Guardianes de Grimorias

PARTE I Capítulo 1 Abnegado

¿Qué tanto bien me hace escribir sobre el lugar en el que murieron mi padre y hermana pequeña? Para ser francos, desconozco si el dolor de echarlos de menos es lo que me ha traído hasta aquí. O si fue solo la inercia de mi vida empujándome cuesta abajo por el mismo precipicio por el que se fueron ellos.

Recordar es una mierda. Y esta promesa lo es aun más…

Los informes que le llegaron a mamá concluyeron que el auto en el que viajaban recibió el impacto de otro vehículo en una curva pronunciada de la carretera, provocando que papá perdiera el control, derrapando e impactando contra la barrera de contención que separaba la carretera del despeñadero a un costado.

Quizá la vida es esta carretera: Un sendero de doble sentido en el que se reflejan los errores pasados en un extremo, y, al otro lado, un futuro lleno de posibilidades e incertidumbre. Es una recta para algunos, o una maldita curva donde paramédicos y ambulancias llegan cuando ya es tarde. De la misma manera, insidiosos, familiares y chismosos, hacen acto de presencia cuando recibir ayuda ya representa un alivio similar al que proporcionaría una bandita adhesiva sobre el corte profundo en una arteria.

Solo entonces cuando comprendes que las circunstancias de esta vida se encuentran fuera de tu control, es cuando aprendes a dejar de pelear. Te rindes ante la corriente y vives lo mejor que puedes. O al menos esa es la basura que la psicóloga decía. Dejé de visitarla después de la primera sesión.

Estar aquí no se hace sencillo por más tiempo que pase. Me propuse visitar esta calle hoy justo antes de la mudanza, con intención de dejar todo atrás, de pasar página. Pero conforme voy de regreso a casa, solo veo lugares en donde fui perdiendo poco a poco algo de mí.

Volviendo al suburbio, un par de calles más adelante reconozco la esquina donde perdí un diente de un puñetazo. Más adelante escupí bastante sangre después de una golpiza y, pasando junto al callejón de la escuela, recuerdo perder la mochila de mi hermana cuando la protegí de los que querían abusar de ella.

Cielos. Cuánta bella empatía hay en este suburbio lleno de gente acomodada y ciega a conveniencia…

Me escabullí muy de madrugada para cumplir con mi infame ruta turística. Tardé en su recorrido más de lo calculado. El sol había despuntado hacía más de dos horas y recorrí el último tramo del camino corriendo. Apreté el paso cuando vi el camión de mudanza y a dos hombres corpulentos recibiendo cajas. Mamá estaba en la entrada coordinando sus ingresos y llevando más objetos donde un tercero los recibía y acomodaba en el interior del enorme camión.

—Se me fue un poco la hora. Hola mamá.

—¡Michael! ¿Y tú dónde diablos estabas? Ni siquiera me avisaste que saldrías. —respondió ella cruzándose de brazos—. Comenzaba a preocuparme.

—Por ahí. Quise dar una vuelta. —contesté y, sin más dilaciones agarré las cajas más cercanas.

Un par de días atrás comenzamos a recoger las cosas de la casa. Algo difícil, considerando que todavía estaban las pertenencias de papá y Camille.

Ella nunca compartió mi postura sobre deshacernos de algunas cosas. Audrey Delanor era increíblemente obstinada, sin importar cuántas veces se lo dijera, se mantuvo reacia e incansable frente a su decisión de guardarlo todo durante estos años.

—¿Te sientes nostálgico? Yo también. Apuesto a que hay muchos recuerdos que quieres atesorar de este lugar.

—No exactamente. Hay ciertas cosas que preferiría no recordar. —contesté entre ida y vuelta mientras la miraba confuso. De un tiempo para acá se me hizo cada vez más extraño la forma en que parecía hacer de lado todo lo sucedido. Incluso la envidiaba por ello.

Tras las honras fúnebres, tuvimos que vivir una época bastante difícil. Mi padre era en gran parte el sustento económico de la familia. Trabajaba como gerente de un banco, así que la economía de nuestro hogar era buena. Mi madre, por otro lado, daba clases particulares de piano después del éxito que cosechó en su juventud como cantante y pianista. No era un gran ingreso, pero hacía lo que a ella le gustaba.

En la escuela investigué por internet un poco sobre esa faceta de mamá que no conocía. Pude encontrar muchos posters e información sobre viejas giras. Parecía algo surrealista leer sobre la vida de mamá con tanto detalle. La biografía en la red hablaba de su éxito y cómo destacó en la música a la corta edad de catorce años. Para cuando cumplió los dieciséis ya estaba llevando un cronograma de presentaciones que cualquier artista consolidado envidiaría. Su carrera desde que dio inicio fue manejada por mis abuelos, a quienes por cierto, nunca conocí. Mamá siempre evadía el tema cuando preguntábamos por ellos.

Resultaba innegable que la rama musical de la familia había tocado su punto más alto con mi madre. Formaba parte de una larga tradición de músicos destacados, ya que incluso los abuelos gozaron de renombre en sus años mozos.

Aún con su creciente popularidad, contaba también con una base de haters que disfrutaron cuando toda su carrera dio un vuelco de un día para otro. El escándalo mediático se centró en su embarazo, que, según las cuentas de muchos, ocurrió varios meses antes de que alcanzara la mayoría de edad.

Años después, cuando se esperaba la misma vena artística centrada en la música, los medios se llevaron la sorpresa de ver a sus dos hijos sin ningún tipo de dotes interpretativos. Posteriormente fueron perdiendo el interés en mamá cuando sus esfuerzos se vieron volcados a una vida más tranquila y hogareña para dedicarse a sus hijos.




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