Guardianes del Umbral

Capitulo 4: Treinta Días de Penumbra y Tinta. Bloque 6: Emergencia

Bloque 6: Emergencia

La cuarta mañana de entrenamiento comenzó como todas las anteriores: dolor.

Daniel había decidido que la mejor forma de fortalecer a Alaric consistía en destruir sistemáticamente cada músculo de su cuerpo.

—¡Más rápido! — Grito Daniel que estaba destruyendo fisicamente al muchacho.

—¡Ya voy rápido!

—Eso es exactamente lo que diría alguien lento Alaric.

Alaric jadeó mientras intentaba completar otra serie de ejercicios bajo el sol de la finca. A esas alturas ya podía correr varios kilómetros sin sentir que sus pulmones iban a explotar. Todavía estaba lejos del nivel de un Guardián, pero comenzaba a parecerse menos a un técnico sedentario y más a alguien capaz de sobrevivir una emergencia.

Daniel recogió un tronco seco que había llevado a casa antes de empezar el entrenamiento., no era especialmente grande. Pero tampoco era algo que una persona normal lanzaría por diversión.

—¿Qué va a hacer con eso? —preguntó Alaric, desconfiado.

—Educarte. — respondió Daniel con una sonrisa macabra.

—Eso no respondió mi pregunta tio.

—Exacto.

Antes de que pudiera reaccionar, Daniel giró sobre sí mismo y lanzó el tronco.

Alaric apenas alcanzó a apartarse.

El proyectil pasó rozándole el hombro y se estrelló contra una pila de leña varios metros atrás.

—¡¿Está loco?! ¿Me quieres matar?

—Muy lento Alaric, en Limine hay corrompidos que son 10 veces más rápidos que esto.

—¡Me pudo quebrar una costilla!

—Y un Corrompido podría arrancarte la cabeza. —Daniel ya estaba avanzando, no corriendo, caminando, lo cual era mucho peor.

Alaric retrocedió instintivamente, Daniel lanzó un golpe, Alaric lo esquivó por centímetros. Luego otro. Y otro, No eran golpes destinados a lastimarlo, ran pruebas.

Pequeñas trampas diseñadas para romper su concentración.

—Pensás demasiado niño

—Porque a eso estoy acostumbrado

—Y eso te va a matar.

Alaric intentó responder.

Daniel le golpeó suavemente la frente con dos dedos. —¿Ves?

—Eso fue trampa. — musito Alaric.

—No. — Daniel volvió a colocarse frente a él. —La mayoría de la gente cree que el combate consiste en golpear más fuerte.

Se señaló la cabeza. —Pero aquí es donde empieza todo. —Luego señaló el pecho.—Y aquí es donde termina.

El zumbido bajo las costillas de Alaric respondió inmediatamente.

Daniel sonrió.

—Cuando te asustás, dejás de respirar. Cuando dejás de respirar, perdés el ritmo. Cuando perdés el ritmo, perdés el Eco. Y cuando perdés el Eco...

Se inclinó ligeramente hacia adelante.

—Te convertís en un cadáver muy bien educado. Alaric soltó una carcajada involuntaria, Daniel aprovechó la distracción y lo empujó.

Alaric cayó de espaldas contra la tierra.

—¡Demonios!

—Lección número uno. —Daniel le extendió la mano.—Todos caen, lo importante es cuántas veces te levantás.

Alaric observó la mano durante un segundo.

Luego la tomó.

Y volvió a ponerse de pie.

En eso Arturo apareció caminando desde los campos de cultivo con expresión preocupada.

Aquello bastó para llamar la atención de todos.

Arturo Erodes rara vez parecía preocupado.

El hombre dedicaba la mayor parte de sus días a recorrer la finca, supervisar los amates y ceibas de la familia, localizar árboles puente en distintas regiones del país y administrar la extracción de savia utilizada tanto por los Guardianes como por los mercados de Límine.

Si algo relacionado con los árboles lo inquietaba, era porque realmente existía un problema.

—Daniel —llamó con voz grave—. Necesito ayuda.

El dejó caer una toalla sobre su hombro.

—¿Qué pasó Arturo?

—Una de las Ceibas secundarias está enfermando. — respondio Arturo con severidad.

La expresión de Daniel se endureció inmediatamente.

—¿Corrupción?

—No lo sé.

—¿El Amate Negro?

—No, el Amate Negro está perfectamente estable. —Arturo negó con la cabeza.

—Es una Ceiba de apoyo ubicada en el sector norte de la propiedad.

Alaric observó cómo la tensión se instalaba poco a poco entre los presentes.

Para él seguía siendo solo un árbol.

Para los Erodes, aquello parecía equivalente a recibir una llamada de emergencia desde un hospital.

En ese momento una camioneta apareció levantando una nube de polvo sobre el camino empedrado.

Ricardo conducía.

Camila iba en el asiento del copiloto.

Ambos descendieron apenas el vehículo se detuvo.

—Llegamos lo más rápido que pudimos —dijo Ricardo.

Arturo soltó un suspiro de alivio. —Perfecto. Llegan justo a tiempo.

Los gemelos intercambiaron una mirada.

—¿Qué tan grave es? —dijieron perfectamente sincronizados.

—Tenemos dos situaciones críticas al mismo tiempo.

Eso consiguió toda la atención del grupo.

Arturo cruzó los brazos.

—La primera ya la conocen. La Ceiba del sector norte está marchitandose, si bien en la tierra no se manifiesta la magia,si puede manifestarse un leve eco resifual de Limine que es lo que genera la conexion entre los mundos a traves de los anclajes, algun factor externo esta drenando Eco a un ritmo anormal dañando nuestra ceiba. Necesito que ustedes tres la revisen.

Señaló a Ricardo.

Luego a Camila.

Y finalmente a Alaric.

—¿Yo? —preguntó el muchacho.

—Vos también. —Daniel levantó una ceja.

—Todavía estoy entrenando.

—Precisamente por eso. —Arturo observó a su sobrino durante unos segundos.

—No vas a aprender encerrado leyendo Crónicas toda la vida.

Alaric sintió una mezcla incómoda de orgullo y nerviosismo.

—Confío plenamente en ustedes tres. Evalúen la situación, determinen la causa y resuélvanla si está dentro de sus capacidades. Después me llaman y me informan qué encontraron.

—Entonces me retiro a descansar jahajaha, suerte a todos — Dijo Daniel mientras se retiraba al ver que Arturo ya tenia un plan.




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