El Don del Umbral
Muchos han creído que el Don es poder. Otros, que es un privilegio. Algunos incluso lo han confundido con magia. El Gran Sabio dejó claro desde el principio que ninguno de ellos comprendía su verdadera naturaleza.
El Don no es una fuerza. No es un hechizo. No es una bendición concedida al azar. El Don es un vínculo vivo, una conexión espiritual entre el humano y El Umbral, creada para permitir aquello que de otro modo destruiría el equilibrio: que un ser nacido en la Tierra pueda entrar en Límine de forma consciente y regresar sin fracturar ambos mundos.
Quien despierta el Don no recibe magia. Recibe acceso. Acceso a Límine mientras duerme, pero también en estados de vigilia profunda. Acceso a regiones del otro mundo que para los soñadores comunes solo existen como ecos. Acceso a la posibilidad de enfrentar aquello que nace de la corrupción y amenaza con cruzar El Umbral.
Por ello, el Don no concede poder uniforme. Algunos portadores desarrollan afinidad temporal con ciertas regiones de Límine. Otros son capaces de comunicarse con entidades superiores, como los dragones primordiales o el propio Gran Sabio. Unos pocos pueden sostener el equilibrio entre ambos mundos durante largos periodos de tiempo. Pero todos comparten una misma carga: el Don responde directamente al estado interior de quien lo porta.
¿Quién puede despertar el Don?
Todo humano posee una chispa mínima del Don. Es aquello que permite soñar, recordar fragmentos de Límine o, en casos raros, rozar su esencia durante el descanso. Sin embargo, despertar el Don verdadero es otra cosa.
No responde de forma absoluta a la edad, al género ni a la sangre. Aunque los linajes guardianes poseen una afinidad natural, el Don solo despierta plenamente en quienes poseen un corazón receptivo, un espíritu sensible y una voluntad capaz de sostener responsabilidad.
Por ello, el Don puede manifestarse en descendientes directos, en parejas cuyo vínculo sea auténtico o incluso en personas adoptadas espiritualmente por un linaje. En ocasiones excepcionales, ignora por completo a un heredero legítimo y elige a alguien externo si su alma resulta más digna. El Don no busca continuidad de sangre; busca continuidad de propósito.
La pérdida del Don
El vínculo no es indestructible. El Don puede romperse. Cuando un portador abandona su linaje, renuncia a su propósito o traiciona emocional o espiritualmente aquello que juró proteger, el vínculo se debilita hasta desaparecer. Una vez roto, el Don no puede heredarse a través de esa rama.
El Gran Sabio no castiga. Simplemente, retira aquello que ya no puede sostenerse.
La regla de emergencia
Existe una última ley, rara vez invocada.
Cuando un guardián muere, el Don busca permanecer activo. Si existe una pareja cuyo vínculo sea real y sincero, el Don despierta en ella de forma inmediata. Si ese lazo no existe o no es digno, el Don elige al miembro más adecuado del linaje, ya sea por sangre o por conexión espiritual.
Y si no hay nadie preparado, el Umbral entra en desequilibrio. Algunos seres corrompidos comienzan a cruzar los sueños humanos, y en Límine aumenta la manifestación de las zonas de degradación conocidas como “La Niebla”. Allí, la esencia de la vida y la magia del mundo se debilitan; la voluntad se erosiona, las emociones se distorsionan y el Eco pierde coherencia. Estas regiones se convierten en focos de sufrimiento, donde nacen nuevos corrompidos o los existentes se fortalecen.
La Niebla no permanece inmóvil. Se expande por las tierras de Límine, afectando pueblos, rutas y ciudades enteras, distorsionando la magia del mundo y ofreciendo refugio a los corrompidos. Ante este deterioro progresivo, el Gran Sabio busca, entre toda la humanidad, a alguien capaz de iniciar una nueva familia de guardianes desde cero. Porque la ausencia de un solo portador puede ser suficiente para fracturar el equilibrio de ambos mundos.
El Don no convierte a nadie en héroe, solo ofrece la oportunidad de elegir serlo y no todos los que la reciben están preparados para pagar su precio.
El Orden del Poder en Límine
El primer contacto
En Límine, la magia no se enseña como un arte prohibido ni como un don divino. Es parte del mundo. Fluye en el aire, en la tierra, en el agua y en las criaturas que lo habitan. Sin embargo, que la magia exista no significa que todos puedan dominarla.
La mayoría de los seres de Límine apenas rozan su superficie. Usan la magia como un reflejo, una extensión de sus emociones inmediatas. No la comprenden ni la estructuran. La sienten, y eso es todo. Este es el estado más común del poder.
La primera senda: la magia instintiva
En su forma más básica, la magia nace de la intención. Un deseo, una necesidad, una emoción intensa. Límine responde, pero lo hace sin precisión. Los efectos son inestables, agotadores y, en muchos casos, peligrosos, incluso para quien los invoca. No existe diseño, solo impulso.
Por ello, la mayoría de los errores mortales en Límine no ocurren por falta de poder, sino por exceso de emoción sin control. Muchos nunca avanzan más allá de este punto, no por incapacidad, sino porque avanzar exige algo que pocos están dispuestos a enfrentar: estudio, comprensión, práctica, fracasos, constancia y mucho autocontrol para no convertirse en un corrompido.
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Editado: 07.01.2026