Grutas de Basalto

Capítulo 8

No tengo sentido, ni tengo calor,
pero guardo el latido de un viejo dolor.
​Una lágrima errante que busca salida,
un destello atrapado en la bruma perdida.

◇◇◇◆◇◇◆◇◇◇◇◇◇◆◇◇◇◇◇◇◆◇◇◆◇◇◇
No quería distinguir los sonidos.
—¡Ey!
No quería abrir los ojos. Me costaba respirar.
—Oye, ¿estás bien?
¿Una voz? Apreté más las manos en mis orejas.
—Si no respiras te puedes morir ¿Sabes?
¿Morir?
Abrí los ojos.
Todo era oscuro.
Miré a los lados, el espacio era pequeño.
¿Un cuarto?
No.
Miré otra vez.
Había barrotes.
Esto era... una celda.
De alguna manera saber que estaba allí tranquilizó un poco los erráticos latidos de mi corazón.
Sentí un movimiento frente a mí.
Me tensé.
Un niño de ojos grises me escaneaba con curiosidad, parecía un poco preocupado.
Me concentré en respirar de forma estable.
¿Cuánto tiempo había pasado?
—¿Ya se terminó? — mi voz se escuchó como un susurro entrecortado.
Vi sus ojos brillar, miró a los lados con ansiedad.
—Creo que sí —Extendió sus manos hacia mí.
Sentí un ligero toque. Poco a poco fue retirando las manos que cubrían mis orejas.
Miré a los lados, solo estábamos nosotros.
Con cuidado me incorporé, el pantalón estaba mojado en las partes que habían tocado el suelo.
Había pequeños charcos de agua repartidos aquí y allá.
Más allá de eso no había nada.
No había ruido, no había murmullos, no había nadie.
¿Y el resto?
—Zefir —Ante mi llamado el chico me miró. —¿y los demás?
Apretó los labios ansioso, luego de un momento se dejó caer al húmedo suelo.
—No lo sé — recostó su espalda de la pared. — Desperté y solo estabas tú.-
Sentí un escalofrío recorrer mi nuca, algo se acercaba.
Mi respiración se volvió rápida al distinguir los pasos sobre la roca.
Una puerta fue abierta con un estruendo.
Los pasos poco a poco se hicieron cercanos.
El corazón amenazó con escapar de mi pecho.
A mi lado los ojos de Zefir se ampliaron debido al miedo.
–Son ellos..
Extendí la mano y cubrí su boca. -shhhh..
Se escuchó un breve sollozo no muy lejos, los pasos precipitándose en nuestra dirección.
No había salida.
Tiré de zefir al piso, todavía con mi mano en su boca, cubriendo cualquier sonido.
Los pasos seguían acercándose.
—Que decepción. Nadie estará conforme con este resultado. — la voz se escuchó a unos metros de nosotros.
—¿Qué hacemos ahora?
La reja de nuestra celda fue abierta y algo fue arrojado.
Contuve un pequeño sobresalto, frente a mí Zefir cerró los ojos.
Recostado así hasta parecía dormir. Seguí su ejemplo.
Un pequeño quejido seguido de un sollozo se escuchó cerca.
La voz se escuchaba justo sobre nosotros —Esto no va a funcionar. Programa una reunión con todos dentro de una hora.
—¿Qué hacemos con ellos?
La lengua se pegó al paladar debido al miedo.
La respuesta tardó lo que pareció una Eternidad. —Déjalos, dentro de poco Eber les dará una visita.
Zefir apretó mis manos.
La reja se cerró detrás de ellos.
Los pasos se alejaron y el pesado silencio volvió a caer.
El leve sollozo me recordó que no estábamos solos.
Lentamente volteé en dirección al sonido. Una niña de largos cabellos negros se encontraba tirada a unos pasos.
Sus sollozos estaban cargados de agonía.
No recordaba haberla visto antes.
Al sentir nuestra mirada lentamente volteó en nuestra dirección, sus ojos cubiertos de lágrimas se clavaron en los míos.
Sus ojos eran de un tono de azul muy claro, como aquel que tiene la pendiente de un glacial después de una nevada.
Su mirada era desconfiada.
Trague saliva.
Sin apartar la mirada me acerqué a ella.
Unos pasos siguieron mi ejemplo.
Con cuidado me agaché a la altura de la niña de lacios cabellos negros. No despegaba la mirada de mis movimientos, era cautelosa.
Al ver que no tenía intención de hacerle daño apartó la mirada. Su movimiento dejó expuesta su espalda.
Di un paso atrás de la impresión, el corazón se me arrugó debido a un dolor que no era mío.
En su espalda dos zonas sangrantes mostraban una crueldad más allá de la razón.
Lágrimas empezaron a caer de mis ojos.
Era algo que habíamos tenido la desdicha de apreciar más de una vez, pero nada parecía hacer que me acostumbrara a esa imagen.
Al igual que los demás, ella había despertado... Y le habían quitado sus alas.
Saqué mis lagrimas con el dorso de las manos.
—¿Por qué... estás llorando? —El susurro entrecortado me hizo levantar la mirada.
Las lágrimas siguieron cayendo.
¿Por qué no lloraría?
Volví a acercarme al ver que su cabello empezaba a pegarse a las heridas.
Con delicadeza empecé a apartar los mechones negros. Retiré también aquellos cabellos que se le pegaban a la frente debido al sudor frío.
Detrás de mí se escuchó el sonido de una tela rasgándose.
Volteé rápidamente.
El Zefir que antes se encontraba a mi lado, ahora se encontraba agazapado frente a una pequeña pila al final de la habitación.
Su mano se encontraba hundida en aquel contenedor de piedra.
A su camisa de un opaco color grisáceo ahora le faltaba un pedazo, alrededor de su boca brillaban gotas de agua.
Al sacar la mano, el trozo de tela empezó a escurrir líquido.
De no ser por Zefir no sabría de la existencia de aquel objeto.
Con pasos rápidos caminó en nuestra dirección.
Me ofreció la tela.
—Toma, puedes limpiarla con esto. El agua esta limpia.— como si quisiese confirmar su punto otra gota cayó de su mentón.
Había probado el agua para ver si estaba limpia.
Con movimientos lentos tomé el trozo de tela de sus manos. Estaba fría.
Respirando hondo volví en dirección a la niña, la herida seguía fresca, dos cavidades poco profundas de las cuales todavía escurrían pequeñas gotas sangre.
Pequeñas costras empezaban a formarse en su piel, la zona presentaba una ligera hinchazón.
Volví a inhalar profundo.
No era la peor herida que había visto. Algunos elementales tenían una capacidad de curación acelerada.
Esta niña parecía contar con esa bendición, también parecían haberle dado algún brebaje para el dolor, la mayoría en este punto ya habría perdido el conocimiento o hubiese empezado a gritar hasta quedarse sin voz.
Sin embargo allí estaba ella, apenas con la respiración pesada.
Con movimientos lentos coloqué el trozo de tela frente a sus ojos. —Voy a ser lo más cuidadosa posible.
Ella miró mis ojos evaluándome, luego de un momento apartó la mirada.
Lo hubiese tomado como una negativa si no fuese por el sutil movimiento de su espalda en mi dirección.
Ante el toque soltó un siseo suave.
Mordí mi labio nerviosa. Era poco lo que podíamos hacer por ella.
—¿Cómo te llamas? —Pregunté, tal vez pensar de otra cosa ayudaría a que el dolor fuese menor.
—Nerea —respondió luego de un momento.
Seguí limpiando su herida, poco a poco la tela se fue tiñendo de rojo.
Zefir miró el trapo saturado de sangre en mis manos. — Creo que hay que moverla. Mientras más cerca esté del agua más fácil será.
Le di la razón.
La niña había empezado a dormitar debido al dolor, le di un leve toque en el brazo para llamar su atención.
—Nerea ¿Te parece bien si te movemos? —
Ella asintió moviéndose lentamente.
Zefir ofreció su espalda y poco a poco fuimos trasladándola al otro lado de la habitación.
Seguí con mi tarea. Zefir sacaba agua con sus manos cada tanto para enjuagar la tela. No podíamos contaminar nuestra única fuente de agua.
Al cabo de un rato Nerea fue recuperando algo de energía.
Ella miraba mis movimientos por el rabillo del ojo.
—¿No sería más fácil simplemente verter el agua en mi espalda.—preguntó.
Zefir negó con la cabeza mientras volvía a verter agua en el trapo. —En este lugar hace demasiado frío y tu camisa está bastante rota. Deja que el terrón limpie la sangre poco a poco.
—¿El terrón?
Zefir señaló en mi dirección.
—¿Por qué le dices así? —preguntó ella con voz atontada.
Zefir se dejo caer frente a nosotras —Es demasiado dulce.
¿Dulce?
Yo no era dulce.
Me ofendí —No me digas terrón. Yo tengo un nombre.
Zefir entrecerró los ojos en mi dirección —A ver, ¿y cuál es?
Abrí la boca pero nada salió.
Yo tenía un nombre.
Yo me llamaba...
Claro que tenía un nombre.
Intenté recordar.
¿Cuál era mi nombre?
Bajé la cabeza.
No sabía que responder.
Zefir me señaló y luego volteó en dirección a Nerea. — ¿Ves? No tiene nombre, le puedo seguir diciendo terrón. Es más pequeña que yo, debe tener como 9 años.
Al terminar de limpiar la herida esta seguía soltando pequeñas gotas.
Nerea se hacía la fuerte, pero no podia evitar soltar pequeños quejidos ante cualquier movimiento.
No podía ni imaginarme su dolor.
Otra gota de sangre cayó y tomé una decisión.
Metí la mano dentro de una de mis zapatillas y saqué un pequeño envase compacto.
A decir verdad era bastante incómodo tenerlo allí pero los zapatos eran lo único que no me habían quitado.
Miré la tapa del pequeño compacto en mis manos, el fino metal tenía un intrincado grabado de pequeñas flores.
Zefir y Nerea vieron mis movimientos con curiosidad.
—¿Y eso?
Destapé el envase exponiendo el producto blanquecino. Estaba casi nuevo.
—Es mío — expresé como si aquello explicara todo.
Zefir elevó una ceja — Vaya explicación más detallada. Ni me había dado cuenta.
No sabía que decirle.
Deslicé los dedos por el producto y luego con delicadeza lo esparcí por las heridas de Nerea.
Inmediatamente la zona antes abierta adquirió algo de carne y el sangrado se detuvo.
Nerea respiró profundamente, como si llevase años sin poder respirar correctamente.
Zefir se levantó para mirar que hacía, al ver la mejoría en la herida sus ojos se apliaron, luego me miró fijamente con asombro. — ¿De dónde sacaste eso?
Negué con la cabeza.
No lo recordaba.
En el momento en el que desperté aquí ya lo tenía en el zapato. —Siempre lo he tenido conmigo. Es para las heridas.
Lo extendí en dirección a Zefir.
Él le dio vueltas suavemente estudiándolo, luego de un momento deslizó su dedo por el diseño floral.
— Creo que nunca he visto algo así.
Nerea miró las flores en la tapa. — Son lilas.
Zefir la miró extrañado —¿Qué dices?
Ella señaló la tapa.— Las flores. Son lilas.
Miré el diseño con curiosidad. No sabía que así se llamaban esas flores.
Nerea me miró curiosa. -¿Esto es de donde venías?
Una sensación cálida apareció en mi pecho. Era lo más probable.
— Creo que si — No tenía ninguna certeza pero así lo creía.
Zefir me devolvió el envase, tratándolo con mucha delicadeza. —Esto es valioso.
Nerea me miró.—No dejes que nadie lo vea — su voz era un murmullo suave. — Si nadie sabe que existe, nadie puede quitártelo. —
Acerqué el envase a mi pecho. — Entiendo.
Zefir señaló mis manos, todavía estaban algo manchadas de sangre. — Creo que deberías lavarlas —se levantó — Ven, te ayudo.
Fuí a su lado.
Poco a poco la sangre fue desapareciendo.
— ¿Qué te parece lila?
Zefir y yo miramos a Nerea desconcertados. -¿eh?
Recostó su cabeza de la pila, seguía mirándonos —No tienes nombre. ¿Qué te parece lila?
¿Me quería dar un nombre?
Zefir parpadeó varias veces como si lo meditara, luego de unos segundos inclinó la cabeza hacía un lado. — ¿Lila no es también un color?
Ahora Nerea fue la que inclinó la cabeza.
— Creo que sí — dijo luego de unos segundos.
Zefir arrugó el entrecejo. —Es estúpido. No puede llamarse como un color.
Nerea lo miró ofendida. —Tú la llamas como un cúmulo de azúcar.
Aquello no pintaba bien.
Los miré a ambos —oigan. —voltearon en mi dirección — Lila suena lindo.
Zefir arrugó aún más el entrecejo — ¿Si el frasco fuese de naranjas, te llamarías naranja?
Abrí la boca para refutarlo pero nada salió.
Nerea soltó una risita. —ya veo. Colores no.
Lo pensó por un momento.
—¿Qué te parece Liliana?
Zefir la miró un momento, luego me miró. —Eso no suena tan mal.
Liliana... la sensación cálida volvió.
Liliana.
Sonaba bonito.
—Me gusta Liliana —aseguré
Nerea sonrió cansada —Me alegra.
◇◇◆◇◇◆◇◇◇◆◇◇◇◆◇◇◆◇◇
Soy la luz de un ayer que no puede volver,
que a pesar de estar muerto... no deja de ser.
​Un fragmento sin dueño que habita en la bruma,
que busca salida y no encuentra ninguna.
Si algún día llegas a atrapar alguna.
Garantizo verás más que una simple atadura.
♡♡♡♡
¿Qué les pareció este capítulo?🤭
Nos vemos la próxima semana.🍁



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En el texto hay: romance, fantasia oscura

Editado: 03.08.2026

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