Grutas de Basalto

Capítulo 5

Acelere los pasos mientras maldecía a Zefir por quincuagésima vez en lo que iba de noche.

Constantemente mi querido superior olvidaba que no era su secretaria.

No era la primera vez que me ponía a llevar papeles de un lado al otro.

Tenia el presentimiento de que tampoco seria la ultima.

Su preocupación sobre una serpiente o algo nocivo bajo su silla no sería infundada, yo misma pondria la maldita serpiente allí.

Las viejas farolas de aceite hacían su mayor esfuerzo por iluminar los pasillos.

Mi piel se erizó en contra de mi voluntad, la oscuridad y la leve brisa húmeda, no me ayudaban a controlar el pánico que me generaba recorrer estos pasillos.

Llevaba 11 años en las grutas, y podía asegurar con firmeza que, podrian pasar 50 años y aquellos pasillos me inspirarian el mismo sentimiento de terror.

Faltaba poco para la media noche, el toque de queda de las fracciones ya tenía rato de haber empezado, en los caminos de piedra solo quedaba uno que otro tutor rezagado.

Suspiré con alivio cuando por fin llegue a los dormitorios.

Lo único que quería en aquel momento era tirarme entre las sábanas.

Tenía más de una semana durmiendo a intervalos, la zona en la que nos encontrábamos realizando la misión no era segura.

Dormir en la intemperie, el suelo pantanoso no era algo que se podía considerar acto para el descanso.

Miré mi ropa. Casi me dio tristeza, no se veía particularmente sucia, pero, el olor a tierra, sangre, sudor, metal y aceite era persistente.

Cada cual más intenso que el anterior

Gruñí.

Entré en mi pequeña habitación solo para tirar el informe de misión en la cama, tomar algo de ropa y volver a salir.

Al final del pasillo se encontraba una escalinata, bajé por ella de forma pausada, la humedad en esta área era mayor que en otros lugares.

Un limo resbaloso había empezado a formarse.

Descendí con precaución.

No sabía si alguien había rodado por allí alguna vez, pero yo no iba a ser la primera.

Al final de la escalinata, totalmente fuera de lugar una gran enrredadera custodiaba la entrada de lo que muchos consideraban un pequeño santuario.

Opuesto al río que recorria toda la gruta, en este lugar se encontraban una serie de lagunas naturales de un brillante color azul.

Escaneé mi alrededor buscando la silueta que custodiaba aquel paraje, para mi asombro, no se escuchaba nada, todo se encontraba envuelto en un pesado silencio.

Tal vez hoy le tocó cuidar otra área...

Con un poco de esperanza me adentré un poco más en la gruta.

A esta hora seguramente está dormida...

Que este dormida, por favor...

Una leve fragancia a Jazmín me envolvió y allí murió mi esperanza.

Despeje la mente y puse mi fachada, mi exprecion quedó en blanco.

En este momento alguien podía morir frente a mí y yo no haría ninguna mueca.

Por el arco de enrredareras de la entrada apareció una mujer hermosa, no aparentaba los 40 años que decía tener.

Su cuerpo era firme y voluminoso, su porte noble la hacía parecer fuera de lugar.

Su mirada me recorrió de forma penetrante, como un depredador evaluando a su presa.

Antes de que ella pudiese dar otro paso en mi dirección, hice una leve reverencia —Domina Fedora. —

Sus intensos ojos me escanearon de arriba a bajo, su mirada, como siempre, cayendo sobre mi ondulado cabello.

Hoy lo traía suelto.

Carajo.

Sus ojos brillaron con intensidad, pude dislumbrar un pequeño abismo de anhelo.—¡Vaya! Pero que tenemos aquí... —

Contrario a sus palabras, su tono no delataba ninguna sorpresa, estaba más que segura que había sido de las primeras en enterarse de mi llegada.

Ella siempre sabía las cosas que pasaban.

Los reptiles de aquel lugar la amaban. Sus ojos estaban en todas partes.

Con un elegancia mortal, la hermosa mujer dio dos pasos en mi dirección. —El viento trajo a un pajarillo. —

Sentí escalofríos ante aquel término.

Prefería morir que terminar siendo uno de sus pajarillos.

—Siempre es un gusto verla Domina Fedora. — contrario a mis pensamientos, mi tono fue moderado y suave.

Sentí una segunda presencia aparecer a mi derecha, a menos de un metro, por su tamaño, no era una persona.

No aparté la vista ni un segundo de la mujer frente a mí.

Que pudiese "sentir" la presencia sin verla, no era común.

Y allí lo que no es común, es peligroso.

Podía ser mi ventaja o mi condena.

Prefería que fuese la segunda.

La mujer portaba una impresionante cabellera negra, tan lisa, que parecian hilos negros de seda. Sus facciones eran afiladas, con ojos de zorro de un llamativo color Ámbar.

Un intenso vestido rojo ceñía su cintura y caía de forma suave hasta el suelo.

Extendió la mano en mi dirección, con movimientos suaves pero firmes, giró mi rostro para valorarlo.

Sus manos estaban frías con una suavidad atipica en las grutas, pequeñas cayosidades ya casi inexistentes, se negaban a desaparecer por completo.

Tal vez debido a la tierra o a los pequeños rasguños en mi rostro, soltaba pequeños chasquidos de inconformidad con la lengua. —Cada día te vuelves más hermosa, pajarillo. Es una lástima que una obra tan bella esté cubierta de tierra. —

Al no ver respuesta de mi parte, sonrió con suficiencia.

— Los pajarillos siempre intentan volar con la brisa. Les encanta elevarse para sentir libertad. — Recorrió mis brazos y mis piernas con la mirada. —Un ave sin alas es inútil en el cielo...— miró mi rostro con intensidad. — una mariposa es inútil en el agua. Elegir el entorno adecuado es necesario para la supervivencia.—

Con los dedos jugó con uno de mis ondulados mechones castaños.

Contuve levemente la respiración.

A mi parecer lo que ella me ofrecía era incluso peor que la muerte.

—Una Lastima... — Con elegancia soltó el mechón y dirigió sus pasos hacia las ramas más bajas de la enredadera.



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En el texto hay: romance, fantasia oscura

Editado: 25.07.2026

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