Gravedad Cero ( Trilogía Ferrer #1 )

64 - Eros

El ruido del lugar y las voces de la gente me parecían lejanas. Algo en mi interior seguía buscando respuestas, aunque sabía que no las encontraría en ese momento.

Fue entonces cuando vi a Trixie, acompañada por Moisés y la mujer que había estado con ella antes. Una pequeña sonrisa se asomó en mi rostro al ver cómo Trixie saltaba alegremente, tomada de la mano de la mujer, mientras jugaba con las rayas del suelo. La imagen de Trixie, tan feliz y despreocupada, me dio una extraña sensación de consuelo. Si ella podía encontrar felicidad en medio de todo, quizás yo también podría encontrar mi camino de regreso a la paz.

—Esa es una niña muy linda —comentó Simon, embobado, mientras su mirada seguía a Trixie, que saltaba y jugaba con la mujer que la acompañaba. Sonreí levemente y asentí, aunque mi mente estaba aún atrapada en las palabras que había compartido con Maritza.

—Es Trixie —respondí, sin apartar la vista de ella. A pesar de lo que había dicho Simon, algo en mi interior me decía que no todo era tan sencillo. Aunque la niña era sin duda encantadora, la vida parecía no darme tregua últimamente.

Simon me miró, como si no estuviera convencido de mi respuesta.

—No te quedaste corto al decir que es muy linda —dijo, ahora con una sonrisa traviesa, y yo volví a asentir, sin poder evitar una ligera sonrisa ante su entusiasmo.

—Es otra que no me quiere ni ver —respondí con un suspiro, mis palabras teñidas por un dejo de frustración. La idea de que, al igual que Maritza, Trixie pudiera ver lo peor de mí me dolía más de lo que estaba dispuesto a admitir.

Simon, como siempre, no dejó pasar una oportunidad para bromear, y su sonrisa ladina me hizo saber que algo tramaba.

—¿Qué vas a hacer? —le pregunté, ya sabiendo que sus planes no siempre terminaban bien. Había aprendido a desconfiar de su naturaleza impulsiva.

—Ya verás —respondió, caminando rápidamente hacia ellos, sin esperar más explicación.

—No, detente, Simon —me quejé, viéndolo alejarse mientras una mezcla de desesperación y resignación se apoderaba de mí. Sabía que lo que estaba a punto de hacer no traería nada bueno, pero no podía hacer nada para detenerlo.

Suspiré pesadamente y lo observé mientras se acercaba a Trixie y sus acompañantes. Hablaron un poco, aunque la pequeña Trixie parecía más curiosa que interesada. Los otros dos, Moisés y la mujer, mantenían una postura más seria, como si ya supieran qué estaba a punto de pasar.

Vi cómo Simon se agachaba a la altura de Trixie, y lo siguiente fue aún más extraño. Con un gesto dramático, me señaló, haciendo que los tres voltearan hacia mí. Trixie, al parecer cansada de todo, roló los ojos en una clara muestra de exasperación. Pero luego, Simon juntó las manos como si estuviera pidiendo un favor, y Trixie, tras un suspiro, asintió mientras le decía algo en voz baja.

El pequeño festejo de Simon no pasó desapercibido. Como un niño que acaba de recibir un premio, su alegría parecía no tener límites. Los tres, a su manera, se rieron un poco, y yo no pude evitar preguntarme qué demonios había hecho ahora.

Simon besó la mejilla de Trixie con entusiasmo, levantándose del suelo mientras hacía una seña para que tomara su mano. Moisés dudó un momento, pero con una mirada de Trixie que no pasó desapercibida, asintió y tomó la mano de Simon. Los tres comenzaron a caminar hacia mí, y no pude evitar notar cómo ambos me miraban, especialmente Trixie, cuya expresión era mucho más seria y calculadora de lo que imaginaba.

La ropa de Trixie tenía un poco de sangre, lo que me hizo recordar que Maritza también había estado vestida con algo manchado. Recordé las complicaciones en el hospital y cómo todo había terminado en caos, pero mi mente no se centró en eso por mucho tiempo, porque ahora Trixie y Simon estaban cerca, caminando hacia un carro azul que estaba estacionado.

A medida que se acercaban, no pude dejar de notar que, aunque Trixie caminaba con una postura desafiante, Simon no dejaba de sonreír, casi como si todo estuviera bajo control. Pero entonces, vi la seriedad en los ojos de Trixie y su determinación al llegar a mí.

—Por fiiisss —dijo Simon, mirando a Trixie con una expresión suplicante. Trixie lo miró, claramente molesta, y con un movimiento rápido, soltó la mano de Simon y se plantó frente a mí. Mi curiosidad creció, pero no sabía lo que pasaría a continuación.

De repente, sin previo aviso, sentí un dolor punzante en mis partes nobles. Un golpe rápido y certero, y antes de que pudiera reaccionar, me encontré en el suelo, retorciéndome del dolor. El golpe fue tan sorpresivo que no pude evitar caer al suelo, desorientado y adolorido.

Simon, como un niño travieso, se echó a reír, disfrutando del momento más de lo que debería. Mi rostro reflejaba la mezcla de dolor y sorpresa, mientras Trixie me miraba con una expresión seria, pero con algo que parecía diversión en sus ojos. Me quedé allí, sobre el asfalto, mirando al cielo, sin poder moverme del todo mientras la risa de Simon seguía en el aire.

Trixie se había ganado una pequeña victoria, pero no sabía si me sentiría mejor o peor por ello.

Moises y la mujer estaban algo sorprendidos, pero al mismo tiempo, no pudieron evitar reírse bajo. La escena era tan inesperada que, incluso ellos, a su manera, parecían divertidos. La pequeña me miró seria por un momento, antes de acercarse rápidamente. Con sus manos, rodeó mi cuello y me abrazó, como si intentara mitigar el dolor que aún sentía en el cuerpo.

—El golpe por dañar a mi mami —dijo, aferrándose a mí mientras sus palabras salían entrecortadas. La tensión en su voz y en sus ojos era palpable, pero lo que me dejó sin palabras fue el siguiente susurro. —Y el abrazo porque te extrañé mucho, papi...

Su voz, rota, hizo que mi corazón se apretara. Sonreí, aún adolorido, y la rodeé con uno de mis brazos, no quería soltarla. A pesar de todo lo que había pasado, ese momento de cercanía con ella fue todo lo que necesitaba. Mi muñeca, mi pequeña Trixie.




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