Estaba terminando de arreglarme para ir a la empresa, el día había comenzado temprano y sabía que tenía mucho que hacer. Decidí vestirme de forma profesional, pero también cómoda para enfrentar el ajetreo de la jornada. Me puse una camisa blanca sin mangas, que me llegaba justo por encima del ombligo. La tela era ligera, fresca, y se ajustaba perfectamente a mi cuerpo. Combiné la blusa con una falda gris que me llegaba hasta la mitad del muslo, justo lo necesario para verme elegante pero sin perder la comodidad. Mis medias negras cubrían mis piernas, y para completar el look, elegí unos botines negros de 15 centímetros, que me llegaban hasta arriba de la rodilla. Sobre todo, me coloqué un suéter de piel falsa color rosado, que añadía un toque de suavidad y calidez al conjunto. Mi reflejo en el espejo me devolvió una mirada confiada, aunque sabía que mi mente aún estaba ocupada con las amenazas que había recibido, eso no podía quitarme la concentración.
Mientras revisaba que todo estuviera en su lugar, escuché la puerta del cuarto abrirse y vi a mi niña entrar. Ella me sonrió, como siempre, con esa inocencia y ternura que solo los niños pueden expresar tan genuinamente. Estaba hermosa, vestida con una camisa de manga larga color rosa, con pequeños diseños en negro que le daban un toque delicado. Su jeans azul, ajustado a su pequeña figura, se combinaba perfectamente con unas botas rosadas que le llegaban justo hasta abajo de la rodilla. Para completar su look, llevaba una boina rosa, igual que su camisa, y una pequeña cartera color negra en la mano. Su cabello rubio caía suavemente debajo de la boina, dándole un aire aún más encantador. Se veía tan perfecta, tan adorable. No pude evitar sonreír al verla.
-Mami -saludó ella acercándose a mí. La tomé en mis brazos y la besé en la mejilla con cariño.
-Buenos días -le respondí suavemente, rozando su naricita con la mía. Ella soltó una pequeña risa y me abrazó aún más fuerte.
-¿Lista para irnos? -le pregunté, alzándola un poco y luego dejándola en el suelo. Ella asintió rápidamente, su carita llena de emoción. La bajé al suelo y, mientras me acercaba a la mesa de noche, saqué algunas cosas de ella antes de salir hacia la entrada de la mansión. Cada paso que daba me recordaba lo afortunada que era por tenerla a mi lado, a pesar de las complicaciones que se presentaban en mi vida.
Al llegar afuera, el auto ya estaba esperando. Era un coche de lujo color crema, con detalles en negro que lo hacían aún más impresionante. La puerta se abría hacia arriba, revelando los asientos de un color similar al del auto. Era un vehículo costoso, sin lugar a dudas, con un volante a la derecha, como era de costumbre en estos autos de alta gama. En el centro, entre los dos asientos, había unos controles que permitían activar diversas funciones del coche, y justo frente al volante, el marcador de velocidad que llegaba hasta los 300 kilómetros por hora. En el centro del volante, con delicadeza y elegancia, estaba grabada la letra "M" en color dorado, un pequeño detalle que hacía que este auto fuera aún más único. Miré el auto y pensé que, a pesar de su lujo, lo más importante era la seguridad y la protección, especialmente después de las amenazas recibidas.
Subimos al auto, y yo me senté al volante. Mi niña se acomodó en el asiento trasero, asegurándose de ponerse el cinturón de seguridad. Yo, por mi parte, metí el arma que había sacado de la mesa de noche en un compartimento especial del vehículo, justo debajo de la puerta del piloto, donde guardaba mis cosas más personales y discretas. Sabía que no podía dejar que me sorprendieran, no después de todo lo que había pasado.
-Bueno, bebe -le dije mientras miraba por el retrovisor y la veía tan tranquila en su asiento, disfrutando del viaje. A pesar de las amenazas, su serenidad me daba algo de calma-. Tal vez pasemos el día entero allá, pero me encantaría que estuvieras conmigo. Si te aburres, me dices y le diré a uno de los chicos que trabaja allí para que jueguen contigo. No te alejes de mí y solo hables con Douglas. Las cosas ahí están algo complicadas y no quiero que te lastimen -concluí, mi voz sonaba suave pero firme, mi preocupación no podía disimularse.
Ella me sonrió con una pequeña sonrisa en su rostro, tan inocente y confiada. Yo sabía que todo lo que había construido y luchado hasta ahora tenía que ser protegido, y ella era mi razón para seguir adelante.
-Si, mami -dijo, su voz llena de dulzura y tranquilidad, como si todo fuera un juego.
-Bien -respondí, aliviada por su respuesta, aunque en el fondo no podía evitar sentir la tensión en mi cuerpo. Sabía que el día no sería fácil. Encendí el motor del coche, y el sonido suave del arranque me hizo sentir que, aunque las cosas parecieran complicadas, todo estaría bien si manteníamos nuestra calma. Me aseguré de ponerme el cinturón antes de arrancar.
-Vamos, pues -dije con determinación, aunque la incertidumbre me rodeaba. Avancé por el sendero que llevaba hasta la salida de la mansión, pensando en todo lo que nos esperaba. El día nos esperaba, y aunque mi corazón aún sentía el peso de las amenazas, debía mantenerme fuerte. No solo por mí, sino por ella, por todo lo que habíamos construido, por lo que estábamos protegiendo.
Conforme avanzábamos, el paisaje fuera de la mansión comenzaba a desvanecerse lentamente, y me adentraba en la ciudad. A pesar de todo lo que había sucedido, el amor por mi hija era la única certeza que tenía, y eso era lo que me mantenía firme en cada paso.
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Editado: 15.07.2026