Gravedad Cero ( Trilogía Ferrer #1 )

66 - Eros

Antes de que pudiéramos movernos, Trixie interrumpió con una expresión molesta.

—Yo tengo problema con ello —se quejó Trixie, ganándose la atención de todos los presentes. Su tono no era tan serio como para ser rudo, pero sí claro y con un toque de desdén.

—¿Qué? ¿Por qué? —preguntó Aria, sorprendida y un poco molesta por la actitud de Trixie.

Sin darle mucha importancia, Trixie la ignoró y miró a Maritza directamente, sin cambiar su postura.

—Mamá, no —dijo con una expresión seria, casi rogando que no cambiara la situación.

Maritza la observó fijamente por unos segundos, y una sonrisa suave se dibujó en su rostro.

—No hay problema, amor —respondió con dulzura, como si ya supiera cómo manejar la situación. Luego nos miró a todos y asintió.

Ambos, Simon y yo, intercambiamos miradas y luego fijamos nuestra atención en la pequeña Trixie, que aún parecía contrariada por la propuesta.

—Sí lo hay, mamá. No —insistió Trixie, casi con tono de suplica, pero sin perder la compostura. La escena era algo divertida para todos, aunque la niña lo hacía con una sinceridad que tocaba un poco el corazón.

Maritza, sin perder su serenidad, sonrió y le guiñó un ojo, un gesto que la tranquilizó de inmediato.

—Yo me encargo, amor —dijo, y Trixie, al ver su respuesta, suspiró de manera resignada y asintió. Parecía que ya no había nada más que discutir.

—Bien —se rindió, y en cuanto lo hizo, Aria, entusiasmada, nos jaló hacia la mesa donde estaban sentadas. Las risas comenzaron de nuevo mientras caminábamos hacia allá, con Simon a mi lado, mostrando esa emoción característica que siempre tenía cuando se encontraba con gente nueva. A Aria le brillaban los ojos de emoción.

Nos sentamos los cinco en la mesa, mientras Maritza y Trixie seguían charlando en su propio mundo. Simon y yo pedimos otra pizza para nosotros, ya que las otras dos aún no llegaban. Durante ese tiempo, la conversación fluyó de manera bastante natural. Nos preguntábamos cosas unos a otros, comentábamos sobre nuestras experiencias, y las niñas se mantenían animadas con sus comentarios y bromas.

Simon observaba a Aria, primero curioso, y luego, como si fuera un niño más, se embobaba mirando a Trixie, quien saltaba y festejaba sin cesar. La emoción de las niñas era tan contagiosa que, sin darme cuenta, la incomodidad inicial comenzó a desvanecerse. Los chistes de Simon y la alegría de las pequeñas hicieron que la conversación fuera más fluida y divertida.

Había momentos en los que, entre las risas, hablábamos sobre situaciones pasadas, como el cumpleaños de Aria cuando cumplió dos años y aprendió a andar en triciclo. Maritza nos contaba cómo, desde entonces, su hija había mostrado una gran inteligencia y determinación. Su rostro se iluminaba al recordar esos momentos, y en sus ojos había un brillo especial que solo se obtiene al hablar de alguien a quien se ama profundamente.

Aunque al principio hubo algo de incomodidad, las bromas de Simon y la emoción de las niñas hicieron que todo fuera más relajado. Nick, que había estado sentado en una mesa cercana con su teléfono, también se unió a la conversación. Lo hizo con una sonrisa que mostraba su interés en lo que ocurría, y en poco tiempo todos estábamos involucrados en una animada charla.

El ambiente estaba lleno de risas, historias y la calidez que se crea cuando las personas se sienten cómodas entre sí. Todo transcurrió de manera tan natural que casi parecía que estábamos haciendo una reunión entre viejos amigos. La cena se alargó, y las horas volaron entre la comida y las bromas.

Finalmente, después de dos horas, Simon miró su reloj y nos informó que tenía que ir a trabajar. Todos nos levantamos de la mesa, y las despedidas llegaron con una mezcla de alegría y un toque de nostalgia, ya que todos nos habíamos divertido tanto. Sin embargo, era hora de seguir con nuestras rutinas, y Simon nos dijo adiós con una sonrisa, prometiendo que nos veríamos pronto.

Fue una noche divertida y llena de risas, pero también un momento especial de conexión entre todos.

Nos despedimos y salimos de allí hacia mi auto. El silencio que se había apoderado del ambiente era palpable, como si la noche misma nos envolviera en una calma extraña. Cada uno en sus pensamientos, hasta que fue Simon quien rompió el silencio con una frase que me tomó por sorpresa.

—Ella es tu hija —dijo, mirando al frente con una expresión seria. Lo miré, sin entender en un principio lo que estaba diciendo.

—¿Qué? —pregunté, mi mente aún procesando sus palabras.

Simon me miró de reojo, con una expresión molesta y cansada.

—Me sorprende lo estúpido que puedes llegar a ser —se quejó, su tono impregnado de frustración.

Mi mente todavía no daba crédito a lo que decía, así que repetí, esta vez con más confusión.

—¿Quién?

Simon me lanzó una mirada fulminante, como si pudiera matarme con la mirada. Fue un segundo, pero fue suficiente para que notara la seriedad en su rostro.

—Aria. Ella es tu hija… Las fechas coinciden. Saca cuentas, Eros —dijo con tono exasperado, como si ya no pudiera entender por qué no lo había comprendido antes.

Mi corazón dio un vuelco en mi pecho, y por un momento sentí que la respiración se me cortaba. No sabía cómo reaccionar, no estaba preparado para escuchar algo así. Sin embargo, no podía ignorar lo que acababa de decir, sobre todo cuando las piezas empezaban a encajar de manera inquietante.

—Me lo hubiera dicho —respondí, alejándome un poco, como si eso pudiera quitarme el peso de sus palabras.

Simon sonrió con una mueca de desdén y negó con la cabeza.

—El miedo que tuvo cuando ella se acercó a ti, la manera en que Trixie se negó, luego la pequeña charla que tuvieron... Siempre estuvo a la defensiva contigo —continuó, cada palabra cargada de una mezcla de frustración y certeza. —Eros, no hace falta ser un adivino. Se parece a ti. Los ojos azules seguramente son por otro familiar, pero... es idéntica a ti —concluyó, mirando fijamente, con los ojos clavados en mí.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.