Gravedad Cero ( Trilogía Ferrer #1 )

58 - Maritza

Estaba algo confundida, la actitud de esa chica a veces era demasiado extraña.

Primero estaba feliz, luego molesta, después triste... O era muy buena actriz, o realmente estaba loca. Cada cambio de humor de Rebecca me dejaba más desconcertada, y, aunque trataba de entenderla, algo no encajaba. No sabía si debía preocuparme o solo dejar que todo siguiera su curso. Algo en mi interior me decía que esta historia apenas estaba comenzando, y no tenía ni idea de qué tan profunda sería.

Era de noche, algo así como las once o doce, y yo seguía en el despacho revisando algunos documentos de la empresa. Quería mantener todo en orden, estar al tanto de cada detalle. Aún no tenía sueño, el trabajo me mantenía concentrada, aunque mi mente no dejaba de regresar a lo que Rebecca me había contado. ¿Era todo verdad? ¿O solo una historia inventada?

De repente, mi nombre. La voz suave de Trixie me sacó de mis pensamientos. La vi desde la puerta del despacho, de pie, con una expresión seria en su rostro.

—Dime, bebé —le dije mientras apartaba la computadora para brindarle toda mi atención. Sabía que, si ella me necesitaba, debía concentrarme solo en ella.

Se acercó a mí y, con el rostro preocupado, comenzó a hablar.

—Aria está preguntándome mucho sobre él... —dijo, su tono grave y pensativo—. ¿Crees que él se dé cuenta? Ella es muy parecida a él... —su voz se quebró un poco al final, y sentí un nudo en el estómago. Caminó hacia mí y rodeó el escritorio mientras me miraba con ansiedad.

Noté su tristeza y me levanté para abrazarla. Ella siempre tenía esa vulnerabilidad, y a veces me preocupaba lo mucho que pensaba en cosas que, a su edad, no deberían preocuparle. Con cariño, le acaricié el cabello mientras le respondía.

—No te preocupes por eso, amor —dije con firmeza, tratando de calmarla, aunque algo en mi interior me decía que no todo sería tan sencillo como lo esperaba.

—Pero si él quiere quitárnosla por no decirle... —continuó, cada vez más angustiada—. Leí en uno de los libros de la biblioteca que si uno de los padres de un niño se da cuenta de su existencia, puede demandar por ocultarle la verdad y pedir la custodia de ella... —sus ojitos se cristalizaron y cambiaron un poco a un verde militar, reflejando todo el miedo que sentía. Tomé su rostro entre mis manos, obligándola a mirarme, y traté de infundirle algo de calma.

—Cálmate, amor, si eso llega a pasar, yo me encargaré de todo —le dije suavemente, besando la punta de su nariz. —No te preocupes por eso ahora, todo estará bien. No nos quitará a Aria. —Ella asintió, pero aún podía ver la preocupación en sus ojos. La cargué y la acomodé en mi regazo, como cuando era más pequeña, intentando darle algo de consuelo.

—Estás leyendo demasiados libros... —le dije en tono de broma para aliviar la tensión. Ella se rió suavemente, pero no parecía estar completamente tranquila.

—El kínder es aburrido, y me llevé algunos para leer allá... Todo lo que dicen ya lo sé —dijo, con una sencillez que me dejó sin palabras. Sabía que Aria era increíblemente inteligente, pero escucharla decir eso, como si fuera lo más normal del mundo, me dejó sin aliento. Se recostó en mi pecho y continuó. —Me interese en el tema de eso, por eso leí todos los de ese tipo de la biblioteca. Solo me falta uno ya. —Bostezó mientras decía esto, y me sorprendí aún más. ¿Cómo podía haber leído tantos libros, algunos de más de mil páginas, con tan solo nueve años?

La besé en la cabeza mientras movía la silla de un lado a otro, ayudándola a relajarse hasta que, por fin, se quedó dormida. Sonreí al verla tan tranquila, aunque el sentimiento de preocupación seguía rondando en mi mente. Aria estaba creciendo demasiado rápido, su intelecto era tan avanzado para su edad que a veces me aterraba. Me preguntaba si todo esto tenía algo que ver con ese lugar, ese "prototipo" que mencionaba de vez en cuando.

Suspiré pesadamente, aliviada de que, por lo menos, Trixie estuviera descansando un poco. Sabía que Aria no sería fácil de proteger, pero lo intentaría con todas mis fuerzas.

Me quité los tacones y me levanté con Trixie en brazos, saliendo del despacho en dirección al cuarto de Aria.

Al entrar, vi a mi pequeña dormida en la cama, rodeada de hojas y colores esparcidos por toda la habitación. También había libros tirados por el suelo, probablemente los que ella había sacado de la biblioteca. No pude evitar sonreír, aunque sabía que esto no podía seguir así por mucho tiempo.

Dejé a Trixie en un lado de la cama y recogí las cosas de Aria, poniendo todo en su lugar. Me coloqué entre ambas, con sus cabezas descansando en mis hombros. Las rodearon con sus brazos, como si intentaran aferrarse a mí para sentirse seguras. Besé la cabeza de cada una, sintiendo una paz momentánea.

Sonreí al verlas así, tan tranquilas, tan protegidas. No permitiría que nadie, ni siquiera Snif, pudiera destruir mi familia. No permitiría que ningún peligro se acercara a ellas.

—Todo estará bien —murmuré en voz baja, y cerré los ojos, sintiendo cómo el cansancio me envolvía. En poco tiempo, caí en los brazos de Morfeo, con el único deseo de que, al despertar, todo siguiera en su lugar.




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