Gravedad Cero ( Trilogía Ferrer #1 )

28 - Maritza

Llegamos a la empresa en menos de veinte minutos. Aparqué frente a ella y bajé del auto con la misma determinación con la que había comenzado el día. Al tener tantas cosas de lujo en mi vida personal, no iba a permitir que mis empresas se quedaran atrás. Cada una de ellas era un reflejo de mi éxito, por lo que mis edificios no eran simples oficinas, sino rascacielos imponentes, con las dos enormes letras "G:A" en la punta, brillando bajo el sol. Este en particular era una combinación de dos edificios conectados por un puente de cristal, tan seguro que nadie podría siquiera imaginar cómo estaba construido. Me sentí satisfecha de ver todo tan bien estructurado, tan sólido.

Bajé a mi niña del auto con cuidado, sosteniéndola por la mano. No pasó mucho tiempo hasta que las dos camionetas con seguridad llegaron, estacionándose a nuestro alrededor. Nick y Moisés se acercaron a mí. Ambos eran mis guardaespaldas personales, siempre atentos y vigilantes, mientras que el resto de la seguridad formaba una red a mi alrededor, más discreta pero igual de eficiente.

Tomé la mano de Trixie, y con paso firme, me dirigí hacia la entrada de la empresa. Los hombres vestidos de negro, rodeando el auto crema, no pasaron desapercibidos. Muchos ojos curiosos se volvieron hacia nosotros, algunos empleados que entraban al edificio se detenían para observar. A pesar de los ojos sobre nosotros, mi confianza no flaqueó ni por un segundo. Antes de llegar a la puerta, Douglas apareció a mi lado con una tableta en la mano, la cual me extendió rápidamente.

-Buenos días -saludó, hablando rápido mientras me entregaba el dispositivo.

Tomé la tableta y, al mirar la pantalla, vi que era la mía, la de la empresa de allá. En ella estaban todas las gráficas que necesitaba, además de los reportes sobre el desfalco, las fechas importantes, y algo fuera de lugar, pero igualmente relevante: información sobre cómo llevaría mis clases de la universidad. Agradecí a Douglas con un leve gesto y comencé a revisar rápidamente la información.

-Gracias, vamos -respondí mientras me dirigía hacia la oficina del presidente de la empresa, con Trixie caminando a mi lado, tomándola de la mano. Los dos hombres de seguridad, como sombras, nos seguían a una distancia prudente, asegurándose de que nadie se acercara demasiado.

Al entrar a la oficina, me senté en la silla del escritorio, la cual estaba perfectamente ordenada. Trixie se acomodó en el sofá frente a mí, sentándose de manera tranquila mientras seguía jugando con su peluche, el único que había traído hoy. Sabía que había mandado comprar más, pero ese era su favorito y no quería dejarlo en casa. Lo vi en sus manos y sonreí levemente, agradecida por esa inocencia que aún conservaba.

Abrí el computador en el escritorio, la pantalla se iluminó y comencé a teclear de manera rápida y precisa. De forma discreta, accedí a los archivos de las computadoras de la empresa, esos que todos los empleados mantenían ocultos. Sabía dónde buscarlos, cómo encontrarlos, y por qué algunos estaban tan bien protegidos. Mi habilidad para hackear sistemas no era algo que se pudiera ignorar, y lo había perfeccionado con el tiempo.

En esos archivos, encontré varios documentos ocultos relacionados con material de pornografía infantil. Mi estómago se revolvió al ver esos archivos, y una furia silenciosa se apoderó de mí. No iba a permitir que personas como esas estuvieran cerca de mi hija, ni de nadie más en mi entorno. Sabía que debía actuar rápido, así que, mientras los seguía explorando, decidí llamar más tarde a la UVE para que se encargaran de investigar y desmantelar esas redes. Nadie que estuviera involucrado en ese tipo de cosas merecía estar en un lugar como este.

A continuación, encontré varios archivos sobre aplicaciones de juegos que los empleados estaban descargando en sus tiempos libres. Los ignoré, pues no me interesaban en ese momento, aunque algo me decía que podrían ser más útiles en el futuro. También había otros archivos sobre aplicaciones que ellos mismos creaban solo para matar el tiempo, pero decidí que primero revisaría sus ideas para mejorar sus proyectos antes de darles algún puesto importante aquí.

Finalmente, encontré una serie de archivos encriptados. Me demoré un poco más en analizarlos, pero al ver que no podía acceder a ellos de inmediato, decidí guardarlos para después. Douglas podría ayudarme a desincriptarlos cuando fuera necesario.

El proceso de revisar todos esos archivos me tomó aproximadamente cuatro horas. Durante todo ese tiempo, Trixie no se movió del sofá, jugando y jugando con su peluche, como si no hubiera nada más en el mundo que pudiera interesarle. Su tranquilidad, al contrario de lo que estaba haciendo yo, era lo que más me reconfortaba. Aunque el día estaba lleno de amenazas y preocupaciones, el simple hecho de verla feliz y protegida me daba una razón para seguir adelante.

Al cerrar la computadora, tomé la tableta nuevamente y revisé que la información sobre las clases de la universidad estuviera todo en orden. Se llevaría las clases de manera virtual, lo cual me parecía adecuado dado que estaría trabajando desde aquí. Todo estaba bien planificado, como siempre.




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