Maritza tomó la computadora con un gesto decidido, abriéndola rápidamente y accediendo a la aplicación donde tenía toda la información organizada. Se concentró un momento en la pantalla, observando las cifras y documentos con atención.
- Los archivos encriptados, esos ya casi los he terminado de revisar - dijo ella mientras desplazaba el cursor hacia la sección que aún no había logrado desencriptar. - Hay cuatro que aún no he podido desencriptar. Esos deben ser los que contienen la clave, los otros solo son mensajes anónimos y traslados de dinero - explicó, señalando los archivos en cuestión y mostrando la pantalla a Douglas.
Douglas, quien estaba cerca, se acercó un poco más a la pantalla y comenzó a revisar los archivos con detalle. Frunció el ceño al ver la complejidad de los documentos.
- Algunas letras son en Hebreo - comentó él, sorprendido, mientras observaba los códigos. - Además están mezclados con códigos raros y letras de Corea, Japón, palabras en inglés y otras que parecen ser en un idioma perdido, Miskito. - Douglas la miró, evaluando la situación. - Será complicado. Tendremos que desencriptar cada parte por separado y luego unirlas para conseguir el mensaje original.
Maritza suspiró, frotándose el puente de la nariz con cansancio. La fatiga se reflejaba en su rostro, pues no solo había estado inmersa en los asuntos de la empresa, sino que el dolor de la mentira de él aún la afectaba más de lo que quería admitir. Había pasado horas frente a la computadora sin descanso, sin comer ni dormir adecuadamente, y aunque se esforzaba por mantenerse firme, el desgaste era evidente. En ese momento, alguien tocó la puerta de la oficina.
- ¡Pase! - exclamó Maritza, casi a gritos, para que la persona al otro lado de la puerta pudiera escucharla. La puerta se abrió y entró Laura, la secretaria, con Trixie dormida en sus brazos.
- Se ha quedado dormida, señorita - dijo Laura con una sonrisa cálida, mientras observaba a Trixie acurrucada, abrazando su conejo de peluche. Maritza miró la hora en su muñeca y suspiró al ver lo tarde que era.
- Es demasiado tarde - murmuró para sí misma, levantando la vista hacia Douglas. - Dejémoslo así por ahora. Mañana podríamos seguir con esto - propuso con voz firme, aunque su cuerpo estaba claramente agotado. Douglas asintió y se levantó de su silla, recogiendo su computadora.
- Está bien. Hasta mañana - dijo él, despidiéndose de Laura con una sonrisa antes de salir de la oficina. A Maritza no le pasó desapercibido que, a pesar de sus gestos de calma, él también estaba fatigado.
Cuando la puerta se cerró detrás de Douglas, Maritza se giró hacia Laura, que estaba dejando a Trixie cómodamente acomodada en el sofá. La pequeña dormía plácidamente, y Laura se acercó a Maritza con un gesto amable y preocupado.
- Lamento que tengas que quedarte hasta tan tarde - le dijo Laura con suavidad, viendo cómo Maritza se frotaba los ojos, agotada.
- No te preocupes - respondió Maritza, aunque en su interior sabía que necesitaba descansar. - ¿Me quieres hacer una pregunta? - agregó, mirando a Laura mientras la secretaria parecía indecisa por un momento.
- Sí, si no es molestia... - Laura vaciló por un segundo antes de continuar. - ¿Has descansado bien últimamente? - La pregunta fue directa, pero la preocupación de Laura era evidente.
Maritza la miró de manera fija, sin poder evitar sorprenderse por la atención que Laura prestaba a los detalles. No estaba acostumbrada a que alguien se preocupara tanto por ella, pero el tono de la secretaria era genuino.
- ¿Por qué lo dices? - preguntó Maritza, bajando la vista hacia la secretaria, intentando disimular su incomodidad.
- Porque tienes ojeras enormes y tu piel está mucho más pálida de lo habitual - respondió Laura con un tono suave pero lleno de preocupación. - Deberías descansar más, señorita. - La expresión de Laura reflejaba una preocupación que Maritza no había anticipado.
Maritza sonrió de manera cansada, reconociendo que, a pesar de su deseo de seguir trabajando, su cuerpo le estaba pidiendo a gritos un respiro.
- Muchas gracias por tu preocupación, Laura. Prometo que descansaré más - dijo ella, mirando a Laura con una pequeña sonrisa, tratando de tranquilizarla.
Laura pareció sentirse más tranquila con la respuesta, y su rostro se suavizó.
- Bueno, nos vemos mañana, señorita - dijo Laura, antes de salir de la oficina. Maritza la observó salir, y una vez la puerta se cerró, volvió a mirar a Trixie, quien seguía dormida en el sofá.
Maritza se quedó allí, mirando a su hija, con una mezcla de agotamiento y reflexión. Sabía que no podía seguir al ritmo que llevaba mucho tiempo más, pero también era consciente de la importancia de lo que estaba haciendo. Sin embargo, a medida que el tiempo pasaba, las pequeñas señales de cansancio empezaban a ser más evidentes, y la presión sobre sus hombros crecía. Miró a Trixie nuevamente, sintiendo que necesitaba un descanso no solo por ella misma, sino también por su hija. Un suspiro escapó de sus labios. Sabía que debía encontrar un equilibrio, pero también se sentía atrapada entre sus responsabilidades y sus deseos personales. La fatiga era su constante compañera, pero aún no estaba lista para ceder.
Maritza miró a Trixie dormir en el sofá un poco más, sintiendo una punzada de culpabilidad en su pecho.
"La he descuidado mucho", pensó, observando la paz que emanaba la pequeña, ajena a las preocupaciones que la madre cargaba. Le haré caso a Laura y descansaré, se dijo a sí misma, buscando, aunque solo por un instante, encontrar algo de calma. Mañana saldré con Trixie, despejaré mi mente, pensaré en ella y en lo que realmente importa.
Decidida, comenzó a recoger sus cosas del escritorio, sintiendo el peso del día en su cuerpo, mientras pensaba en cómo balancear mejor su vida personal y profesional. Miró a Trixie una vez más, apretó los labios, y sin pensarlo más, marcó el número de Nick.
#3918 en Novela romántica
#210 en Joven Adulto
amor secretos poder dolor, familia apuesta resilencia, luego de un tiempo triologia
Editado: 15.07.2026