Su realidad actual presentaba un cuadro sintomático grave: sobredosis de hombres testarudos, déficit agudo de paciencia y un inicio de semana estadísticamente insalvable.
Terminar atrapada en un territorio desconocido, rodeada por un ejército de hombres implacables en los que no confías ni un cabello, ya es un pésimo inicio de semana.
Tener que negociar su libertad con un guerrero de mirada severa y cuerpo tallado por los dioses ya rozaba los límites del entendimiento.
¿En qué momento firmé los términos y condiciones de esta absoluta porquería de vida?
Ella no lo sigue por gusto, ni por rendición. Se mueve por un motivo mayor y la absoluta certeza de que hay personas bajo su mando que dependen de su astucia para seguir respirando.
Él, por su parte, cree que tiene el control de la situación, pero no tiene ni la menor idea de cómo lidiar con la chica de rizos salvajes que se niega a bajar la cabeza y quedarse al margen.
El trato fue simple, hostil y firmado de mala gana: ella entrega el conocimiento estratégico que posee del enemigo y a cambio él promete ayudarla a rescatar a su gente.
Aquí cada interacción es una prueba. Cada silencio... una acusación.
Bienvenido a las grutas de basalto. Donde los límites están marcados con sangre y la voluntad tallada en acero.