El eco de los murmullos aún vibraba en el aire mientras me alejaba del salón de duelos.
Todavía sentía el sabor metálico de la sangre en mi boca.
Mierda.
La punzada en las costillas apareció otra vez,
el malestar que generaba el flujo de energía en mis venas se retorcía clamando por salir. Durante la pelea lo había podido controlar, en cambio ahora, con la adrenalina bajando, destellos dorados eran visibles en mis palmas.
Mi pequeña hazaña había triplicado la energía acumulada en mi cuerpo, respiré profundamente, esta no sería una buena noche.
Para liberar tensión solté un poco las correas de mi chaleco.
No disfrutaba el combate pero tenía que admitir que era realmente buena en ello, solo al idiota de Carter se le había ocurrido buscar problemas precisamente conmigo.
Un movimiento a mi derecha me hizo voltear.
Zefir se encontraba apoyado en la pared exterior del salón, su presencia resaltaba sobre las rústicas piedras basálticas.
—Menudo espectáculo Dulzura —Le lancé una mirada pesada, no me gustaba el apodo, es más, no me gustaba ninguno de los apodos que se empeñaba en ponerme.
Con un movimiento brusco solté el arnés con las dagas del uniforme. —Sip. Fue profundamente terapéutico.
Negó con la cabeza como si se resignara con mi persona. — Sería más sencillo cuidar una ameba.
— Deberías de conseguirte una, nunca es mal momento para agregar otro animal inútil a nuestras filas.
Bufó divertido.
Las personas empezaron a saturar el corredor, esta fue nuestra señal para seguir nuestro camino.
La mayoría eran adolescentes hormonales, a pesar de eso, el pasillo seguía siendo silencioso, este no era un patio de juegos, y ellos lo sabían. Aquí cualquier movimiento en falso podía acabar con tu vida.
Para sobrevivir había que tratar de ser lo menos llamativo posible y saber controlarse.
Qué ironía, considerando lo que acababa de suceder, yo era el peor ejemplo de ello.
Un grupo de jovencitas soltaron suspiros soñadores al ver al pelinegro que caminaba a mi lado.
Trague para evitar reír.
Zefir era un galán.
Bastó una mirada fría de su parte para que el grupo antes risueño se esfumara en un instante.
Divisé una melena rojiza al final del pasillo, sus pasos rápidos se dirigieron en nuestra dirección.
Miré a los lados buscando una salida, de repente la habilidad de mimetizarse con el entorno no parecía tan inútil.
Mierda. Mierda. Mierda. Y más mierda.
No había a dónde ir.
Cerré los ojos un segundo y busqué toda la escasa paciencia que habitaba en mi sistema en aquel momento.
Al abrir los ojos, mi expresión estaba en blanco.
Zefir siseó a mi lado. Previniendo lo que venía, discretamente dio un paso atrás.
Traidor.
Le lancé una mirada mortal.
—¿Era necesario romperle la cara?—
Respiré hondo.
Aquel torbellino rojo intentó tomarme del brazo para caminar. — últimamente no llegan muchos hombres guapos a la sede.—
La sacudí de mi brazo, se enganchó con más fuerza.
Oí a Zefir bufar, tal vez ofendido por el comentario o simplemente por lo absurdo de la pregunta.
Como líder de asalto y operaciones Zefir poseía una posición superior a la pelirroja, y si hubiese querido, con una simple palabra hubiese bastado para alejarla. Pero no.
Estaba segura que disfrutaba mi sufrimiento.
Suprimí una mueca e inhalé con profundidad.
Antes de que pudiese abrir la boca y decirle de forma "educada" que me soltara, un manotazo retiró aquel brazo que se aferraba a mi.
Xain se posicionó a mi lado de manera protectora.
... Sip yo era una experta en no llamar la atención.
Todos en el pasillo nos miraban con atención. Tener a Zefir de un lado y a Xain del otro, no ayudaba en nada a la discreción.
La pelirroja los miró con intensidad y como si no hubiese pasado nada siguió hablando. — tal vez tú no lo notes teniendo a estos dos siempre al lado, pero el resto de nosotras no tenemos a alguien guapo. Pudiste dejarle la cara tranquila...
Siguió su monólogo.
¿La estaba escuchando?
Claro que no.
Acelere el paso para dejarla atrás.
—... pudiste romperle una pierna, fracturar una mano, ¿por qué la cara...— No quería seguir escuchando.
Gracias a ella la mayoría se había metido en uno que otro problema.
Problemitas que, en el menor de los casos terminaban en una amputación.
Cabía destacar que mi paciencia con su constante intromisión en los asuntos ajenos era bastante escasa.
Había visto víboras con menos veneno.
¿El pasillo se había alargado? Todavía no veía el final.
El ojo de Xain empezó a temblar.
—... pero en serio ¿tanto jaleo era necesario? Escuché que la fracción granate solo sufrió raspones. Dejaste al pobre Carter sin unos dientes...—
El rubio no resistió más. — ¿te preocupa un diente linda?. —Dejó que sus palabras cayeran con peso. —Tengo bajo mi tutela a la fracción Amaranto.
Los ojos ámbar de Xain se clavaron en Olivia con intensidad — Liliana fue bastante benevolente. En su posición yo hubiese hecho algo mucho peor. Se meten con mi fracción y mañana aparecerían los pedazos en alguna parte del valle de las serpientes.—
En este lugar las muertes eran tan comunes como la salida del sol. Tropezarse con un cadáver era una eventualidad más del día a día.
Mientras los niños no fallecieran por nuestra mano. El resto era libre de matarse, los tutores teníamos la función de impedir que esto ocurriera tan a menudo.
En este momento el único tutor que tenía a una fracción latente era yo, y haría lo que estuviese en mis manos para mantenerlos a salvo.
Al menos el tiempo que pudiese...
Despejé la mente y solté mis manos, en algún momento las había empuñado por la impotencia.
Xain miraba a Olivia con resentimiento.
Esto no terminaría bien si seguía así.
Le pellizqué la punta de la oreja para llamar su atención.
Frunció el ceño en mi dirección. —Espero que no te moleste, mañana en la tarde me pasaré un rato a ver a los Amaranto.—se llevó una mano a la oreja mientras escuchaba mis palabras.
Lo de ir a visitar su sección no eran palabras vacías para distraerlo, de verdad iría a su salón.
Después de la ayuda que me habían brindado, lo menos que podía hacer era darles una visita... y conseguirles algo bueno.
Un par de bombas y somníferos nunca eran innecesarios.
Su gesto cambió, una sonrisa brillante apareció en su rostro. — Creo que a los Amaranto les agradas más tú que yo—
Bufé divertida. Xain impartía entrenamiento físico, era comprensible la preferencia de los pubertos.
Tampoco le tendría especial cariño al hombre que me hacía vomitar los pulmones cada mañana.
—Tu combate fue bueno pero... si el objetivo era noquearlo ¿No pudiste dejarlo inconsciente en el primer golpe? —
Y tenía que hablar.
Una astilla tenía más instinto de supervivencia.
Suspiré
La vena dormida en la frente de Xain volvió a despertar.
Eso era lo que quería evitar.
Su problema con ella era personal.
Su mera presencia lo repelía.
—Dime pelirroja. ¿Tú eres así de nacimiento o tanto papeleo ya te causó daño permanente? —Ella pertenecía a la sección de finanzas y adquisiciones.
— Solo digo...—
—Dices mucho para mi gusto. — Expresó con disgusto.
Ella me miró con una suplica silenciosa, que ironía... de todos los presentes, la menos adecuada para ofrecer ayuda era yo.
Me concentré en el sonido del agua junto al camino. La sede se encontraba bajo tierra. A través de las grutas, caminos angulosos eran custodiados por un río poco profundo. Desde el norte hasta el sur, todo se encontraba bajo el celo de sus cauces.
Sus aguas poseían una tonalidad verdosa, pero, contrario al pensar popular, estas aguas no eran estériles.
En ella habitaban gran cantidad de seres, nada amigables lamentablemente, sus ojos eran vigilantes silenciosos que te seguían en cada paso.
Caer al agua aseguraba una muerte rápida y dolorosa.
Xain pareció recordar algo, volteó en mi dirección. —¿Le enseñaste a los latentes a manipular la hiedra? —
Una leve sonrisa curvo mis labios —Hiedra, alucinógenos, paralizantes, somníferos... cada uno tiene su propio arsenal. El único que todavía no tiene es Arlet.—
Xain abrió los ojos con sorpresa. —Joder, Lía... — su tono era bajo, casi un susurro, habían demasiados oídos a nuestro alrededor. — ¡pero si Arlet tiene apenas un año!
— Pues a los tres sabrá blandir una Katana mejor que tú. — repliqué en son de broma con el mismo tono bajo.
Sobre mi cadáver le daban una Katana al bebé.
—¿Qué clase de cosas les estás enseñando a los chavales?—
—Las necesarias para sobrevivir —Me miró con comprensión.
— No entiendo cómo terminaste siendo tutora de una fracción latente.—comentó la chica, que, por algún motivo seguía allí.
—Tenía que tomar una fracción. —aclaré sin ofrecer detalles, satisfacer la curiosidad ajena no era mi fuerte.
Cuando me ascendieron a tutora y me pidieron tomar una facción, no lo había tenido que pensar mucho. Ellos fueron mi primera opción.
Dándole unos golpecitos en el hombro me despedí.
Después de que entramos a la sala, Zefir se ubicó en el umbral bloqueando el paso de la pelirroja.
Sus brazos se cruzaron frente a su pecho mientras le lanzaba una mirada inquisitiva.
Olivia inmediatamente dio un paso atrás intimidada.
Ni siquiera había tenido que hablar.
Un momento pasó y luego se oyó un golpe seco.
Zefir había cerrado de manera "delicada" la puerta en sus narices.
Sentí como si los tres pudiésemos respirar por fin.
—Dejas que te atormente con increíble facilidad Dulzura. — y allí volvía en apodo.
Suspiré. Era un caso perdido.
Ni valía la pena molestarse.
Retiré algunos cabellos que obstaculizaron mi vista—No creo que algún día limpiar sus restos del patio sea una actividad recreativa.—
Xain negó con la cabeza. — Créeme que suena tentador.—
Alcé una ceja.
—No podemos ir matando a todos Xain.—
—No puedes negar que te gustaría quitarle un dedo a más de uno.—
Zefir lo miró mal. —No le des ideas. En bastantes líos ya se mete sin andar quitando dedos.—
¿Tan agresiva me veían?
— Zefir yo en tu lugar tendría cuidado, ¿has visto las miradas que te lanza con esa carita de ángel? si le da por quitar dedos, por los tuyos serían por los primeros que iría.— las palabras de Xain estaban cargadas de burla.
Con despreocupación pasó un brazo sobre mis hombros. —Estoy seguro que sus mejores sueños son de tirar tu cuerpo en algún estanque apartado.
Le di un golpe en las costillas, su cuerpo se dobló.
Levante una ceja ante su actuación, el golpe no había sido tan fuerte.
—En el único lugar en el que saldrían ustedes dos sería en mis pesadillas.—
Seguí caminando por la sala.
Xain me señaló — Me amas, no puedes negarlo.—
Lo ignoré.
De un estante al final de la sala saque un paño y un poco de aceite de armas.
Con delicadeza empecé a limpiar la sangre de la daga.
Pensarían que mi comportamiento en la lona había sido excesivo. Pero no.
La diferencia entre quien vivía y quien moría recaía en cuanta fuerza tenía la persona.
Mientras para las fracciones adolescentes impartía clases de defensa y combate, mi rol con los latentes era diferente.
Yo era una figura de apoyo, el guía que supervisaba su desarrollo.
Esto no siempre había sido así y pensar en eso solo generaba malestar.
Ellos estaban solos en este lugar y mi trabajo era que sobrevivieran.
Con el arma reluciente, la adrenalina comenzó a ceder.