Trixie Ferrer
Estaba feliz. No morí intentando despertar a papá, y si soy correspondida por Simón, pues... eso era lo que más deseaba, aunque sabía que las circunstancias no eran sencillas. Lo malo… Él se iba. Se iba por mí, aunque dijiera que era por su trabajo. Yo sabía la verdad: él ya era un hombre, tenía sus necesidades, y yo… yo era solo una adolescente estúpida, no humana.
El lobo de esa noche… jamás pude buscarlo. Mamá nunca preguntó por él, por todo lo que había pasado con papá. Ahora recordaba esos ojos ámbar que se mezclaban con miel. Eran esos ojos los que me perseguían, incluso cuando no los veía. La sensación que me recorría cuando estaba cerca de él, el deseo de entenderlo todo, me seguía donde fuera.
Ahora estaba en la cocina, buscando algo para comer mientras papá estaba en el baño, intentando recomponerse, y mamá en su cuarto, desmayada después de todo lo que había pasado… todo lo relacionado con eso. Ella sabía lo que era yo. Sabía que no era humana, pero ella pensaba que yo solo era uno de los niños a los que les provocaron las fallas.
Sin embargo, yo no era uno de esos fallos accidentales. Yo era la falla original, el primer intento. Por eso soy Prototipo 003, la tercera en esa maldita lista, un "error" perfecto. Porque no fui diseñada como los demás, ni fui creada por casualidad. Fui diseñada con un propósito claro: ser un experimento, una herramienta para alcanzar una perfección que ni ellos entendían. Un error perfecto, según ellos.
Los experimentos que nos hicieron, los que marcaron nuestra existencia, comenzaban a dibujarse con más claridad en mi mente con el pasar del tiempo mientras mi sistema se limpiaba solo de todas esas sustancias que contenía mi cuerpo.
Todo comenzó cuando mis células fueron alteradas, manipuladas con tecnología avanzada que no era de este mundo. Fue lo que me convirtió en lo que soy. Los científicos, que se veían tan fríos y calculadores, no se daban cuenta de que nos estaban creando con una mentalidad propia, con conciencia.
Nos usaron para experimentar con lo que ellos llamaban "mejoras", pero lo único que mejoraron fue su poder, su control sobre nosotros.
Mattew, Prototipo 002, era el primero que realmente entendió lo que pasaba. Su habilidad era inquietante, porque podía ver el destino de todos. Lo más aterrador, sin embargo, era su habilidad de poseer el cuerpo de cualquier persona, de controlarlo al menos por un minuto. Nadie entendía bien cómo funcionaba, pero él lo hacía, y lo usaba para sobrevivir en ese entorno tan hostil. Antes de que nos separaran, Mat y yo éramos inseparables. Él me enseñó a controlar lo que podía hacer, aunque no entendiera por completo lo que sucedía dentro de mí. Ambos eramos experimentos, él era el hermano que había perdido.
El laboratorio en el que crecimos no era más que una prisión. Los otros cuatro prototipos, todos con habilidades modificadas, eran una mezcla de descontrol y potencial. Pero yo era diferente. Mi habilidad no era tan tangible como la de Mat.
Mi falla, mi “habilidad”, era algo más… algo que incluso los científicos no comprendían. El protocolo original para los prototipos era simple: tomar a un niño o niña, alterarlo genéticamente, y estudiar cómo sus habilidades podían ser controladas. Pero el problema era que nadie esperaba que estos "fallos" se convirtieran en algo más. No éramos simplemente monstruos. Éramos seres con conciencia, con deseos propios.
Mattew fue el primero que se dio cuenta de todo. Él había visto la verdad antes que todos, cuando los hombres de Maritza nos emboscaron.
Recuerdo claramente ese momento. A pesar de las advertencias, Mat no me dejó sola. Sabía que ella llegaría, y yo no podía quedarme atrás. No quería quedarme atrás.
Cuando la emboscada ocurrió, el caos se desató. Yo corrí con toda la fuerza que pude reunir, como si mi vida dependiera de ello, hacia esa bella mujer de cabello castaño y chaqueta blanca, Maritza.
Ella era parte del plan, parte de la razón por la que todo había comenzado. Y como si nada, como si los disparos que me rozaban no significaran nada, ella corrió hacia mí, sin importar los riesgos, sin preocuparle que mi propio padre me disparara para evitar que me acercara a ella. La confusión era absoluta, pero ella lo entendió. La luz verde para todo, la chispa que encendió el caos, fue mi huida hacia Maritza.
Mi padre, el que debía cuidarme, disparó. No entendía, nunca entendió lo que realmente era, era algo que anhelaba con desesperación, sobrevivir.
Y Maritza no le temió a nada. Se lanzó hacia mí, indiferente a los disparos que rondaban su cabeza, y me abrazó. No importaba quien me estuviera disparando. Maritza era la única que no me veía como un experimento, como un fallo. Porque no lo sabía y eso era lo que necesitaba. Ella vio lo que realmente era, lo que los demás no querían ver. Algo con deseos de vivir.
No me abandonó, y eso fue lo que marcó la diferencia. Fue el momento en que todo se desbordó.
Maritza me levantó del suelo mientras el caos nos envolvía. No importaba lo que pasara después. Sabía que no era solo una víctima de los experimentos. Sabía que algo mucho más grande que eso estaba por suceder. Ahora no era solo cuestión de sobrevivir. Era cuestión de luchar, de descubrir quiénes éramos realmente, y de encontrar respuestas a lo que nos habían hecho.
— Muñeca— me llamó papá al entrar a la cocina, sacándome de mis pensamientos. Lo miré.
—Dime, papi —le sonreí. Él sonrió también, acercándose a mí.
—Estás enorme, muñeca —dijo, colocándose frente a mí y besando mi frente. Era más alto que yo, casi tan alto como Simón. Sus palabras me hicieron suspirar, sintiendo cómo su presencia volvía a ocupar mis pensamientos.
—¿Está mal quererlo? —pregunté, apoyando mi cabeza en su pecho. Mi voz se quebró mientras apretaba con fuerza la lata de papitas que había tomado. Acarició mi espalda, y la lata se dobló bajo la presión, haciendo trizas algunas de las papas. —No soy normal, él tampoco lo es... ¿Cuál es el problema?, ¿Por qué me abandona? —mi voz se quebró mientras las lágrimas amenazaban con caer. Sentía como si todo se me viniera abajo. —Toda mi vida crecí pensando que solo eran pensamientos irracionales hacia el amigo de mi papi... —cerré los ojos, la visión borrosa por las lágrimas acumuladas. Suspiró pesado y besó mi cabeza.
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Editado: 15.07.2026