La Niebla
La naturaleza de la Niebla es conocida como el aliento de la disolución de la vida, tanto del mundo como del ser.
No es un fenómeno climático ni una entidad dotada de voluntad. No piensa, no desea, no decide. La Niebla es una consecuencia directa del desequilibrio en el orden natural de Límine.
El Eco de los seres —sus emociones, memorias y voluntades— fluye constantemente hacia el Umbral y es filtrado por el Gran Sabio a través de sus raíces. Aquello que puede ser armonizado se transforma en vida, energía, magia y estructura. Aquello que no puede serlo no desaparece: deja un residuo.
Cuando el dolor, el odio, la culpa o la desesperación se acumulan más allá de lo que el sistema de filtrado del Gran Sabio puede procesar, este residuo comienza a condensarse. Ese residuo es la Niebla.
La Niebla no destruye de inmediato ni arrasa con violencia. Su avance es lento… y precisamente por ello, es más peligroso. Estás zonas erosionan y debilitan la voluntad de quienes la atraviesan, entumeciendo la percepción del tiempo y del propósito. Bajo su influencia, los sentidos se vuelven imprecisos y las decisiones se diluyen.
Con el paso del tiempo, la Niebla erosiona la forma misma del mundo. La tierra se degrada, la energía se distorsiona y la vida enferma. Surgen zonas muertas y contaminadas donde la magia de Límine deja de responder, y finalmente regiones donde la erosión alcanza al ser mismo.
Cuando la identidad se desgasta lo suficiente, cuando el recuerdo del “yo” se vuelve difuso, la disonancia encuentra un espacio vacío donde asentarse. El ser se pierde a sí mismo y da paso a la corrupción. Así nacen los primeros corrompidos de la Niebla: no criaturas creadas, sino cascarones, restos de algo que fue y ya no pudo sostenerse.
Por esta razón, se recomienda evitar estas zonas. No por debilidad, sino porque sin una fortaleza interna adecuada, sostenerse dentro de la Niebla es casi imposible. Solo los Guardianes poseen la capacidad de entrar en ellas para contenerlas o sanar las heridas que provocan el crecimiento de la Niebla y la falta de regulación, pues la Niebla no avanza por voluntad propia. Avanza como respuesta a los lugares donde el equilibrio ha sido herido.
Existen tres causas principales por las cuales la Niebla se expande en Límine:
El Vacío del Guardián.
Cuando un Guardián del Umbral cae, la región que sostenía queda desprovista de regulación. Sin una conciencia capaz de filtrar, contener y redirigir el Eco disonante, la Niebla encuentra un espacio donde asentarse y crecer.
La Disonancia Mayor.
Los Señores del Caos no crean la Niebla, pero la provocan. Su sola existencia fractura el tejido del mundo, permitiendo que el residuo del Umbral se filtre sin contención. Donde uno de ellos camina, la realidad se debilita y la Niebla surge como respuesta inevitable.
El Trauma de la Tierra.
Eventos de dolor colectivo —guerras, masacres y catástrofes humanas— saturan el Umbral desde el otro lado. Estas heridas emocionales, cuando no encuentran resolución, se reflejan en Límine como focos persistentes de Niebla, atrayendo a los corrompidos y debilitando las barreras entre mundos.
Así, la Niebla no es un origen, sino un síntoma. No es la causa del mal, sino la evidencia de que algo no fue sanado.
La Regla de Emergencia del Don y la vigilancia eterna
Existe una ley antigua, rara vez invocada, conocida como la Regla de Emergencia del Don.
Cuando un Guardián muere y no hay nadie preparado para sostener el equilibrio, el Gran Sabio recurre a esta ley. El Don busca entonces un nuevo portador, no para crear héroes, sino para impedir que surjan nuevas zonas de Niebla o que las ya existentes se expandan, crezcan o se conecten entre sí, convirtiendo la degradación en colapso.
Desde que los humanos se convirtieron en la solución del Gran Sabio, la tarea de los Guardianes ha sido constante e invisible. Algunos vigilan de forma física, cruzando hacia Límine mediante vínculos ancestrales. Otros lo hacen a través del plano onírico, sosteniendo la frontera mientras duermen.
Noche tras noche, día tras día, utilizan su propia armonía para limpiar la frecuencia de las regiones afectadas, empujando las zonas de Niebla y enfrentando a los corrompidos que emergen o se fortalecen en ellas. No todos sobreviven. No todos regresan intactos. Pero mientras exista un Guardián en pie, la Niebla nunca avanza sin resistencia.
La niebla se clasifica en zonas de Grado.
Sobre la Clasificación de la Niebla
La Niebla no se manifiesta de forma uniforme; su presencia varía en extensión, densidad y peligrosidad, por lo que fue necesario establecer una clasificación por grados con el fin de comprenderla, contenerla y, cuando es posible, sanarla, pues estas zonas no representan simples acumulaciones de corrupción, sino heridas activas en el equilibrio del mundo.
Zonas de Grado I: son áreas reducidas de Niebla, de expansión lenta y resonancia inestable pero controlable, en las que Guardianes principiantes o seres con una resonancia firme pueden intervenir con relativa seguridad; en ellas suelen manifestarse bestias del Caos menor y es común observar a resonantes jóvenes alimentándose de la corrupción residual como parte de su desarrollo natural.
Zonas de Grado II: presentan una peligrosidad mayor, con una Niebla más densa y agresiva, donde las bestias del Caos menor muestran comportamientos más violentos y no es raro encontrar disonantes débiles, razón por la cual los resonantes adolescentes que se aventuran en estas regiones lo hacen asumiendo riesgos significativos.
Zonas de Grado III: son regiones extensas y altamente peligrosas que a menudo interrumpen rutas comerciales, territorios habitados o vías de transporte entre reinos enteros; en ellas es habitual la presencia de disonantes débiles y fuertes, así como de múltiples bestias del Caos menor, y si la herida que dio origen a la Niebla no es sanada o destruida de forma adecuada, la zona crece y desarrolla un ecosistema propio de corrupción, motivo por el cual resonantes adultos y los más antiguos y poderosos patrullan estos lugares como una forma de control natural para evitar que la Niebla se expanda más allá de los límites tolerables.
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Editado: 28.01.2026