Gravedad Cero ( Trilogía Ferrer #1 )

65 - Eros

Después de dejar a Simon en la empresa de mi padre, pasé el resto del día haciendo mis cosas, pero mi mente no podía evitar regresar a la conversación que tuvimos. La noticia de que Simon había conseguido el trabajo me alegró, a pesar de que no podía evitar preocuparme por él. Sabía que este era el comienzo de algo importante para él, pero también me preocupaba que su impulsividad pudiera complicarle las cosas.

Cuando llegué al departamento de Simon, toqué la puerta, y en apenas unos segundos, la puerta se abrió con una enorme sonrisa de Simon. Antes de que pudiera decir algo, me lanzó un abrazo que casi me derrapó hacia atrás.

—¡Me dio el trabajo, me lo dio Eros! —festejó como un niño, su alegría era tan genuina que no pude evitar reírme.

—¡Qué bueno! —respondí, sin dejar de reír. Se separó de mí, aún dando brincos de felicidad. No podía dejar de pensar en lo bien que le había ido, a pesar de sus inseguridades.

—¡Vamos a festejar! —dijo, aún sin perder la sonrisa. Asentí y salimos de su departamento.

Conduje hasta una pizzería que ambos solíamos frecuentar cuando queríamos celebrar algo. Mientras manejaba, Simon no dejaba de hablar de la entrevista, contándome todo lo que había sucedido. Me dijo que, a pesar de no tener un título universitario, el encargado de la entrevista había quedado encantado con su habilidad y experiencia. Lo llamaron pocas horas después para informarle que era el candidato más capacitado, pero que tendría que estudiar la carrera de marketing digital para poder ascender a un puesto más alto. Sin dudarlo, aceptó. En una semana comenzaría su nuevo trabajo, mientras gestionaba los papeles para inscribirse en la universidad.

Al llegar a la pizzería, entramos entre risas. La alegría de Simon era contagiosa, y no pude evitar sentirme feliz por él. Pero cuando entramos, su sonrisa se amplió aún más al ver a un grupo en una mesa cercana.

—¡Trixie! —llamó él, levantando la mano para saludar.

Me giré y vi a Trixie, Maritza, Aria y Nick sentados en la mesa. Nick estaba con su teléfono en la mano, distraído, pero las chicas se veían perfectamente bien. Aria, aunque con una pequeña venda en la nariz, lucía impresionante. Trixie, al ver a Simon, le dijo algo a Maritza, quien lo miró con algo de desconfianza, pero finalmente asintió.

Trixie se levantó de la mesa y corrió hacia Simon, abrazándolo con entusiasmo. Simon la abrazó de vuelta, claramente feliz de verla.

—¡Simón! —exclamó ella, mientras yo me quedaba allí, observando la escena con una sonrisa leve en los labios. Me crucé de brazos y, con un tono juguetón, no pude evitar quejarme.

—¿Y yo? —pregunté, haciendo un puchero. Trixie me miró con diversión antes de acercarse para abrazarme también.

—¡Tú también! —respondió, abrazándome con fuerza, como si no hubiera pasado tanto tiempo. Maritza, al igual que Aria, nos miraron confundidas.

—Mami, él es Simon, mi amigo —dijo Trixie, mirando a Maritza, quien sonrió amablemente. Simon, siempre cortés, le tendió la mano para saludarla. Maritza la aceptó y, con una sonrisa, correspondió al gesto.

Simon siempre fue de esa manera, encantador y capaz de hacer que cualquiera se sintiera cómodo en su presencia. Aunque había momentos en los que me hacía perder la paciencia, como cuando se metía en problemas o actuaba de manera impulsiva, no podía negar que su energía era algo que todos apreciaban. Y aquí estaba, en ese momento, demostrando una vez más por qué era mi mejor amigo.

¿Puedo? —preguntó Simon, mirando a Aria. Ella asintió con entusiasmo, y él se agachó a su altura con una sonrisa cálida. Mientras tanto, yo cargaba a Trixie, quien sonreía ampliamente, aferrándose a mi cuello con una ternura que me hizo sonreír también, sin causarme ningún daño, claro. Su pequeña risa era contagiosa, y sentí la calidez de su abrazo.

—Hola, Maritza —saludé mientras me acercaba a ella. Maritza me sonrió con una suavidad en su mirada que transmitía tranquilidad. Parecía encantada con la compañía.

—Hola —respondió ella, su tono amigable pero sereno. Aria no dejó de hablar con Simon con la misma emoción que tenía al principio, lo que hizo que Maritza, por un momento, dirigiera su mirada hacia su hija con cariño, observando su energía.

—Ella es Aria, mi segunda hija —dijo Maritza, con una sonrisa protectora.

Simon, sin pensarlo, se agachó un poco más y revolvió el cabello de Aria con suavidad, lo que hizo que ella estallara en una pequeña risa.

—Es muy linda —comentó Simon, mirando a Aria con una mezcla de sorpresa y admiración. —Sus ojos son hermosos, y es muy inteligente —añadió mientras mantenía su mirada en la niña, como si intentara capturar cada detalle de su personalidad. Maritza sonrió con un toque nervioso, asintiendo ante las palabras de Simon, pero algo en su gesto denotaba cierta reserva. Sin embargo, ella sabía que Simon solo hablaba con sinceridad.

Aria, en ese momento, pasó a Simon, tomándolo de la mano y acercándose a mí, mirándome desde abajo. Bajé a Trixie cuidadosamente, y observé a la niña con curiosidad. Aria me saludó con una sonrisa tímida pero cálida, extendiendo su pequeña manita.

—Hola —dijo ella, de una manera que me hizo sonreír. Tenía una energía tan inocente y pura. —Soy Aria Ferrer —continuó, mientras movía sus manitas y extendía una para estrechar la mía. Le sonreí y la tomé de la mano, en un gesto amistoso.

—Un gusto, señorita Aria Ferrer —respondí con una sonrisa amable. —Soy Eros Snif.

Maritza y Trixie nos miraban expectantes, mientras Simon sonreía de una manera cálida, observando la interacción entre Aria y yo. Después de unos segundos, miró a Maritza y luego a mí, como si leyera la escena con atención, echando un vistazo furtivo a Aria, que parecía encantada con todo lo que sucedía.

—Mami —llamó Aria a su madre, alzando su voz pequeña pero clara.

—Dime, princesa —respondió Maritza con una suavidad en su tono que dejaba ver lo cariñosa que era con sus hijas.




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