- Bien, todo va bien por ahora -habló Maritza, su mirada fija en los documentos de las nuevas cifras de las cuentas que tenía sobre la mesa, su tono tranquilo pero preciso, reflejando la seriedad que siempre la caracterizaba en su trabajo-. ¿Qué tal van las apps de los trabajadores? -preguntó con una ligera inclinación de cabeza, como si su interés en el progreso de esos proyectos fuera tan crucial como los resultados financieros que estaba revisando.
El día siguiente a primera hora, como había prometido, tenía a unos diecisiete trabajadores esperando en su oficina. Estos empleados eran parte de un grupo talentoso que había demostrado tener ideas innovadoras y un enfoque único sobre cómo mejorar la eficiencia dentro de la empresa. Maritza los observó con detenimiento, evaluando sus rostros. Algunos parecían nerviosos, mientras que otros estaban llenos de anticipación. Sin embargo, todos mostraban una sincera dedicación a sus ideas.
Maritza se sentó frente a ellos, sin dejar de mantener esa expresión neutral que siempre llevaba, pero que ahora parecía transmitir una intención clara: la de entender y valorar el trabajo de su equipo. Les comentó que había "visto sus apps por accidente" durante una revisión rutinaria de los monitores, algo que hacía de manera periódica para asegurar que todo funcionara con normalidad. Sin embargo, sus palabras estaban cargadas de un tono sincero que subrayaba su sorpresa y admiración. Las aplicaciones que habían desarrollado los trabajadores no eran las típicas que uno esperaría encontrar en un entorno corporativo. Eran herramientas sumamente creativas y útiles, pensadas para revolucionar el modo en que operaban las empresas, y Maritza lo reconoció.
Las aplicaciones cubrían una variedad de áreas clave que podían transformar todo el flujo de trabajo dentro de la compañía. Entre ellas había:
Escaneo: Herramientas de reconocimiento avanzada, que optimizaban los procesos de digitalización y escaneo de documentos.
Búsqueda: Aplicaciones diseñadas para acelerar la búsqueda de información en bases de datos, mejorando la eficiencia.
Seguridad: Herramientas para fortalecer la ciberseguridad de la empresa, blindando datos y sistemas.
Control de sistemas: Aplicaciones que facilitaban la supervisión y control en tiempo real de los sistemas operativos.
Base de datos: Desarrollo de bases de datos más rápidas y efectivas, adaptadas a las necesidades de cada área de trabajo.
Maritza miró a cada uno de los empleados con una mirada calculadora, dejando claro que valoraba sus esfuerzos y les daría la oportunidad de crecer. Les comentó que quería que mejoraran sus bocetos con el apoyo de los trabajadores especializados de la empresa. A su vez, se ofreció a revisar personalmente los resultados una vez estuvieran listos. Ella misma los compraría a un precio razonable, asegurándoles créditos por sus trabajos, y además les ofrecería un ascenso en cualquiera de sus compañías. El ambiente en la sala se relajó, y los empleados parecieron aliviados, algunos incluso sonrieron de manera tímida al escuchar la oferta.
Sin embargo, hubo tres personas que no compartieron el mismo entusiasmo. Dos mujeres y un hombre, todos padres solteros, se mostraron reacios a aceptar la oferta de mudarse a otro puesto en otra ciudad. Explicaron que sus hijos dependían de ellos, y que no podían permitir que sus vidas se vieran afectadas por un cambio tan drástico. Maritza, al escuchar sus razones, comprendió perfectamente su posición y les ofreció una alternativa: podrían seguir trabajando en la misma empresa, no era necesario que se mudaran, y, además, si sus proyectos destacaban, los ascendería, asegurándose de que pudieran quedarse en el lugar que ya consideraban su hogar. Aunque la propuesta fue difícil para ellos de aceptar, agradecieron profundamente su comprensión.
Desde ese momento, los trabajadores comenzaron a trabajar con un nuevo enfoque, mejorando significativamente las aplicaciones que habían desarrollado. Maritza, por su parte, no dejó de hacer un seguimiento cercano de los avances, asegurándose de que las mejoras fueran más allá de las expectativas. Cada día, se aseguraba de que sus ideas y proyectos tomaran la dirección correcta, manteniendo a su equipo enfocado y motivado.
Douglas, uno de los colaboradores más cercanos de Maritza, interrumpió su concentración, dejando su computadora a un lado con una sonrisa satisfactoria.
-Han avanzado más de lo esperado -dijo, mostrando en su pantalla el progreso que habían logrado los trabajadores con las apps-. Ya llevan el 46% de las aplicaciones funcionando perfectamente. -Douglas sonrió con satisfacción, su rostro reflejando orgullo por el trabajo que estaban haciendo, aunque Maritza no mostró una reacción tan efusiva. Estaba inmersa en su trabajo, sus dedos moviéndose con rapidez y precisión mientras tecleaba con agilidad.
-¿Los pedófilos? -preguntó, sin despegar la vista de la pantalla. Maritza no podía permitirse distracciones; había muchas más cosas en las que estaba trabajando, cosas que no podían esperar.
Douglas asintió, sabiendo que ella no dejaría pasar este asunto. Había sido un tema delicado desde que Maritza se enteró de que algunos empleados de la empresa estaban involucrados en actividades ilegales, que iban mucho más allá de lo que ella consideraba tolerable.
-En seguimiento, el 77% de los implicados ya han comenzado a ser procesados por posesión y expansión de pornografía infantil. Un 8% está siendo acusado por violación a menores, y el otro 15% sigue bajo investigación -informó, mirando la pantalla de su dispositivo móvil con la misma seriedad que siempre caracterizaba sus informes.
Maritza levantó la vista, incrédula por el alcance de la situación. No era fácil para ella procesar esa información, y la impotencia la invadió al darse cuenta de la magnitud de los crímenes cometidos dentro de su propio entorno laboral. La noticia la golpeó fuerte, pero su reacción fue firme, decidida.
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Editado: 15.07.2026