El eco de los murmullos aún vibraba en el aire mientras me alejaba del salón de duelos.
Mierda.
La punzada en las costillas había hecho acto de presencia, el malestar que generaba el flujo de energía en mis venas clamaba por salir.
Destellos dorados eran visibles en mis palmas.
Mi pequeña rabieta había triplicado la energía acumulada en mi cuerpo, esta no sería una buena noche.
Tratando de liberar tensión solté un poco las correas de mi chaleco.
Por allí dicen que el arrepentimiento llega después de un rato...
Nap.
Que va.
Yo no me arrepentía.
Es más, hasta me provocaba volver a la sala a darle más muestras de afecto.
Nada quita mejor el cabréo que una buena sesión de terapia afectuosa.
—Menudo espectáculo Dulzura —Lo miré mal, no me gustaba el apodo.
Zefir se encontraba apoyado en la pared exterior del salón, su presencia irradiaba superioridad.
Con tranquilidad me quité el arnés con las dagas consentrándome en cualquier cosa que me hiciese olvidar el pequeño malestar. —Sip. Fue profundamente terapéutico.—
Zefir alzó una ceja escéptico.
Las personas empezaron a desalojar el lugar de forma desordenada. A pesar de eso el pasillo seguía silencioso
Todos eran adolescentes hormonales, pero este no era un patio de juegos, y ellos lo sabian. Aquí cualquier movimiento en falso podía acabar con tu vida.
Para sobrevivir había que tratar de ser lo menos llamativo posible y saber controlarse.
Que ironía, yo era el peor ejemplo de ello.
Un grupo de jovencitas soltó suspiros soñadores al ver al pelinegro que caminaba a mi lado.
Zefir era un galán.
Bastó una mirada fría de su parte para que el grupo antes risueño se esfumara en un instante.
Cálmate Liliana. Reírte de los demás no está bien.
Divisé una melena rojiza al final del pasillo, sus pasos rapidos se dirigían en nuestra dirección.
Miré a los lados buscando una salida.
Mierda. Mierda. Mierda. Y mas mierda.
No había a dónde ir.
Cerré los ojos un segundo y busqué toda la escasa paciencia que habitaba en mi sistema.
Al abrir los ojos mi expresión estaba en blanco.
Zefir siseo a mi lado. Previniendo lo que venía, discretamente dio un paso atrás.
Traidor
Le lancé una mirada mortal.
—¿Era necesario romperle la cara?— Ese fue su primer comentario.
Respiré hondo.
Aquel torbellino rojo intentó tomarme del brazo para caminar. — últimamente no llegan muchos hombres guapos a la sede.—
La sacudí de mi brazo, se engancho con más fuerza.
Oí a Zefir bufar, tal vez ofendido por el comentario o simplemente por lo absurdo de la pregunta.
Como líder de asalto y operaciones Zefir poseía una posición superior a la pelirroja, y si hubiese querido, con una simple palabra bastaría para alejarla. Pero no.
Estaba segura que disfrutaba mi sufrimiento.
Suprimí una mueca e inhalé con profundidad.
Antes de que pudiese abrir la boca y decirle de forma "educada" que me soltara, un manotazo retiro aquel brazo que se aferraba a mi.
Xain se posicionó a mi lado de manera protectora.
... Sip yo era una experta en no llamar la atención.
Todos en el pasillo nos miraron con atención. Tener a Zefir de un lado y a Xain del otro, no ayudaba en nada a la discreción.
La pelirroja los miró con intensidad y como si no hubiese pasado nada siguió hablando. — tal vez tu no lo notes teniendo a estos dos siempre al lado, pero el resto de nosotras no tenemos a alguien guapo. Pudiste dejarle la cara tranquila... (siguió su monólogo)
¿La estaba escuchando?
Claro que no.
Acelere el paso para dejarla atrás.
—... pudiste romperle una pierna, fracturar una mano, ¿por qué la cara...— No quería seguir escuchando.
Gracias a ella la mayoría se había metido en uno que otro problema.
Problemitas que, en el menor de los casos terminaban en una amputación.
Cabía destacar que mi paciencia con su constante intromisión en los asuntos ajenos era bastante escasa.
Había visto víboras con menos veneno.
¿El pasillo se había alargado? Todavía no veía el final.
El ojo de Xain empezó a temblar.
—... pero en serio ¿tanto jaleo era necesario? Escuche que la fracción granate solo sufrió raspones. Dejaste al pobre Carter sin unos dientes...—
El rubio no resistió más. — ¿te preocupa un diete linda?. —Dejó que sus palabras cayeran con peso. —Tengo bajo mi tutela a la fracción Amaranto.
Los ojos ámbar de Xain se clavaron en Olivia con intensidad —Yo no me ando por las ramas. Se meten con mi sección y mañana aparecen los pedazos en alguna parte del valle de las serpientes.—
En este lugar las muertes eran tan comunes como la salida del sol. Tropezarse con un cadáver era una eventualidad más del día a día.
Mientras los niños no fallecieran por nuestra mano. el resto era libre de matarse, los tutores teníamos la función de impedir que esto ocurriera tan a menudo.
En este momento la único tutor que tenia a una sección latente era yo, y haría lo que estuviese en mis manos para mantenerlos a salvo.
Al menos el tiempo que pudiese...
Despejé la mente y solté mis manos, en algún momento las había empuñado por la impotencia.
Xain miraba a Olivia con resentimiento.
Esto no terminaría bien si seguía así.
Le pellisquéla punta de la oreja para llamar su atención.
Frunció el ceño en mi dirección. —Espero que no te moleste, mañana en la tarde me pasaré un rato a ver a los Amaranto.—se llevo una mano a la oreja mientras escuchaba mis palabras.
Lo de ir a visitar su sección no eran palabras vacías para distraerlo, de verdad quería ir a su salón.
Después de la ayuda que me habían brindado, lo menos que podía hacer era darles una visita... y conseguirles algo bueno.
Su gesto cambió, una sonrisa brillante apareció en su rostro. — Creo que a los Amaranto les agradas más tú que yo—