Gravedad Cero ( Trilogía Ferrer #1 )

52 - Maritza

Nick se puso los lentes oscuros y, con un tono juguetón, dijo:

—Todos te ven, Maritza.

Reí ante la obviedad de sus palabras. Trixie, que estaba cruzada de brazos, bufó y añadió con una sonrisa irónica:

—Como siempre...

—Tienes razón, mi niña —dije entre risas, acercándome a ella para besarle la mejilla con cariño.

En ese momento, Trixie, con una expresión de desdén en su rostro, murmuró:

—Pinches pirujos sin vida propia...

La miré de inmediato, poniéndome seria.

—No hables así, Trixie... —la regañé con suavidad, aunque no pude evitar sonreír por lo traviesa que era. Ella sonrió como si acabara de hacer una travesura y asintió.

—Lo siento —se disculpó, con una sonrisa inocente que me hizo reír de nuevo.

Justo en ese momento, el auto que nos seguía se estacionó junto a otro coche blanco detrás de él. Vi a Lucía y Moisés bajar, acercándose a nosotros con una sonrisa en los rostros. Pero lo que me sorprendió, y me hizo el estómago revolverse, fue cuando vi a Eros bajar del otro auto, acompañado por una pelirroja muy bonita.

Se tomaron de las manos y, ante mis ojos, se besaron de pico. La rabia me recorrió el cuerpo, y no pude evitar soltar un gruñido de frustración.

—¡Maldito! —gruñó Trixie, en voz baja, pero suficiente para que la escuchara. La miré mal, dándole un aviso silencioso de que no debía hablar así.

—¡Basta! —exclamé, levantándome del lugar donde estaba. Miré a Aria, que los observaba con curiosidad, y sentí una mezcla de emociones que no supe manejar.

Lucía y Moisés llegaron hasta nosotros, pero Eros y la pelirroja se acercaron un poco más, lo que hizo que mi corazón se detuviera por un segundo. Aria, al verlos, no pudo evitar hablar en voz alta.

—¡Mami, la muchacha del pelo rojo es muy linda! —dijo, saltando mientras señalaba a la pelirroja con su dedo pequeño.

Mi estómago se tensó y caminé rápidamente hacia ella, cargándola en mis brazos, alejándome de la situación. Traté de mantenerme calmada, pero el malestar era evidente.

—Lo es, mi niña —respondí de forma seria, dándole la espalda a ambos, sin querer ver más de la escena.

—Indiscreta —bufó Trixie, abochornada, sabiendo que Aria no se percataba de lo que había dicho, pero que la situación ya estaba un poco incómoda.

De repente, escuché la voz de Eros llamando, esta vez con un tono que no había usado antes.

—¿Maritza? —pronunció su nombre con cautela, como si no estuviera seguro de cómo me sentiría al escucharle.

Mi respiración se aceleró, y aunque intenté no mostrarlo, sentí un nudo en la garganta. Tenía que mantener la compostura, pero las emociones se apoderaban de mí, y no sabía si era capaz de manejar este encuentro.

—Hola... snif —saludé seca, sin poder ocultar la frialdad que se acumulaba dentro de mí.

—Hipócrita —se quejó Trixie, rodando los ojos con esa actitud que siempre tenía.

—Luego hablaremos de tu sinceridad, Trixie, no es buena en exceso —dije seria, mirando a mi hija que estaba en mis brazos.

—Pero, mamá... —se quejó ella, y la miré sin decir nada. —Es verdad... —continuó, cruzando los brazos, claramente molesta. —Bien... —terminó, rindiéndose con un tono de mala gana.

—Gracias —respondí, manteniendo la seriedad mientras Aria seguía mirando a todos con curiosidad.

En ese momento, una voz cortó el aire, y Moisés se acercó.

—Señorita, tenemos que llevar a las niñas a ver lo del kinder —dijo con una sonrisa amable. Le agradecí, y con cuidado, Moisés tomó a Aria en sus brazos.

—Gracias —dije, aunque con la mirada fija en todo lo que ocurría a mi alrededor. Besé las mejillas de mis hijas con ternura. —Trixie, Aria, nos vemos en casa, mis princesas —les dije, forzando una sonrisa. Ambas sonrieron, aunque sus caras reflejaban algo de tristeza, y se despidieron subiendo al auto, que arrancó rápidamente.

Mi mirada regresó a Eros y a la pelirroja que lo acompañaba. Al verlos, sentí como si mi corazón se desgarrara más con cada segundo que pasaba.

—Maritza —se acercó Eros, su voz cargada de algo que no logré identificar. Lo miré mal, mi paciencia ya estaba al límite.

—Dime, snif —respondí, usando su apodo con una frialdad cortante.

—¿Se conocen, amor? —preguntó la pelirroja, sonriendo de manera casi inocente. Sentí cómo mi estómago se revolvía, y mis ganas de desaparecer aumentaban. Cada mirada parecía pesarme más, y no podía escapar de lo que sucedía.

—Digamos que sí —respondí, manteniendo la compostura mientras le sonreía de forma forzada a la chica. Me extendió la mano, y por educación, como me enseñó mi padre, la tomé.

—Un gusto, entonces —dijo ella, con una sonrisa amplia. La miré a los ojos, sin mostrar mucho interés, pero tratando de mantener las formas.

—Maritza Ferrer —respondí, intentando mantener la calma, aunque por dentro me sentía hecha pedazos. No podía evitar que los recuerdos de todo lo que había pasado me atacaran con fuerza. Sabía que esa mujer no tenía la culpa de nada, pero verla a su lado solo me hacía sentir más traicionada.

—Maritza —me llamó de nuevo Eros, con un tono que ya no sabía si era de arrepentimiento o desesperación. Me giré hacia él, el malestar creciente en mi pecho. Él y su pelirroja no podían ser más felices mientras yo me consumía por dentro.

Lo miré de manera fría.

—¿Para qué soy buena, Snif? —dije con voz cortante, mis palabras como dagas mientras mis emociones estaban al borde de estallar. Si pudiera, le gritaría todo lo que me hizo, cómo me rompió, pero estaba demasiado cansada para seguir luchando.

—¿Por qué no me escuchaste? —dijo, acercándose a mí. Sentí que mi mente ya no podía seguir con el control, y una risa desquiciada salió de mi boca. La chica nos miraba confundida, y mi cuerpo no podía dejar de temblar. Me tomé el estómago, tratando de detenerme, pero las lágrimas seguían cayendo en silencio.

—¿Por qué lo dices? —dije con ironía, intentando mantenerme firme. —¿Qué esperabas, Snif? ¿Que me pusiera a prepararte el desayuno mientras me restregabas en la cara cómo me jugaste? —bufé, la rabia acumulada saliendo a raudales. —Gracias, pero no gracias... —agregué, mirando a la chica, quien no podía ocultar la sorpresa en su rostro.




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