En ese momento tocaron la puerta y entró Douglas al despacho, con una expresión seria pero tranquila.
-Hola, señorita, lamento interrumpir -dijo Douglas, acercándose a mi escritorio con paso firme. Su voz sonaba respetuosa, aunque había un ligero tinte de preocupación, como si no quisiera molestarme en medio de mi jornada tan ocupada. Levanté la vista de la tableta que había estado usando y lo miré. No había señales de incomodidad en su rostro, pero la actitud de alguien como él siempre tenía un aire profesional.
-Estaba por llamarte -respondí, apagando la tableta con suavidad y dejándola sobre la mesa. Suspiré levemente, organizando mis pensamientos. No quería que mi asistente se sintiera incómodo por interrumpirme, pues, a pesar de ser tan eficiente y estar siempre a la altura de las circunstancias, la presión del día a día solía ser abrumadora. Miré fijamente a Douglas, con la mente ya en el próximo paso que debía seguir.
-Primero, ¿qué te trae por aquí? -pregunté, con un toque de curiosidad en la voz. Aunque mis tareas parecían apremiantes, me tomé un momento para conectar con él. No era solo un asistente, era alguien en quien podía confiar, y la honestidad en sus respuestas siempre me daba tranquilidad.
Douglas ajustó la postura y me miró con una ligera inclinación hacia adelante, como si ya supiera lo que iba a decir, pero aún así lo expresara con respeto.
-Venía a preguntarle si le traía el almuerzo o si saldría -dijo, casi como una formalidad. Parecía que lo ya anticipaba, pero siempre prefería verificar para asegurarse de que todo estuviera en orden.
Suspiré un poco y miré la hora en el reloj de pared. La jornada había avanzado mucho más rápido de lo que esperaba, y sabía que aún quedaba mucho trabajo por hacer.
-Saldremos -respondí, con tono decidido. Me levanté de la silla lentamente, evaluando el día que se me venía encima. -¿Podrías conseguir una niñera para Trixie, pero que esté aquí, en la empresa trabajando? No quiero estar lejos de ella mucho tiempo -continué, un toque de preocupación mezclándose con mi voz. Mi hija era mi todo, y no me gustaba separarme de ella más de lo necesario. Además, el ambiente que rodeaba la empresa nunca me parecía lo suficientemente seguro como para dejarla sin supervisión.
Douglas asintió con una ligera sonrisa, la cual sabía que ocultaba su propia comprensión de la situación.
-Sí, señorita -respondió de inmediato. No me sorprendió su respuesta, ya que siempre se mostraba confiable, incluso en los momentos más complicados. -La conseguiré lo más pronto posible... ¿Logró encontrar algo en los archivos? -preguntó, refiriéndose a las revisiones que había estado haciendo en las computadoras de la empresa.
Asentí solemnemente, sabiendo que lo que había descubierto no era algo trivial.
-Muchas cosas... Necesito que llames a la unidad de víctimas especiales. Hay varios videos de pornografía infantil en algunos monitores de la empresa -dije, mi tono serio y grave. No podía permitir que esos temas pasaran desapercibidos, sobre todo cuando había personas tan cerca de Trixie. La sensación de que el peligro acechaba en el aire me incomodaba profundamente. Douglas, al escuchar mis palabras, frunció el ceño, claramente desconcertado. Sabía que el asunto era más grave de lo que parecía.
-También, que llames a las personas de la lista de monitores que te enviaré, no les digas nada aún. Yo hablaré con ellos directamente -continué, mi voz firme y controlada. Era una situación delicada, pero nada que no pudiera manejar. El hecho de que alguien estuviera tratando de esconder esos videos en la red de la empresa no lo toleraría bajo ningún concepto. La seguridad de mi hija y la integridad de mi negocio estaban en juego.
Douglas, a pesar de la sorpresa, asintió y me miró con la determinación que siempre lo caracterizaba. Sabía que esto no era un simple problema corporativo, sino algo mucho más grande.
-Y por último, que me ayudes a desencriptar unos archivos que encontré -dije, sabiendo que si había algo que Douglas podía hacer con su habilidad, era justamente eso: desbloquear información crucial. Había muchos secretos ocultos en esos archivos, y era urgente tener acceso a ellos lo más rápido posible.
-Sí, señorita -respondió de inmediato, con voz decidida. No parecía dudar ni un segundo, y eso era justo lo que necesitaba. Sabía que podía confiar en él para resolver cualquier inconveniente.
-Ya te envié la lista -le dije mientras me levantaba de la silla, con la mente ya enfocada en lo que seguiría. Sabía que el día no terminaba aquí. -Iré a almorzar con Trixie a algún restaurante cerca y regresaré en una hora -informé, al tiempo que me dirigía hacia el sofá, donde Trixie seguía jugando con su peluche. La vi levantar la mirada al ver que me acercaba y, al instante, me sonrió con su radiante expresión, haciendo que sus mejillas se hundieran en esos adorables hoyuelos.
-Hola, mami, ¿acabaste? -preguntó, su voz llena de dulzura e inocencia. Ese simple momento me recordó por qué luchaba tan duro todos los días.
-Vamos a comer y luego regresamos, aún no he terminado los pendientes aquí -respondí, sonriendo suavemente. La vi asintiendo mientras se levantaba, cargando su peluche en las manos. Ella parecía tan feliz, tan despreocupada, y yo quería que siguiera siendo así, alejada de todo lo malo que podía haber en este mundo.
-Bueno, mami -dijo, sin borrar esa sonrisa que siempre me derretía el corazón. La tomé en mis brazos, abrazándola con ternura, deseando que nada malo pudiera alcanzarla. La apreté un poco más, sintiendo su fragilidad, y, al mismo tiempo, su fortaleza.
-Ya regresamos, Douglas -le dije mientras salía de la oficina, mis pasos resonando en el pasillo. Podía escuchar a Douglas trabajar tras de mí, sabiendo que dejaba las cosas en buenas manos.
-Mientras vuelves, revisaré los nombres que me mandaste y los reuniré para mañana a primera hora -respondió, su tono firme y confiable. Sabía que no tendría que preocuparme por nada. Con Douglas al mando, todo estaría bajo control.
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Editado: 15.07.2026