Roma FC acababa de dar un golpe sobre la mesa al ganarle a uno de los favoritos a ganar el torneo. Los jugadores en el vestuario saltaban y gritaban eufóricos, como si la copa ya fuera de ellos. Mientras tanto Cristian salió un rato, a tomarse su tiempo, para poder detallar bien el tipo de lesión que tenía, porque su dedo no dejaba de dolerle.
En cuanto se quitó su guante, el dedo medio de la mano estaba muy hinchado y morado. Cristian cerró los ojos tratando de no llorar y en cuanto los abrió, lo vio ahí.
"Eso hacen los grandes, te felicito chico, jugaste bien, tienes todo para salir campeón, me quito el sombrero ante ti, y lo he pensado mejor, en cuanto acabe tu participación en el torneo, te irás conmigo para La Equidad, no importa si no eres el campeón, con lo que vi hoy ya eres un ganador y un grande chico" dijo Patricio mientras tomaba el dedo de Cristian y le ponía hielo.
"¿Está seguro de lo que está diciendo señor Patricio, de lo que me acaba de decir?" dijo Cristian.
"Por supuesto chico, pero no por eso quiero que te confíes en el siguiente partido, ya eres jugador de La Equidad, pero me gustaría que salieras campeón, así que duro en esas semifinales" dijo Patricio mientras salía del estadio.
Después de esto el torneo se pararía por 2 días, para poder acoplar el escenario deportivo. Este tiempo le sirvió a Cristian para poder recuperarse de su dedo.
Y ahora sí estaba todo listo para las semifinales, que serían contra Soacha FC, que llegaba después de ganarle 3-1 a Manitas en los cuartos de final.
El día de la semi, Roma no era Roma. Se notaba desde el calentamiento. Los mismos que contra Saprissa gritaban y se empujaban, ahora se amarraban los guayos en silencio. Les pesaba ser favoritos.
A los 12 minutos Soacha ya había llegado tres veces. Cristian tenía el dedo vendado hasta la muñeca. Cada atajada era un latigazo de dolor, pero él no hacía ni un gesto.
Minuto 18. El 9 de Soacha FC queda solo contra él. Cristian achica como los grandes, se lanza abajo con la mano buena y la saca con la palma abierta. Todo el público de Soacha gritó gol y se quedó con el grito adentro.
Minuto 34. Tiro libre al ángulo. Cristian vuela. Vuela con el dedo morado, con el miedo de todos sus compañeros en la espalda, y la raspa con la punta de los guantes. El balón pega en el palo.
En el entretiempo el marcador iba 0-0, pero Roma estaba perdiendo en carácter. El profe no los insultó, solo les dijo "Están jugando con susto, así nos van a golear".
Segundo tiempo y la historia se repitió. Minuto 61, atajada abajo. Minuto 68, mano cambiada. Minuto 75, a quemarropa. Cristian los estaba salvando solo. Roma no pasaba de la mitad.
Entonces Cristian hizo lo que hace el 13. Se paró en el área, miró a su defensa y gritó.
"¡Tranquilos! ¡Yo estoy aquí! ¡Jueguen, que yo atajo todo!"
Ese grito los despertó.
Minuto 87. Tiro de esquina para Roma. Cobra Jerson, la pelota queda viva en el área chica, llena de barro y piernas. Aparece Daniel y la empuja con el alma. Gol.
1-0 para Roma FC. Pase a la final.
Cristian no corrió a celebrar el gol. Cayó de rodillas y se apretó el guante contra el pecho. Había aguantado todo el partido.
En el vestuario no hubo saltos como contra Saprissa. Hubo llanto y alivio. Todos en el piso.
Y en la puerta, otra vez Patricio. Sin sonrisa. Solo le hizo una seña a Cristian.
"Vamos".
Cuarenta minutos después estaban en la sede de La Equidad en Bogotá. Cancha sintética, luces blancas, veinte jugadores entrenando a otro ritmo, todos más grandes, todos más rápidos.
Y hay había un pequeño grupo de jóvenes no mayores de 15 años "Ellos son tus futuros compañeros" le dijo Patricio. "Te traje para que veas dónde vas a llegar. Y para que entiendas esto: allá no llegan los que se esconden cuando su equipo tiene miedo. Allá llegan los que salvan a su equipo cuando todos tienen miedo. Por eso quiero que salgas campeón".
Cristian se quedó mirando el entrenamiento, con la mano en el bolsillo apretando su dedo hinchado, entendiendo que la final no era el final de nada.
Editado: 16.09.2026