Terminé mi desayuno, aunque dejé el huevo intacto. Su olor me daba náuseas, como si pudiera sentir cada molécula desagradable atravesando mi nariz. A pesar de que el tocino no era uno de mis alimentos favoritos, lo comí saboreándolo con cierto gusto, como si en ese momento el sabor fuera lo único que pudiera reconfortarme. Extrañamente, me sorprendí a mí misma disfrutando de algo tan simple.
-¡Lista!- exclamó Trixie al llegar, su sonrisa iluminando la habitación. Le sonreí con esfuerzo, intentando que mi rostro reflejara al menos una pizca de energía.
-Bueno, vamos- respondí, levantándome lentamente. Sentí el peso de la fatiga en cada uno de mis músculos, pero había algo dentro de mí que me impulsaba a seguir adelante, aunque fuera solo por ella.
Tomé la mano de Trixie, y a medida que caminábamos hacia la salida, sentí como si mis fuerzas se agotaran aún más. El cansancio acumulado por las noches sin dormir, las interminables preocupaciones, y la carga de llevar a cuestas tanto peso emocional comenzaban a pasarme factura. Mi cuerpo parecía protestar a cada paso, pero no podía rendirme ahora, no cuando tenía una pequeña que dependía de mí.
No había estado lo suficientemente presente para ella últimamente, absorbida por los problemas de la empresa, pero hoy iba a ser diferente. Le debía a Trixie este pequeño paseo, esta oportunidad de dejar atrás por un momento el caos de mi vida y enfocarme en ella, en lo que realmente importaba.
Al salir de la casa, el aire fresco me golpeó la cara, y me sentí ligeramente mareada. En el camino, vi el auto estacionado frente a la casa, con Nick recargado en él, esperándonos. Cuando me vio, su mirada pasó rápidamente de Trixie a mí, y la preocupación en sus ojos fue inmediata. No era la primera vez que veía ese gesto en él, pero hoy me pareció aún más palpable.
Mi cuerpo comenzó a reaccionar de manera extraña. Sentí como si las fuerzas me abandonaran por completo, mis piernas se volvieron como gelatina, y antes de que pudiera hacer algo, me desplomé al suelo. Un mareo intenso me nubló la vista, y todo a mi alrededor comenzó a girar y desvanecerse en sombras borrosas. Mi cuerpo no respondió a mis esfuerzos por mantenerme en pie, y todo a mi alrededor parecía estar cayendo en un vacío profundo.
Escuché el sonido rápido de pasos acercándose, pero no pude reaccionar. Mi visión se desvaneció por completo, y la oscuridad me envolvió en su abrazo.
De repente, sentí unas manos fuertes levantándome, y la voz de Nick resonó en mis oídos con urgencia.
-Maritza- dijo con firmeza, aunque yo no podía concentrarme en lo que decía. El mundo estaba demasiado lejano. La angustia en su voz me llegó como un susurro lejano, mientras me dejaba llevar por la inconsciencia.
A lo lejos, escuché el llanto desconsolado de Trixie, llamándome con una mezcla de miedo y desesperación. Aunque mi mente estaba nublada, su dolor se quedó grabado en lo más profundo de mi ser, como una herida que no podía sanar. Su llanto me alcanzó, pero no pude hacer nada por consolarla, mi cuerpo ya no respondía.
Me desvanecí por completo, como si el peso de todo lo que había estado cargando finalmente hubiera cobrado su precio. La oscuridad me abrazó, y todo lo que quedaba era el sonido lejano de los gritos de Trixie y el llamado angustiado de Nick.
(...)
Desperté de mala gana debido a un pitido molesto que resonaba cerca de mí, un sonido constante que parecía retumbar en mi cabeza. Mis ojos pesaban como si hubiera dormido días enteros sin descanso y, en lugar de sentirme renovada, solo sentía un cansancio extremo que me abrumaba. Me senté lentamente en la cama, tratando de orientarme, pero mi cuerpo no respondía como esperaba. Mi cabeza estaba nublada, el dolor no se había ido, y me sentía completamente desubicada. Miré a mi alrededor para entender dónde estaba.
Al principio, todo parecía borroso, pero a medida que mi vista se aclaraba, me di cuenta de que estaba en una habitación de hospital. La fragancia a desinfectante llenaba el aire, y el suave murmullo de las máquinas cercanas creaba una atmósfera extraña. Sentí el cable que conectaba mi brazo a una intravenosa, y observé el suero rojo que estaba siendo administrado lentamente en mi cuerpo. El pitido que había escuchado era de una máquina que monitoreaba mis palpitaciones, su sonido lento y regular parecía tan ominoso que no pude evitar tensarme. Mis ojos se movieron hacia la pantalla de la máquina, y observé que las cifras fluctuaban con tranquilidad, pero a pesar de la calma aparente, no podía deshacerme de la sensación de inquietud.
Traté de acomodarme mejor en la cama, sintiendo como mis músculos adoloridos se estiraban. Era extraño, porque a pesar de estar acostada, sentía mi cuerpo completamente agotado. En ese momento, la puerta se abrió con suavidad, y mi atención se desvió hacia la entrada. Nick entró primero, su rostro marcado por la preocupación. Detrás de él venía Douglas, quien llevaba a Trixie dormida entre sus brazos, y una doctora que no reconocí. Tenía el cabello recogido, y su gafete decía "Marilin".
-Ya despertó- comentó la doctora con una sonrisa, aunque su tono sonaba profesional y un tanto distante.
-¿Qué me pasó?- pregunté, un poco confundida, mientras intentaba recolocar las sábanas que se habían caído. Mi garganta estaba seca y mi voz sonaba débil, como si el solo esfuerzo de hablar fuera agotador.
-Te desmayaste, Maritza- respondió Nick con seriedad, y pude ver cómo sus ojos se llenaban de preocupación mientras me miraba. Su tono era firme, pero había una preocupación palpable en su voz. -Desde hace unos días te noto más pálida, tus ojeras aumentan, no creas que no me he dado cuenta cuando lloras en silencio por las noches. No comes nada y no descansas como deberías... ¿Quieres morir?- dijo con tono de regaño, y sus palabras me golpearon directo al pecho. Su preocupación no era solo por el desmayo, sino por todo lo que había estado ignorando.
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Editado: 15.07.2026