Tras la declaración de Nyx, Lucas comprendió que el siguiente combate no sería uno más. No habría margen para medir fuerzas. No habría espacio para el error. Aquello no decidiría únicamente quién era más fuerte, sino qué principio tendría derecho a seguir existiendo: la Armonía que sostiene… o la Ruptura que reescribe.
El Gran Sabio lo supo antes que ellos. Desde lo más profundo de sus raíces colosales, concentró toda la energía y magia posible en el Umbral. Lo que estaba por ocurrir no tenía precedentes. La tierra etérea vibró con una tensión profunda, como si el plano mismo intentara prepararse para un golpe que sabía imposible de detener. Ambos lo sabían. Solo uno saldría con vida.
Lucas cerró los ojos por un instante. Cuando los abrió, ya no había duda en su mirada. Se quitó la capa. Luego la armadura. Y dejó de contenerse.
Entonces reunió todo su poder. No solo el suyo. Desde lo profundo del Umbral, desde capas invisibles del tiempo y la memoria, el Eco respondió. Juramentos antiguos, voluntades extinguidas, Guardianes que alguna vez dieron su vida para sostener ambos mundos… todos resonaron al unísono. No como fantasmas, sino como presencias.
La luz comenzó a condensarse en el cielo de Límine: primero como un resplandor lejano, luego como un firmamento entero encendido desde dentro. Desde cada rincón del mundo onírico, criaturas, eruditos y seres primordiales alzaron la mirada. El Gran Sabio tembló hasta sus raíces.
Por un brevísimo instante, Lucas pensó en su hermano. “Me hubiera gustado que vieras todo esto, hubiera sido increíble ver que poder te espera a ti aquí, Alaric”, pensó con profundo pesar. “Hubiera querido que vieras esta tormenta que yo solo puedo contener… pero que tú fácilmente podrías aprender a navegar.”
Nyx retrocedió flotando, tomando distancia. No por temor, sino porque comprendía la magnitud de lo que Lucas estaba convocando.
A su alrededor, la Ruptura respondió con igual violencia. El aire comenzó a descomponerse en fragmentos inestables; la materia perdía coherencia incluso antes de ser tocada.
Nyx comprendió, sabía que, si permitía que Lucas terminara de concentrar aquello que estaba reuniendo, el combate dejaría de ser reversible.
Pero no huyó.
En lugar de ello, avanzó.
La Ruptura respondió de inmediato. El aire comenzó a fragmentarse en láminas irregulares; la materia perdía coherencia incluso antes de ser tocada, como si la realidad se preparara para ser editada sin permiso.
—Entonces… —dijo Nyx, con una calma absoluta— veremos hasta dónde puede resistir el mundo.
No lanzó el hechizo aún.
Primero, se lanzó él.
—Magia de Transformación del Caos: Cuerpo Reescrito.
Su forma se desdibujó. No desapareció: se redefinió. Hombros, brazos y torso se reconfiguraron en una anatomía imposible, afilada y dinámica, como si cada músculo hubiese sido diseñado para un propósito distinto en cada latido. Nyx cruzó la distancia en un instante, dejando tras de sí una estela de vacío comprimido.
Lucas reaccionó sin pensar.
—Magia de Luz Divina: Postura del Guardián.
La luz no explotó. Se replegó sobre su cuerpo, reforzando huesos, articulaciones y reflejos. Cuando el golpe descendente de Nyx cayó, Lucas lo interceptó con el antebrazo cubierto de luz sólida. El impacto generó una onda de presión que hizo crujir el suelo del Umbral bajo sus pies.
Nyx giró en el aire y atacó de nuevo.
—Magia de Transformación del Caos: Filo Mutable.
Su brazo se alargó y se transformó en una hoja irregular, vibrante, imposible de anticipar. Lucas respondió materializando su espada en el último segundo, desviando el ataque con un giro preciso. El choque no produjo chispas, sino distorsión: el espacio entre ambos se plegó y se expandió violentamente.
Lucas avanzó.
—Magia de Luz Divina: Paso del Alba Cercano.
Desapareció de la trayectoria directa y reapareció a espaldas de Nyx, descargando un corte horizontal cargado de Eco puro. Nyx se reconfiguró en pleno impacto, permitiendo que el filo atravesara una forma que ya no era vital, y respondió con una patada que deformó el aire al contacto.
Ambos salieron despedidos en direcciones opuestas.
No hubo pausa.
No hubo palabras.
Nyx descendió primero, clavando una extremidad transformada en el suelo.
—Magia de Transformación del Caos: Anclaje de Ruptura.
El Umbral reaccionó contra Lucas. Fragmentos del terreno se elevaron y se lanzaron hacia él como proyectiles afilados. Lucas giró en el aire y respondió:
—Magia de Luz Divina: Muralla en Movimiento.
Placas de luz se formaron a su alrededor, no como un escudo fijo, sino como superficies móviles que absorbían y redirigían los impactos. Cada choque resonaba como un campanazo en el plano.
Nyx volvió a aparecer frente a él.
Demasiado cerca.
Ambos intercambiaron golpes a velocidad imposible. Puños, filos, rodillas, impactos de luz contra transformación pura. Lucas usaba técnica, lectura del movimiento, eficiencia absoluta. Nyx adaptaba cada golpe sobre la marcha, cambiando peso, forma y trayectoria como si el combate fuera un texto que podía reescribir línea por línea.
El Umbral comenzó a ceder.
Grietas aparecieron bajo sus pies.
Entonces Nyx sonrió.
No con burla.
Con decisión.
—Basta de medirnos —dijo—. Pasemos a las leyes.
Extendió ambos brazos.
—Magia de Transformación del Caos: Mar de Reescritura.
El suelo del Umbral se onduló como un océano negro. Placas enteras de realidad se desprendieron, flotando en capas superpuestas, descomponiéndose y recomponiéndose sin patrón alguno. Montañas etéreas se alzaron y colapsaron en el mismo segundo; el cielo se plegó sobre sí mismo en ángulos imposibles. Todo lo que tocaba aquel mar dejaba de obedecer las leyes conocidas.
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Editado: 06.06.2026