Guardianes del Umbral

Capítulo 0: Preludio. Bloque V: Preludio.

Bloque V: Preludio

La mañana del tercer día no trajo el sol.

El cielo sobre el campamento permanecía cubierto por un gris metálico, opresivo, como si el propio Límine contuviera la respiración. El Eco vibraba con una tensión constante, baja, casi imperceptible, pero suficiente para que los más sensibles sintieran un nudo en el pecho al despertar.

Lucas Erodes se encontraba de pie frente a la tienda principal, completamente armado. Su armadura reflejaba la luz mortecina del amanecer y su Eco oscilaba en una frecuencia de alerta sostenida. A su alrededor, Xena, Tomi, Egregor y Kaelen atendían la asamblea de emergencia.

—Si el Arcontado no responde antes del mediodía —ordenó Lucas con voz firme—, iniciaremos la retirada inmediata.

Miró a cada uno al nombrarlos.

—Xena, coordinarás la evacuación de los civiles y los archivos. Kaelen, te encargarás de los heridos y de cualquier afectado por disonancia residual. Tomi, asegurarás el perímetro y las rutas de escape.

Hizo una breve pausa.

—Yo me quedaré atrás para iniciar la contención de la zona de Niebla especial.

Nadie discutió la orden.

Fue entonces cuando Egregor, señaló hacia el límite norte del campamento.

—Señor… mire eso.

A lo lejos, emergiendo entre las rocas y la bruma baja, apareció una manada de siete Resonantes.

Xena reaccionó de inmediato. Abrió su manuscrito de las Crónicas del Gran Sabio V y leyó en voz alta, para que todos escucharan:

—“Naturaleza:
Fauna Mayor Neutral. Sistema inmunológico de Límine.

Descripción:
Los Resonantes son criaturas de tamaño moderado cuya fortaleza aumenta con la edad. Los ejemplares adultos poseen la capacidad de devorar no solo Bestias del Caos Menor, sino también Disonantes plenamente formados. Su apariencia recuerda a grandes jabalíes cubiertos por un pelaje de plumas de acero negro, las cuales vibran de forma constante en respuesta a la resonancia del Eco circundante.”

Lucas observó a la manada con atención absoluta. El viento traía un zumbido agudo; no era el viento, eran las plumas de los Resonantes entrando en resonancia defensiva.

—Son la defensa natural del mundo —dijo Lucas, con la mano puesta sobre el pomo de su espada—. Mientras ellos existan aquí, la Niebla sigue siendo un fenómeno natural, una digestión lenta de Límine.

Cruzó los brazos, sus ojos fijos en el espécimen más grande de la manada.

—Xena, recuerda las Crónicas V. Si los Resonantes entran y comienzan a alimentarse, significa que la amenaza no es más que un Disonante medianamente fuerte. Se puede sanar, se puede contener. Pero si huyen… o si les ocurre algo… —Lucas apretó la mandíbula— Si el sistema inmunológico del mundo falla, significa que lo que está ahí dentro no es una enfermedad. Es un depredador del mundo.

Nadie se atrevió a respirar. Los siete Resonantes avanzaron al unísono hacia la Niebla.

Durante un breve instante, las plumas de acero negro vibraron con tal intensidad que el sonido se volvió insoportable, como mil espadas chocando entre sí. Las criaturas estaban evaluando la amenaza, lanzando pulsos de eco para reconocer al enemigo. Luego, dieron un paso más… y otro.

Entonces ocurrió lo imposible.

El sonido cesó de golpe. Un silencio absoluto, antinatural, cayó sobre el campamento.

Las plumas dejaron de vibrar. Los Resonantes se detuvieron en seco, sus cuerpos se tensaron y, sin emitir rugido alguno, comenzaron a traslucirse. No hubo sangre, no hubo restos. Simplemente se desvanecieron, como si una mano invisible hubiera borrado su existencia del tejido mismo de Límine.

—Se los ha... ¿borrado? —susurró Tomi, con la mano temblando sobre su lanza—. Señor, ni siquiera los Disonantes pueden desintegrar a un Resonante adulto así de rápido.

Lucas no respondió. Su mirada estaba perdida en el punto donde los animales habían desaparecido.

—Tendremos que esperar, quizás solo estén alimentándose, por ahora solo debemos estar atentos.

En ese momento un mensajero del Arcontado irrumpió en el campamento. Su montura cayó agotada al llegar, y él portaba un sello oficial que emitía un brillo purpura intermitente.

—¡Comunicación prioritaria del Consejo del Arcontado del Eco! —anunció con la voz rota.

Xena tomó la carta. El sello quemaba. Al romperlo, una proyección holográfica del emblema del Arcontado del Eco se desplegó brevemente antes de que ella leyera en voz alta:

—“Tras evaluar los informes enviados, se declara la zona como Niebla de Grado Especial. El Consejo considera que es un asunto Crítico de importancia severa para Limine, El Umbral y La Tierra. Se ordena evacuación inmediata de todo personal no esencial. Al Guardián Lucas Erodes se le concede total autoridad... Uso de fuerza letal autorizado. Despliegue completo de arsenal mágico permitido. El Consejo del Arcontado del Eco asume total responsabilidad por los daños colaterales, esperamos las mejore noticias para todos, firma: El Consejo del Arcontado del Eco”




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