Dejé de mirar a mis hijas y a Luisa cuando el estrépito de los disparos rebotó en mis oídos. El peligro estaba por todas partes, y no podía permitirme distraerme. Con un solo objetivo en la mente, comencé a disparar a los hombres que nos atacaban, mi vista fija en ellos mientras intentaba despejarles el camino a Nick y a los demás. Mi cuerpo se movía como si estuviera en piloto automático: disparaba sin pensar, cada bala una respuesta a la amenaza que representaban aquellos malditos. Mi única prioridad era garantizar que mi familia pudiera escapar.
Los cuerpos caían a mis pies, uno tras otro, pero cada vez que derribaba a uno de esos bastardos, más aparecían. Mis manos estaban firmes, pero la tensión en mi pecho aumentaba con cada minuto que pasaba. No podía fallar. Tenía que cubrir su huida.
Cuando vi que finalmente subían al auto azul que los esperaba, escuché un grito que hizo que mi sangre se congelara.
—NE LAISSEZ PAS 003 S'ÉCHAPPER À NOUVEAU —gritó un hombre, su voz cargada de furia y desesperación.
“¿003?” pensé, extrañada. Pero no tuve tiempo para procesar la información. El instinto me impulsó a correr hacia un hombre que iba tras el auto donde mis hijas estaban. Sin dudar, apreté el gatillo y la bala le perforó la espalda. Él se detuvo al instante.
El tipo cayó al suelo, de rodillas, como si su vida se desvaneciera. Me lancé hacia él sin pensarlo, aterrizando de pie sobre su espalda. La sangre brotó de su boca con fuerza al recibir el golpe, y un grito sordo salió de sus labios.
—Qu'est-ce que 003? Dites-moi si vous ne voulez pas mourir. —le exigí, mi voz como un cuchillo afilado.
El hombre rio entrecortado, la sangre escapando de sus labios, y escupió un chorro más de rojo.
—Je mourrai de toute façon, je ne dirai rien de salope. —(Moriré de todos modos, no diré nada, perra) — respondió, su voz llena de desprecio.
Mi paciencia se agotó y sin más, apreté el gatillo de nuevo, esta vez perforándole la cabeza. La sangre salpicó mis piernas, y la sensación de que la muerte ya no podía ser detenida se instaló en el aire. Sentí una satisfacción amarga al saber que ese maldito no podría hacerle más daño a nadie. Pero las palabras que había dicho no se borraron de mi mente. “003”… ¿Qué demonios era eso? El vacío de incertidumbre se instaló en mi mente, pero no podía perderme en eso. No ahora. Mis hijas necesitaban de mí.
Me tomé un momento para observar mi ropa, la camisa floja de manga larga, el short de mezclilla rasgado, las mallas negras que cubrían mis piernas, y los tacones que ya no sentía. El gorro de lana negro cubría mi cabello suelto, y de alguna manera, a pesar del caos, sentí que todo estaba en su lugar. Era una imagen que representaba lo que era ahora: la sombra de una madre dispuesta a hacer lo que fuera necesario para proteger a sus hijas.
Vi cómo el auto azul se alejaba, mi respiración se relajó por un segundo. Ellas estaban a salvo, al menos por ahora. Sonreí, pero esa sonrisa desapareció tan rápido como llegó. Aún no he terminado aquí. Aún no.
Entonces, escuché una voz desde otro lugar, alguien detrás de mí gritó con desesperación:
—Le prototype 003 s'est à nouveau échappé dans une voiture... —(El prototipo 003 escapó de nuevo en un auto...)
Sin pensarlo, disparé de nuevo, esta vez al hombre detrás de mí, destrozándole la cabeza antes de que pudiera decir una palabra más. El eco del disparo resonó en mis oídos, y la ansiedad me invadió. ¿Prototipo? ¿003? Las preguntas llenaron mi mente, pero no podía detenerme a investigar. Este no es el momento.
Sacudí mi cabeza, enfocándome de nuevo en la batalla que se desataba alrededor. La guerra no se había detenido, y yo estaba atrapada en el centro de ella. El sonido de los disparos llenaba el aire, la tensión se podía cortar con un cuchillo. No podía permitirme dudar.
Corrí hacia uno de los autos y recogí el arma automática de un cuerpo caído. El peso del arma me dio una sensación de poder y control, aunque solo fuera por un momento. Ahora sí que los voy a hacer pagar. Empecé a disparar contra los hombres que se acercaban, a aquellos que rodeaban el auto donde había visto al líder, el hombre que había exigido a mi hija.
Cada bala que disparaba parecía abrir un nuevo camino en medio de la batalla, pero no había tiempo para detenerme. Mi cuerpo se movía con rapidez, con el pulso acelerado por la adrenalina. Los cuerpos caían al suelo como muñecos de trapo, pero más y más aparecían, una ola interminable de enemigos dispuestos a quitarme todo. Cada muerte que causaba no era más que una respuesta a su amenaza.
Finalmente, cuando el arma se quedó sin municiones, la tiré al suelo y corrí hacia el auto donde estaba ese hombre, el que parecía ser el líder. No me iré hasta que lo haga pagar por lo que le hizo a mi familia.
Me acerqué al vehículo con paso firme, mi respiración agitada, pero mi mente aún concentrada. Este maldito no iba a escapar. Ya no.
Mi arma tenía solo cuatro balas en el cartucho. Cada paso que daba era firme, decidido, y lo sentía en la piel: el aire tenso, el sonido de los disparos perforando el ambiente a cada segundo. Los que quedaban me apuntaban, pero mis hombres no dudaron en devolverles el fuego. Estábamos atrapados en una guerra sin fin, pero no me importaba. Solo quería asegurarme de que mis hijas estuvieran a salvo.
—SALT BAD PARTY ET NOUS EN TERMINONS DEJA —grité hacia el auto, mi dedo sobre el gatillo, mis palabras llenas de rabia contenida. Cada bala que disparaba traía consigo un peso aún más grande. Un hombre algo mayor salió de detrás del auto, su mirada fija en mí.
—Je veux que 003 revienne —(Quiero a 003 de vuelta), dijo él, y una risa amarga se escapó de mis labios. Sin gracia, solo una carcajada de lado, que reflejaba la angustia que sentía en ese momento.
—Un seul mot. Pourrir. —(Una sola palabra. Pudrete.) — Le apunté sin dudar y disparé, la bala entrando directo en su cabeza. No fallé. El sonido del disparo resonó en el aire y, al instante, mi orden retumbó en la calle.
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Editado: 15.07.2026