Grito Del Corazón #5

Capitulo 1

ERIN.

—Por más que queramos estar juntos, no nos van a dejar — le digo a Dimitri, afuera de la casa Sullivan.

Es la primera vez que vengo a la famosa casa Sullivan. Donde viven Jordan, Travis, Tobías y Viktor con sus Muñecas. Donde todos dicen que la familia es lo más importante.

—Si no lo intentamos, no lo vamos a saber — me dice Dimitri, apretándome la mano.

Dimitri es distinto a sus hermanos. No es deportista como Jordan, no es el presidente como Travis, no es el rebelde de moto como Viktor, no es el celoso como Tobías. Dimitri es el callado. El que heredó la empresa Sullivan. El perfecto. El que nunca desobedece.

Hasta que me conoció a mí en la biblioteca. A mí, Erin, becada, que limpio mesas en la cafetería del colegio para pagar los libros.

Adentro nos están esperando. Toda la familia Sullivan. La mamá Sullivan, el papá Sullivan. Y los 4 hermanos con sus novias: Brenda, Vanessa, Irina y Olivia.

Todos me miran. Olivia me sonríe porque ella también fue la nerd. Pero la mamá Sullivan no.

— Erin — dice la mamá Sullivan, seria—. Queremos a Dimitri. Y por eso tenemos que ser sinceros. Nuestros hijos siempre terminan con Muñecas. Con chicas de buena familia. Como Brenda, como Vanessa, como Irina, como Olivia, que aunque era nerd, tiene familia presente. Vos... vos no tenés a nadie, Erin. Sos sola. Trabajás. No sos lo que queremos para el heredero de la empresa Sullivan.

El papá sigue:

— Dimitri va a tomar la empresa a los 18. Ya está comprometido con la hija de los Lancaster. Es un acuerdo desde niños. No puede estar con alguien que... que no está a su altura.

Miro a Dimitri. El chico que anoche me dijo que íbamos a intentarlo.

— Dimitri, decile — dice su mamá—. Decile que es lo mejor. Que si la querés, la dejás.

Dimitri aprieta mi mano abajo de la mesa. Y por un segundo creo que me va a soltar. Que va a ser el hijo perfecto otra vez.

Pero no.

Se levanta. Tira la silla. Y por primera vez en la historia de los Sullivan, el hijo perfecto grita.

— ¡NO! — grita Dimitri—. ¡No me voy a casar con una Lancaster que no amo! ¡No voy a dejar a Erin porque trabaja! ¡Yo me enamoré de ella desde el primer momento que la vi limpiando una mesa y sonriéndome igual! ¡Y si no me dejan estar con ella, no me interesa la empresa! ¡No me interesa ser Sullivan si ser Sullivan es dejar a la persona que amo!

Toda la casa se queda muda. Viktor, el delincuente, lo mira orgulloso. Tobías, el celoso, aplaude bajito.

— El corazón — dice Dimitri, mirándome y gritando para que toda su familia escuche—. Si no escuchas al corazón hablar, lo oirás gritar. Y el mío está gritando ahora. ¡Está gritando ERIN!

Me agarra de la mano y me saca de la casa Sullivan. Corriendo. Dejando a todos sus hermanos y a sus papás atrás.

Afuera, contra la reja, me besa. Con rabia. Con amor. Con grito.

— Ya intentamos — me dice—. Ahora ya saben. Ahora que intenten separarnos.

Y en la ventana, la mamá Sullivan mira. Y no está enojada. Está asustada. Porque por primera vez, un Sullivan desobedeció por amor. Y no fue el delincuente. Fue el perfecto.



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En el texto hay: amistad amor celos

Editado: 29.08.2026

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