de la mañana, y apenas estoy regresando a casa. Trixie se quedó dormida en el coche, como siempre cuando llegamos tarde. Al principio me cuesta un poco, pero logro sacarla del coche con cuidado, levantándola suavemente en mis brazos. Al llegar a la puerta de casa, me siento aliviada de estar finalmente en casa, en mi espacio. Cuando entro, el silencio es acogedor, pero también extraño. Seguramente Eros ya está más que dormido, descansando profundamente después de su día agotador.
Entro a mi cuarto, llevando a Trixie en brazos. La coloco con mucho cuidado en la cama, me agacho para quitarle el vestido que aún lleva puesto, suspiro al ver cómo se acomoda, tan tranquila y pequeña. Le pongo una de mis camisas, esa que me encanta porque es grande y me recuerda a los días en que todo parecía más sencillo. Yo, por mi parte, me quito la ropa y me pongo la camiseta que Eros dejó aquí la noche pasada, la cual todavía tiene su olor, y me siento reconfortada al usarla.
Me acuesto a su lado, y la siento tan cálida y pequeña, tan tranquila en su sueño profundo. La miro por un momento, agradecida por todo lo que tengo, por ella, por Eros. Mañana no iré a la universidad, necesito descansar bien, especialmente porque hoy ha sido un día largo y la incertidumbre de todo lo que está pasando con la empresa de Nueva York me consume. Además, tengo que encontrar una solución para Trixie mientras yo no esté en casa. Necesito buscarle una nana que pueda acompañarla y cuidarla cuando yo no esté.
A pesar de todo el caos que rodea mi vida en estos momentos, tengo claro que lo más importante es estar con Trixie y Eros. Ellos son mi refugio, mi hogar. Espero poder resolver todo desde aquí, desde mi lugar seguro, sin tener que irme tan lejos por ahora.
Porque al final, lo único que quiero es quedarme aquí, junto a ellos, con Trixie Ferrer y Eros Snif, las dos personas más importantes de mi vida.
Con una sonrisa pequeña, cierro los ojos y me dejo llevar por el sueño, mientras escucho la suave respiración de Trixie a mi lado, en un mundo donde por fin puedo sentirme en paz, aunque sea por unas horas.
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Editado: 15.07.2026