Con pesadez me dejé caer en un asiento.
¿Sabes qué es peor que despertar un sábado a las 3 de la mañana?
—¿Seguro que lo anotaste bien? —preguntó una voz por quincuagésima vez.
Es despertar y tener que aguantar a una pelirroja exasperante desde horas tan insanas.
Gracias a una discrepancia "accidental " en las listas de componentes suministrada por el area de finanzas, llevábamos al menos quince minutos de retraso.
Curioso si consideramos que la responsable de entregarnos dichas listas era la propia pelirroja.
—La mato — Escuché susurrar a xain.
Me froté los ojos con cansancio.
En este punto de la madrugada ya deberíamos encontrarnos de camino al lugar de encuentro.
Zefir nos iba a matar.
Ella con un dedo tembloroso le señaló un lugar en el papel a uno de mis compañeros. —De este son 5, no 2. — su tono era bajo. —Gracias a Dios se me ocurrió revisar las listas.
Mira que milagro de dios "casualmente" se le ocurrió revisar la lista un sábado a las tres de la mañana.
A Dios le tenía que agradecer que nuestras prioridades en este momento fuesen otras.
ya saldaríamos cuentas cuando regresáramos. A juzgar por las miradas cargadas que le dirigían mis compañeros de grupo, no era la única que dejaría la cuenta pendiente.
Esta iba a ser una misión de gran magnitud.
Tal como había mencionado Zefir, solo seríamos escolta.
Iríamos en conjunto a las sección de logística.
Nuestro grupo se había dividido: siete de nosotros recogeríamos el armamento y las listas de componentes, y los otros siete buscarían los objetos del intercambio.
El punto de encuentro sería a tres kilómetros, justo en la entrada de la Ciénega de los Fatuos.
Un lugar misterioso de vegetación densa y ambiente pantanoso.
Sus habitantes, aunque hábiles y engañosos, eran relativamente inofensivos.
Los fatuos eran pequeñas llamas fantasmales de un brillante color azul, eran expertas en jugar con tus sentidos y hacerte perder el rumbo. Eran memorias olvidadas que vagaban entre la niebla de la ciénaga.
Yo en lo particular no era precisamente amante de estas criaturas...
Pero en general, siempre y cuando no te dejaras guiar por su presencia estarías a salvo.
Su llama era atrapante, seguirlos te dejaría desorientado y a unos cientos de kilómetros de donde se supone debías de estar.
La mayoría de los presentes en esta habitación lo habíamos experimentado al menos una vez.
El verdadero peligro de los fuegos fatuos era seguirlos y terminar en el lugar y momento equivocado.
Como en el valle de las serpientes en plena temporada de apareamiento.
La perspectiva me dio escalofríos.
Xain se dejó caer pesadamente sobre una silla a unos pasos de mi. -le voy a dar 5 minutos a la pelirroja para terminar este teatro. He visto suicidas que tientan menos la muerte.
Uno de mis compañeros empezó a discutir con Olivia.
Los señalé. —creo que nuestro equipo no va a ser tan generoso con el tiempo como tú —
Xain bufó. —Si Fedora no la estuviese respaldando, desde hace rato ya alguien nos hubiese desprovisto de su maravillosa presencia.—
Elevé la comisura de la boca divertida por su alegato. —cuando dices alguien, ¿te refieres a ti?—
Sonrió con ironía. —sería un sacrificio por el bien común.—
—¿Desde cuándo nos interesa el bien común?—
Sacó un paquete pequeño de su uniforme y lo aventó en mi dirección. — desde siempre.
Atrapé el objeto.
En mis manos se encontraba una bolsita de provisiones de un bonito color verde, seguramente saqueada de la cocina de los superiores.
—Saltarte las comidas no te hará más guapa.
En el interior del saquito se encontraban dos panecillos todavía tibios. Se veían suaves y brillantes, con un ligero aroma a leche.
Inhalé profundo.
Estos caóticos días mis comidas se habían limitado a líquidos y unas cuantas raciones secas a horas tardías.
Es más.
Ese día debido a la preparación para la salida ni eso había podido llevarme a la boca.
—No quiero tener que cargar con tu cuerpo cuando mueras por inanición. — argumento.
Bufé — Que considerado de tu parte procurar mi nutrición.—
Me regaló una sonrisa brillante. — ¿Crees que me importa tu nutrición? Con lo benévola que eres tu fantasma me atormentaría por el resto de la existencia.—
Le di un empujón que casi lo hizo caer del asiento.
Con una mirada divertida sacudió el área donde lo había tocado, limpiando el sucio inexistente.
Volteé los ojos ante su gesto.
Saqué una parte del inesperado festín y le di un pequeño bocado. El sabor dulce se extendió por mi boca.
No pude evitar cerrar los ojos para disfrutar lo más posible de la sensación.
—¿cómo están los niños?—
Hice una mueca con los ojos aún cerrados.
—Logré que Dafne les diera asilo unos días en el área médica. — informé en tono bajo después de tragar.
Solo cinco habían resultado heridos y se encontraban en el area relativamente segura de la enfermería.
Carter había sido trasladado a las recámaras generales el dia anterior.
Esa era la menor de las preocupaciones.
Para acceder al area médica debías de tener al menos tres costillas rotas.
Después de mover un poco los hilos había logrado conseguir permiso para que tomaran lecciones de herbologia allí.
Eso aseguraba su seguridad durante el día.
Con mi partida de las grutas los niños debían de ingeniárselas solos.
Aunque pocos se atrevían a entrar a el area latente, dejarlos con Dafne era un consuelo.
—Estarán bien. —Xain sacó una galleta de algún lugar en su ropa y le dio un mordisco.
Levanté una ceja divertida.
No sabía cómo siempre se las ingeniaba para conseguir algo dulce.
Poco a poco fui comiendo el resto de mi postre.
Por mi mente pasó una melena de risados cabellos grises.
Miré a Xain. — la muestra de cariño en la cara del crio, ¿se la ganó por idiota o están practicando boxeo como entretenimiento?—