Lo último que me esperaba al regresar de una misión era encontrar mi salón hecho un desastre y a mis alumnos en la enfermería.
Sentí el pulso latir en mi sien.
Dos de los niños a los que cuidaba apenas tenían seis años y sus caritas llenas de aruños y quemaduras no podían quedar impunes.
Al cruzar el corredor, los vítores de los adolescentes en entrenamiento resonaron.
Eran el grupo nuevo. La fracción Ámbar
Empujé las oscuras puertas de madera con fuerza, atrayendo la atención de la mayoría.
El salón estaba abarrotado.
Al entrar nos recibió el olor a sudor y los sonidos amortiguados de los pasos sobre la lona. Los vitores habían parado de golpe.
Los adolescentes nos miraron con curiosidad, los murmullos empezaron a recorrer el salón.
No era la primera vez que me cruzaba con ellos, pero está iba a ser nuestra primera interacción directa.
Mi ira creció al verlo sobre la plataforma de combate, sin importarle ni un poco la cara casi morada del chaval bajo su brazo, a quien le estaba aplicando una llave al cuello con mucha mas fuerza de la que necesaria.
Al deparar en mi mirada esbozó una sonrisa burlona, su lenguaje corporal demostraba que sabía perfectamente porque me encontraba allí.
Eso solo confirmó mi teoría.
A éste loco le gustaba jugar con fuego, apreté la mandíbula.
Conocía a pocas personas que buscaran los madrazos con tanta abnegación.
Oí a más de uno contener la respiración. Miré brevemente a los estudiantes; todos eran adolescentes, muchos no pasaban de los 15 años.
Los escaneé brevemente de pies a cabeza, al final aparté la mirada, sin revelar mis pensamientos.
La carencia del artefacto metalico en su antebrazo me dejó un sabor agridulce en la boca.
Todos ellos estaban sin los brazaletes inhibidores, un peligro. la cereza del pastel era que se encontraban bajo la tutela directa de aquel moreno insensato.
En pocas palabras, un mono con muchos cuchillos andaba suelto y a nadie le importaba.
Al ver que mi mirada volvía a caer en él, soltó al muchacho, éste se arrastró fuera de su alcance a una velocidad impresionante para alguien que estaba a punto del desmayo.
Me aproximé a menos de un metro del moreno oji azul, su piel estaba ligeramente perlada por el sudor.
— hola, preciosa. —Su coquetería solo acrecentó el latir de mi sien.
—¿Eres idiota? —Pregunté con genuina curiosidad.
—Vaya alguien está agresiva.—
¿Esa era la frase del día?
—Agradece que todavía conservo algo de educación. Cosa que no puedo asegurar conservar por mucho tiempo. —
—¿Que te trae por aquí. —
—Nada en especial. — empecé a caminar al rededor de la lona sin quitarle la mirada de encima, sus cabellos, bastante más largos que el de los demás se encontraba recogido en pequeñas trenzas. —Acabo de llegar que una misión un tanto riesgosa, y me pareció curiosa una situación que aconteció en mi ausencia.
Sus ojos escaneaban mis movimientos con burla.
—Me llenan de intriga tus palabras.—
Incliné la cabeza interrogante. —¿ha sí?
Me detuve frente a un grupo de estudiantes cubiertos de rosetas.
Volví mi mirada a Carter
— He de considerarte temerario, pocas personas se atreven a entrar en el area de los latentes, mucho menos para demostrar tan exuberante falta de huevos. — Ya me estaba cansando de hablar.
No pude ocultar mi asco al verlo escupir fuera de la lona —He de decir que estoy sorprendido, nunca esperé que tus esbirros estuviesen tan bien equipados. —
Hijo...de puta.
—Utilizaste de diana a mi fracción —No fue pregunta, fue una sentencia clara y concisa.
Se pasó una mano por la quijada pensativo —Para ser precisos solo fue una pequeña parte de tu fracción. El resto salió corriendo. —Sus ojos brillaron con burla, como si hostigar solo a una parte de los niños fuese un mérito digno de admirar. —Son bastante escurridizos.
Con un salto rápido me subí a la lona.
No vio venir mi movimiento.
Con el mismo impulso le lancé un derechazo al pómulo.
El dulce sonido de su trasero al impactar contra la lona casi aliviaba el dolor sordo que sentí en la muñeca.
Mierda, todavía podía mover mi mano... le debí haber dado con más fuerza.
Sus ojos claros ardían cuando se giró en mi direcciópn. Un fino hilo de sangre brotaba de su boca.
Se levantó preparándose para atacar —No sabes en qué te metiste preciosa —su expresión ya no era ni de cerca burlona, lo había enfurecido.
Dio tres vueltas a mi alrededor, al no ver cambio en mi postura, atacó.
Sus movimientos eran bastante limpios, pero priorizaba la fuerza sobre la precisión, he ahí su error.
Me lanzó otro golpe.
Mi ventaja era la velocidad, si no quería terminar en la enfermería más me valía mantenerme en movimiento.
Mientras ninguno de sus golpes me acertara, estaría bien.
Se dio cuenta que atacar a lo loco no le serviría, detuvo sus pasos.
—¿No sabes las reglas de este lugar? —pregunte ahora siendo yo quién danba vueltas a su alrededor. Era imposible que no supiese las reglas, nos las graban en el alma antes siquiera de aprender a andar correctamente.
Atacar a otra fracción estaba estrictamente prohibido.
Esta Regla que aquel insensato se había pasado directamente por la raja. Peor aun, causar daño físico a un no despertado (menores de 12 años) era ponerse un cartel que decía "me sobran los dientes" directamente en la frente.
—Sabes linda. Hay a algunos que nos dan ciertas libertades. — señaló brevemente a su fracción, la referencia a la falta de sus brazaletes quedó implícita en su gesto.
Luego del despertar los adolescentes eran inmediatamente puestos bajo la contención de los brazaletes inhibidores. No era opcional.
Pero al parecer los superiores tenían cierto favoritismo.
Maldito nepotismo.
El segundo golpe lo acerté justo debajo de sus costillas, con un poco menos fuerza de la deseada, pero, la suficiente para hacerlo trastabillar. Sin darle tiempo de reacción pateé su espalda. Casi logré ponerlo a oler la lona.