Guardianes del Umbral

Capítulo 0.3: Preludio

Bloque III: El Eco de la Verdad

El interior de la tienda era un microcosmos de orden frágil en medio de un mundo que comenzaba a resquebrajarse. El aroma del té de raíz, denso y terroso, se mezclaba con el olor a papel viejo y cera derretida. La estufa rúnica mantenía un calor constante, lo suficiente para ahuyentar el frío metálico que se filtraba desde el La Niebla l sin llegar a ser sofocante.

Afuera, la Niebla avanzaba con paciencia inhumana.

Dentro, el tiempo parecía haberse detenido.

Xena estaba inclinada sobre una de las cajas de suministros, lidiando con una pila de registros que amenazaban con desmoronarse a cada movimiento. Había mapas marcados con anotaciones apresuradas, informes sellados con el emblema del Arcontado y cuadernos personales llenos de observaciones que jamás llegarían a un archivo oficial. Sus dedos de Hilandera se movían con precisión casi reverente, no solo tocando el papel, sino sintiendo la resonancia que cada objeto conservaba.

Cada pergamino vibraba distinto.

Miedo. Esperanza. Urgencia. Culpa.

—Juro que este registro estaba aquí —musitó, revolviendo papeles—. No puede haberse perdido… era importante.

Lucas, sentado en el borde de su camilla, la observaba en silencio. Tenía la espalda ligeramente encorvada, los hombros aún cargando el peso invisible del campamento entero. Se levantó despacio y comenzó a ayudarla sin decir nada, separando documentos por sellos, fechas y tipo de resonancia, como si aquello fuera una tarea cotidiana y no un acto casi ceremonial.

—Los informes importantes siempre se esconden —dijo a Xena—. Es su mecanismo natural de defensa.

Xena resopló, conteniendo una risa.

—No bromees con eso. Si se pierde, terminará convertido en una nota al pie… o peor, en una crónica mal citada.

Lucas ladeó la cabeza con fingida gravedad.

—Eso sí sería imperdonable. El Gran Sabio jamás se recuperaría de semejante tragedia académica.

Xena y Lucas rieron, ella dio un golpecito en el hombro a Lucas

Mira - Exclamó Lucas - no era este?

Los ojos de Xena se iluminaron

dónde estaban? Tu lo habías escondido verdad — su cara es de molestia mientras hace un puchero, su forma de mostrarse enojada y molesta era tierna.

Lucas se rió y dijo

– Tranquila Xena no te enojes. Estaba detrás de la caja.

Xena se dió la vuelta, con una sonrisa de Victoria.

Trabajaron unos minutos en silencio. El suave crujido del papel y el zumbido bajo de la estufa llenaban la tienda con una rutina inesperadamente reconfortante. No había prisa. No había órdenes. Solo dos personas compartiendo un espacio seguro.

Xena se incorporó apenas desde el interior de un baúl de madera de raíz.

—Lucas… ¿podrías iluminarme en esta esquina? —pidió—. Quiero guardar estos libros antes de que la humedadl doble las puntas, y no veo ni el fondo.

Lucas tardó un segundo en reaccionar. Estaba observando cómo una sombra se proyectaba en la lona, moviéndose como si tuviera vida propia.

Respiró hondo.

—Magia de Luz: Destello —musitó.

En la punta de su dedo índice nació una pequeña esfera de luz blanca, pura y estable. No era cegadora ni grandilocuente. Era una claridad suave, precisa, como si la oscuridad aceptara retirarse ante ella sin resistencia. Fue la esencia más básica de la senda instintiva. Lucas moduló su intensidad con naturalidad, y el Destello flotó hasta quedar suspendido sobre el hombro de Xena.

La esquina oscura se llenó de detalles: polvo en suspensión, letras desgastadas, bordes doblados por viajes interminables.

Xena comenzó a acomodar los tomos con un cuidado casi religioso.

—Si sigues moviendo la luz así —bromeó—, voy a terminar escribiendo en mi informe oficial que el Pilar de la Era, en realidad, era una lámpara defectuosa.

Lucas soltó una carcajada breve, un sonido que rara vez se escuchaba fuera de esas paredes de lona.

—Bueno, si eso sucede, asegúrate de que sea una lámpara de alta calidad —respondió él, siguiendo el juego—. Aunque, siendo serios, cuando muera, tendrás que escribir una crónica que describa mi verdadera grandeza. Algo más épico que "lámpara defectuosa", por favor.

El ambiente cambió en un instante.

El sonido de un libro golpeando el fondo del baúl cayó como un martillo.

Xena se detuvo en seco. Sus manos quedaron suspendidas un instante demasiado largo. Cuando se giró, la luz del Destello acentuó la molestia genuina —casi dolorosa— en sus ojos plateados.

—No digas eso, Lucas —dijo con firmeza—. No hables de morir como si fuera un trámite pendiente. Te necesito aquí. Límine te necesita aquí.

Lucas bajó la mirada, incómodo.

—Además —añadió ella—, no te atrevas a convertirte en material de archivo antes de tiempo. No pienso escribir tu elegía, Pero te recuerdo que ya tienes una mención en las crónicas modernas. Debería ser suficiente para tu ego.

Él intentó sonreír, le dedicó una sonrisa pícara y dijo tratando de recuperar el ambiente ligero:

—De hecho —corrigió con tono bromista y de presumido— no es solo una mención, aparezco en tres de las cinco crónicas modernas. Soy prácticamente el protagonista de esta era de Límine. El Gran Sabio debe estar cansado de que le narren mis hazañas.

Ambos rieron… pero la risa de Lucas se apagó rápido.

Se quedó mirando el Destello, observando cómo la luz luchaba por mantenerse estable entre las sombras proyectadas en la lona.

—Xena… necesito decirte algo.

Ella cerró el baúl y se sentó frente a él, cruzando las manos sobre las rodillas. Conocía ese tono. Era el de las verdades que no podían seguir postergándose.

—Mi Eco está, como describirlo? Pesado—confesó Lucas—. Lo siento en cada paso. No es cansancio físico… es algo más profundo, como si algo dentro de mí se estuviera hundiendo.

Xena guardó silencio. Como Hilandera, ella entendía mejor que nadie que la fuerza de ese Erodes no residía en sus músculos o en la cantidad de luz que pudiera proyectar, sino en la coherencia de su resonancia interna. Si el Eco estaba pesado, significaba que la armonía se estaba rompiendo.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.