Guardian

Capítulo 2

El amor y el perdón son más fuertes que cualquier deuda o dolor del pasado

—Voto sagrado de Celeste

Entre sombras aparezco en el estudio de mi padre. Sigue exactamente igual a como lo recordaba. Los mismos sillones de cuero gastado, los mismos lomos dorados de los libros de leyes alineados milimétricamente en las estanterías, la misma pesada luz de la lámpara de escritorio.

Por inercia, respiro profundo buscando ese característico aroma a menta fresca que siempre parecía impregnado en las paredes cuando él vivía; pero no está. Ahora solo huele a encierro, a polvo y a mentiras que están por derrumbarse.

Camino con las manos dentro de los bolsillos hacia el gran librero del fondo. Mis ojos escanean los portarretratos acomodados como trofeos y me detengo en uno particular.

Mi primera foto.

Alzo la mano, dudando un segundo antes de rozar el cristal frío con la yema de mis dedos manchados de vino tinto. En la imagen, Kritsada sonreía con una mano apoyada en su hombro. Cualquiera creería que el brillo de sus ojos orgullo y no la sombra de un hombre condenado… por esa mugrienta niña irradiante de una falsa inocencia que todos compraban con facilidad. Lo único verdadero en esa fotografía era Sasithorn, quien sostenía mi mano con amabilidad mientras me miraba asegurándose de que estuviera bien. Igual que ese día, el décimo cumpleaños de Aylé.

Desde que había llegado al mundo de los humanos, era la primera vez que estaría rodeado de personas ajenas a la familia Thepparit y su servidumbre. El aire estaba cargado de jazmín y orquídeas, una mezcla embriagante. Las linternas de papel colgaban entre los árboles, emitiendo una luz cálida que parecía mecerse con la brisa como la ropa de lino fino de todos los invitados.

Cada uno se movía con la solemnidad de quienes saben que pertenecen a algo más grande que ellos mismos. Entre ellos los líderes de las otras Regiones del Imperio Legacy; y aunque la atención debía recaer sobre Aylé, estaba en mí.

No había hostilidad en sus miradas, sino algo mucho más peligroso: curiosidad. Y eso me abrumaba por las pequeñas manchas de oscuridad que flotaban alrededor de cada uno, tan cerca de Sasithorn. Sin embargo, buscaba aferrarme a sus palabras de la noche anterior:

“Los humanos te mirarán, Niran. No porque sepan lo que eres, sino porque sabrán que hay algo diferente en ti. No lo tomes como una amenaza. Es simple curiosidad”

Pero no parecía ser suficiente, así que me giré hacia ella, desconfiado. Sasithorn solo me miró con sus brillosos ojos de color miel custodiados por un arco violeta mientras sonreía y me tomó la mano para guiarme, añadiendo:

—Si sientes que no puedes contenerte… búscame. Yo estaré allí para ti.

Su voz fue firme, entrañable. Entonces, supe que no era ella en sí, sino quien me mantenía a su lado y anclado a ocultar mi naturaleza. Pero ahora, se había ido…

La puerta del estudio se abre de golpe, pero no es solo el viento ni la música de la celebración que entra sino una vibración invisible y mordaz. Sonrío, astillando el cristal del retrato con una simple presión, antes de girarme con las manos en los bolsillos.

—Niran…

—Cuanto tiempo, esposa.

Aylé se queda bajo el marco de la puerta, bañada por la luz dorada del pasillo. Su vestido de seda ondea ligeramente a causa de la densa energía que comienza a llenar la habitación.

—¿Cómo te atreves a venir aquí? —sisea, volviendo el aire un poco sofocante mientras parece convencerse de que no soy un espíritu errante.

—Dado que acabó mi exilio, tengo que cumplir con nuestra ley.

Da un paso hacia el frente, cerrando la puerta a su espalda y la habitación se llena de su risa, profunda y oscura que vibra en su pecho.

—No pierdas tu tiempo. ¡Nunca te concederé el perdón ni dejaré que vuelvas a reincorporarte a la sociedad, mucho menos a mi familia!

—En ese caso, ahora siento pena por ti. No solo porque creyeras que vine en busca de tu perdón, sino porque nadie te avisó que ya me han concedido todo eso.

—¿Qué?

—Mhm, la misma presidente del Imperio me otorgó…

—¡Tía Valeria nunca haría eso! —Su voz destila veneno.

Dejo salir una crispante risa.

—Me parece que del mismo modo que a tu padre, no la conoces tan bien como creías.

Aylé da un par de pasos hacia mí con sus enormes ojos crispando bermejo; segura de que su poder me doblegará.

—No me importa como obtuviste su respaldo —Alza su mano hacia mí—. Te lo advertí, si volvías te mataría.

Cierra la mano de golpe. La presión en el aire aumenta y siento un leve cosquilleo en mi cuerpo; la cual me hace sonreír y dejo salir un poco de mis sombras. Lo suficiente para rebotar su poder.

—Me preguntaba por qué no había rastro del aroma de Kritsada —digo, con calma—. Ahora sé que tu hedor de mentiras lo extinguió. Solo queda polvo acumulado.

Aylé retrocede un poco, tropezando con el bajo de su propio vestido. La calidez de su rostro se drena. Trata de volver a empujar su poder, pero sus manos tiemblan. No la ataco, no le devuelvo el golpe; solo me sacudo el rastro de polvo de la camisa.




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