Guardianes del Umbral

CAPÍTULO 3: Destino y el eco de otro mundo. Bloque 3: El Secreto detrás de la caída de Lucas.

Bloque 3: El Secreto Detrás de la Caída de Lucas

"El mayor error de un heredero es creer que fue elegido. Nadie es elegido. Los linajes no preguntan. Los vacíos simplemente exigen ser llenados."

Gael Erodes, Asistente Onírico de la familia Erodes.

La mención del nombre de Lucas hizo que Alaric diera un paso atrás, como si el golpe de un mazo invisible le hubiera dado en el pecho. El zumbido bajo sus costillas pegó una sacudida eléctrica tan intensa que le obligó a presionar una mano contra su camisa. Su fiebre, que había permanecido latente, pareció avivarse en un segundo.

La imponente presentación de los familiares, las revelaciones sobre el MARN, la PNC y el resguardo de un nodo místico en el mismísimo Boquerón, en lugar de infundirle orgullo, comenzaron a asfixiarlo. Sacudió la cabeza, buscando desesperadamente aferrarse a sus servidores, a sus cables de red, a cualquier cosa que tuviera una explicación lógica en su mente.

—Están locos —soltó Alaric, y su voz, que empezó como un hilo entrecortado, se elevó raspando el pánico— Todo esto es una completa locura. ¿Quieren que yo tome el lugar de Lucas? Él era... él era perfecto. Yo lo vi en esa pesadilla, peleó contra una maldita entidad que deformaba la realidad con solo respirar. ¡Mírense ustedes! Mi tío Daniel, mis tíos de la policía, todos aquí son soldados o eruditos. Yo paso doce horas al día sentado frente a una pantalla configurando redes y tirando líneas de código. No sé usar un arma, no sé pelear, y físicamente... mírenme, soy un tipo, gordo, que se cansa si sube tres pisos por las escaleras. Yo no soy un Erodes de la cúspide. Lucas era un genio intocable, el pilar de su era. Si el guardián más poderoso de la historia moderna murió allá afuera... ¿Qué les hace pensar que yo voy a durar más de cinco minutos en su mundo?

Alaric soltó el aire de golpe, esperando que sus tíos saltaran a reprenderlo o que la tatarabuela Isabel lo castigara por su insolencia. Pero lo que recibió fue un silencio de plomo.

Nadie se movió. Todos tomaron asiento, Sofía, su madre, apartó la mirada de inmediato, clavando los ojos en la mesa mientras una sombra de culpa absoluta oscurecía su rostro. Los gemelos bajaron la cabeza y el tío Daniel apretó los puños, desviando la vista hacia los ventanales de la finca.

La tatarabuela Isabel cerró los ojos un instante. Cuando los abrió, su mirada implacable ya no arrastraba severidad, sino una profunda y antigua melancolía. Tomando su asiento, dio un par de golpes lentos, apoyándose firmemente en su bastón de madera oscura. — toma tu asiento Alaric— gael llevó una silla para que alaric al centro de todos pudiese estar sentado.

—Lucas no era perfecto, muchacho —sentenció Isabel, y su voz sonó tan pesada como la tierra que acababan de dejar en el cementerio—. Su poder lo era. Su técnica era impecable, su Eco resonaba con una pureza que no habíamos visto en siglos, pero su ser estaba fracturado. Las Crónicas del Gran Sabio que Gael te entregará lo dictan con claridad: el Don y la resistencia del Eco no dependen de la fuerza de tus músculos, sino de la estabilidad de tu mundo interior, de tus lazos. Y tu hermano... tu hermano cayó porque estaba completamente solo en la Tierra y esta familia no supo estar para la persona más amada de todos aquí y de quien estamos muy orgullosos.

El silencio fue sepulcral, nadie replicó, pues todos sabían que aquellas palabras estaban llenas de verdad, que nadie más que Xena había podido darle un poquito de esa Paz que Lucas realmente necesitaba.

Alaric parpadeó, desconcertado. Empezó a sentir culpa hacia su hermano menor por haberlo "abandonado" para dejarlo ser el hijo predilecto.

—¿Solo? —replicó Alaric con desconfianza—. Eso es ridículo. Si lo que vi en mis sueños era real, tenía el respaldo del Arcontado, tenía campamentos enteros en Límine, a esa asistente Hilandera de la que hablaron... y tenía a su esposa. Se casó con ella hace dos años.

—Su matrimonio fue una falsedad —soltó la matriarca, y la frialdad de sus palabras caló hondo en el salón—. Esa mujer jamás lo amó; su lazo afectivo era un cascarón vacío, un acuerdo de conveniencia humana y apariencias que nunca tuvo raíces reales. Y en las leyes del Umbral, Alaric, la disonancia de un vínculo roto es un veneno silencioso. Ese engaño pudrió la resistencia espiritual de su Eco desde adentro, minando sus defensas naturales contra la corrupción del Caos. El guardián más fuerte del mundo no cayó porque Nyx fuera invencible; cayó porque cuando esa Lanza del Origen atravesó su pecho en la Cúspide, no tenía un lazo sincero y correspondido en la Tierra que anclara su alma a la vida. Su última defensa se quebró por la soledad de su corazón.

El impacto de las palabras de Isabel golpeó a Alaric directo en el estómago, dejándolo sin aire. Volteó a ver a Sofía, y las lágrimas silenciosas que ahora resbalaban por las mejillas de su madre le confirmaron que no había mentira en la historia. Lucas, el héroe indomable, el orgullo del linaje, había estado sufriendo un aislamiento espiritual absoluto en medio de su gloria.

—Cuando un linaje tan antiguo como el nuestro se queda sin un heredero activo en el frente, y el nodo del Amate Negro queda desprotegido, las reglas de nuestro mundo cambian —continuó Isabel, dando un leve golpe con su bastón que hizo que el zumbido en el pecho de Alaric vibrara al unísono—. El Gran Sabio no permite el vacío. Ante una alerta roja estructural, se activa la regla de emergencia del don del umbral, ya sea con alguien de linaje sanguíneo espiritual o, en el peor de los casos, con alguien totalmente ajeno a Limine que tendrá que empezar un nuevo linaje. Tu pesadilla del diecinueve de marzo a las once de la noche no fue un invento de tu fiebre, Alaric. Fue tu Eco despertando y conectándose en tiempo real a la Cúspide de tu hermano en el instante exacto en que él moría en Límine.

Isabel se puso de pie y se acercó a Alaric, quedando frente a él, obligándolo a sostenerle la mirada.




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