Guardianes del Umbral

Capitulo 4: Treinta Días de Penumbra y Tinta. Bloque 2: El maestro de Sueños

Bloque 2: El maestro de Sueños

El primer día de su nueva vida llena de entrenamientos y cosas místicas pasó como un borrón de códigos de red, miradas pesadas de su madre en los pasillos de la finca y el persistente dolor de cabeza de la fiebre. Pero el verdadero desafío no comenzó bajo el sol, sino cuando el reloj de la sala colonial marcó las ocho de la noche y los ojos de Alaric se cerraron por el agotamiento.

El descenso no fue pacífico.

Alaric se encontró de golpe atrapado en un bucle de oscuridad asfixiante. El suelo bajo sus pies se sentía como lodo hirviendo, y a su alrededor, el aire se retorcía con formas monstruosas. Podía escuchar el eco distorsionado de una risa cruel, la misma entidad de su pesadilla del diecinueve de marzo, deformando la geometría de su entorno. Sentía que el pecho le iba a estallar; el zumbido místico se había convertido en un taladro eléctrico que buscaba romper sus costillas desde adentro. Estaba gordo, lento, incapaz de correr en un entorno que no respondía a ninguna ley física. El pánico lo devoraba.

—¡Alaric! ¡Ey, compilador, mirame! —una voz familiar cortó el estruendo.

Una mano delgada lo tomó firmemente del brazo. De repente, la oscuridad y los monstruos se congelaron, resquebrajándose como un vidrio templado. El lodo hirviendo se transformó en un pulcro piso de madera flotante, y las paredes de pesadilla se abrieron para dar paso a un espacio inmenso, blanco y minimalista, que recordaba a un estudio de diseño arquitectónico industrial moderno.

Alaric cayó de rodillas, jadeando con violencia, presionando su mano contra el pecho. Su cuerpo espiritual sudaba tanto como el de carne y hueso. A su lado, Gael permanecía de pie, vistiendo ropa cómoda y con su habitual expresión adormilada, aunque sus ojos reflejaban una seriedad inusual.

—Estás experimentando el eco por primera vez, esto es la iniciación del don —explicó Gael, ofreciéndole una mano para ayudarlo a levantarse—. El Eco de la Tierra llega a Límine en forma de emociones humanas, ¿lo leímos en las crónicas, recuerdas? Tú, al ser elegido como candidato a guardián por el Gran Sabio, te conviertes en un contenedor para el eco, capaz de crear, almacenar o usar el eco. Tu contenedor actual está lleno de pánico, resentimiento y estrés. Si no ordenamos tu código interno, esa energía te va a derretir la mente antes de que termine el mes.

Alaric se puso de pie con dificultad, mirando a su alrededor. El "estudio" no tenía techo; arriba solo se veía un cielo estrellado que vibraba en tonos violetas.

—¿Cómo hiciste eso? —preguntó Alaric, con la voz entrecortada—. Estaba... estaba muriendo ahí dentro.

—Te explicaré algunas cosas para comenzar —respondió Gael con una seriedad inusual—. Este es mi plano onírico. Yo no puedo cruzar físicamente a Límine, mi contenedor biológico y mi Don no dan para tanto. Pero sí puedo acceder a través del Don del Umbral en el estado de vigilia profunda, lo que comúnmente en la familia y en Límine conocemos simplemente como el estado onírico. Es la forma más sencilla de llamarlo.

Gael sonrió levemente, acomodándose los guantes antes de continuar:

—Como no puedo acceder de forma física, estoy limitado, pero tuve suerte. Esta sala de estudio en la que estamos es nuestro puente. Cuando dormimos en la residencia, nuestras mentes acceden a este mini plano a través del Don. Forma parte de Límine, es Límine real, pero en una versión puramente espiritual para aquellos que no podemos acceder físicamente; aquí podemos interactuar con personas y peligros reales, pero de forma muy limitada y en ocasiones más peligrosa. Vos aún no estás preparado para cruzar el Umbral con tu cuerpo de carne y hueso, por eso te voy a entrenar acá, para que aprendas a dominar tu Eco antes del viaje físico. Bienvenido a mi segunda oficina, cuarto de residencia y centro de entrenamiento; considéralo una extensión del cuarto-oficina donde estuvimos ayer en la noche.

Alaric miró las columnas del estudio que flotaban sobre el cielo violeta, procesando la información.

—¿Y cómo es que tenés este espacio a tu disposición? —preguntó Alaric, regulando su respiración.

—Bueno, eso se debe a mi magia dentro de Límine. Yo desperté mi magia hace años, pero aquí hay una regla: para todos los que no podemos cruzar físicamente, no podemos convertirnos en Guardianes oficiales, además de que el uso de la magia se ve severamente restringido. Como nuestro cuerpo físico no está allá, nuestro contenedor de Eco no opera al cien por ciento de su capacidad. Por eso, muchos en mi situación ni siquiera despiertan magia, o despiertan magias sencillas, de utilidad o de apoyo. Mi enfoque es puramente de soporte. Tengo la magia de Forja Onírica.

Gael extendió una mano y el suelo de madera brilló con sutiles líneas de código místico.

—Entrené mucho para dominar esta magia hasta el grado de llegar a poseer un hechizo activo, que es este espacio, llamado Arquitectura del Eco. Me permite tomar un fragmento de Límine y estructurarlo a mi antojo. Aquí dentro soy el administrador del sistema; yo establezco las reglas de la gravedad, el entorno y el clima. Mi habilidad no sirve para pelear activamente contra monstruos en el frente, pero me convierte en el entrenador perfecto. Puedo rastrear, aislar y controlar los miedos o las emociones negativas de quien está aprendiendo. Manipulo este entorno para obligarte a encontrar tu coherencia interna y que entendás cómo dominar tu frecuencia antes de que salgás al mundo real. Puedo crear simulaciones de ataque o estabilizar tu mente si el desbordamiento es demasiado severo. Por ello soy el asistente onírico de la familia. Es mi función en el linaje.

—Eso es increíble, eres genial Gael —expresó Alaric con asombro genuino.

—¿Te cuento algo más genial aún? —preguntó Gael con una sonrisa llena de orgullo.

—Adelante, cuéntame por favor —respondió Alaric con mucha curiosidad.

—Según Lucas y Xena, en una de nuestras últimas conversaciones, los hechizos activos solo nacen tras alcanzar la cúspide del poder, por lo que Lucas creía que, de haber podido acceder a Límine físicamente, yo habría sido un Gran Guardián y uno de los pocos miembros de la familia en alcanzar la cúspide del poder.




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