DIMITRI SULLIVAN.
Sábado. 20hs. Mansión Sullivan.
Abajo hay 100 personas. Los Lancaster. Mi mamá y mi papá con traje de gala. Chloe Lancaster con vestido blanco de novia sin ser novia todavía.
Y mis 9 hermanos formados como soldaditos:
Jordan, Travis, Tobías y Viktor con sus Muñecas — Brenda, Vanessa, Irina y Olivia — con cara de "acá se pudre todo".
Y atrás, los chiquitos: Phoenix, Denver, Nicolás, Chandler y Dallas. Con moñito. Phoenix me busca con la mirada. Yo le hago una seña: no estoy.
Porque no estoy. Estoy en la cocina, con el traje puesto, con el celular en la mano.
Erin: Ya cerré la cafetería. Estoy sola. Si no venís, entiendo.
No. No vas a estar sola.
Me saco el saco. Lo dejo en la mesada. Salgo por la puerta de atrás. Corro 6 cuadras con zapatos caros hasta la cafetería del colegio.
Erin está ahí. Con su uniforme de siempre. Con dos cafés fríos en la mesa. Esperándome igual.
— ¿Dimitri? — dice, viendo mi traje—. ¿Qué hacés acá? ¡Tu gala!
— Mi gala está acá — le digo—. Dejé a Chloe plantada. Dejé a los Lancaster. Dejé a mis papás. Porque si no escuchas al corazón hablar, lo oirás gritar. Y el mío está gritando tu nombre desde ayer.
En la mansión Sullivan - 20:15hs
PHOENIX SULLIVAN.
Yo estoy en la escalera. Soy un pan de dios, jamás lastimé a nadie de ninguna manera, pero hoy voy a tener que lastimar a alguien con la verdad.
Mi papá grita:
— ¡¿DÓNDE ESTÁ DIMITRI?!
Chloe Lancaster tira la copa al piso. Se rompe.
— ¡Me dijo que iba a bajar! ¡Me dejó plantada!
Mi mamá está blanca. Mi papá rojo.
Y los chiquitos — Denver, Nicolás, Chandler y Dallas — me miran a mí. Porque yo soy el sexto, el mayor de los chiquitos. Si yo hablo, ellos hablan.
Respiro. Nunca hablé delante de toda la familia. Nunca.
— Se fue con Erin — digo bajito, pero todos escuchan porque la casa está en silencio—. Porque la ama. Y hace bien.
— ¡¿QUÉ?! — grita mi papá—. ¡Phoenix!
— Es verdad — digo, y aunque me tiembla la voz, no paro—. Yo lo vi en la biblioteca. Como la mira. Como Jordan mira a Brenda. Como Travis mira a Vanessa. Como Tobías mira a Irina. Como Viktor mira a Olivia. No es una distracción. Es amor. Y Dimitri es el más valiente de todos nosotros. Porque todos ustedes se enamoraron y la familia al final los apoyó. A él no. A él lo quieren casar sin amor. Y él, que es el perfecto, que jamás desobedeció, se animó a gritar. Yo, que jamás lastimé a nadie, no voy a dejar que lo lastimen a él ahora.
Jordan Sullivan se para. Jordan, el mayor de los 10.
— Phoenix tiene razón — dice—. Yo grité por Brenda y me apoyaron. ¿Por qué a Dimitri no?
Viktor, con su campera, se para también:
— Mi hermano delincuente pegó 50 papeles por Olivia y me aplaudieron. Dimitri rompe una invitación por Erin y lo quieren colgar. No es justo.
Uno por uno, los 4 grandes se paran del lado de Phoenix.
Denver, Nicolás, Chandler y Dallas, los más chiquitos, se paran atrás mío. Dallas, dice.
— Si Dimitri no puede elegir a quien amar, nosotros tampoco vamos a poder. Yo quiero estar del lado de Dimitri.
La gala Lancaster-Sullivan queda vacía. Los Lancaster se van furiosos. Chloe grita: ¡Van a pagar por esto!
Mi mamá se sienta en la escalera y llora. No de enojo. De miedo. Porque por primera vez en la historia de los 10 hermanos Sullivan, 9 hermanos se pusieron contra los papás por 1.
Por Dimitri.
ERIN.
En la cafetería, a las 21hs, tomamos café frío con Dimitri, él de traje y yo de uniforme.
Su celular suena. Es Phoenix.
Dimitri atiende en altavoz.
— ¿Hola? — dice Phoenix—. ¿Erin está ahí? Dile que los chiquitos la esperamos en casa. Que ya tiene familia. Que somos 9 defendiéndola. Bueno, 10 con Dimitri. Que es un pan de dios que jamás lastimó a nadie, pero que por ella sí peleo.
Yo lloro. Por primera vez desde que empezó todo, lloro de felicidad.
Porque entendí. No somos Erin y Dimitri contra los Sullivan.
Somos Dimitri, Erin, Phoenix, Denver, Nicolás, Chandler, Dallas, Jordan, Travis, Tobías y Viktor contra el mundo.
10 hermanos. Y ahora, una becada.
El grito se escuchó.