Guardianes del Umbral

Capítulo 5: El primer Viaje y el despertar. Bloque 1

Las cosas con mi esposa me están afectando más de lo que pensé. Hoy el tránsito volvió a doler. Cada viaje hacia Taure deja algo atrás. No sé si son recuerdos, años de vida o simplemente fragmentos de mí mismo que el Umbral decide conservar como peaje. Los médicos del Arcontado insisten en que reduzca la frecuencia de los cruces físicos entre mundos, que use los sueños para atender asuntos de Limine si mi presencia es requerida en la tierra. Dicen que los síntomas son causados por la disonancia que se está forjando dentro de mi. Xena opina exactamente lo mismo, aunque suele expresarlo con menos formalidad y más amenazas.

Tal vez ambos tengan razón.

Pero si abandono a los habitantes de Rost, muchos podrían morir. Y no quiero poner en riesgo a otros guardianes menos experimentados, pues los disonantes que asedian los bosques de Rost incluso llegan a mostrar niveles cercanos a la cúspide de la ruptura. La Niebla continúa presionando sobre el sector oriental. Los informes oficiales hablan de estabilidad. Los informes oficiales siempre hablan de estabilidad.

Cuando todo esto termine quiero volver a casa.

Quiero sentarme bajo el Amate Negro. jugar en la Niwch con mis primos e ir a ver a mi hermano mayor a aquel café y que Alaric me explique durante una hora por qué cierto servidor está mal configurado aunque yo no entienda la mitad de lo que dice.

Extraño cosas absurdamente simples.

Supongo que eso significa que todavía sigo siendo humano después de todo.

—Fragmento de la bitácora personal de Lucas Erodes. Registro no enviado. Fecha estimada: 1 año antes de la batalla de la Cúspide.

Bloque 1: La Retaguardia Emocional y la Sombra de la Tierra

La mañana siguiente a la asamblea familiar trajo consigo un aire espeso y callado que parecía estancarse en los corredores coloniales de la finca. Los treinta días de reclusión, tinta y desgaste físico habían terminado, y el silencio de la propiedad ya no se sentía como un refugio, sino como la tensa quietud que precede a una tormenta. Alaric se encontraba en su habitación, ajustándose las pesadas botas que el tío Daniel le había seleccionado para las caminatas. Sus manos, antes acostumbradas a la ligereza de un teclado, ahora lucían ásperas, con sutiles marcas del entrenamiento diario. El flujo del Eco en su pecho latía con una regularidad pacífica, completamente sincronizado con su respiración.

Antes de marchar hacia el Amate Negro para el gran cruce definitivo, las palabras de la tatarabuela Isabel resonaron en su mente: «Tu madre observará tu progreso y blindará tu retaguardia espiritual». Alaric exhaló un suspiro largo y salió al pasillo de baldosas gastadas en busca de Sofía.

La encontró en la pequeña capilla familiar al fondo del segundo patio, un lugar donde el aroma a madera vieja y cera quemada flotaba denso. Sofía estaba de espaldas, contemplando un modesto altar donde descansaba una fotografía de Lucas rodeada de flores blancas recién cortadas. No estaba llorando; su figura reflejaba una rigidez herida pero imponente, la misma postura de piedra que Alaric empezaba a reconocer en todos los miembros del linaje Erodes.

—Sabía que vendrías antes de irte —dijo Sofía sin girarse, con una voz suave pero arrastrada por un dolor profundo y contenido.

—La tatarabuela me dijo que hablara contigo —respondió Alaric, deteniéndose a unos pasos de la entrada—. Dijo que cuidarías mi retaguardia.

Sofía se da vuelta despacio. Sus ojos, idénticos a los de Lucas, recorrieron el físico de Alaric. Notó de inmediato los sutiles cambios en su contenedor: seguía siendo un joven robusto y visiblemente gordo, pero la laxitud del sedentarismo había desaparecido de sus hombros; se paraba con una entereza nueva.

—Mi rol en esta casa no es enseñarte conjuros ni técnicas de combate, Alaric. Para eso ya tuviste a Daniel y a Gael —explicó ella, dando un paso al frente y entrelazando sus manos—. Mi tarea es vigilar el entramado que sostiene tu cordura desde este lado del Velo. Sostener la retaguardia espiritual significa que, mientras tu carne camine por la Zona Liminal Continua y tu mente asimile el peso de las Crónicas, yo me encargaré de que tu conexión emocional con tu origen no se pudra. Yo ya formé al pilar más fuerte de nuestra era... vi a Lucas convertirse en una leyenda, y también vi cómo se destruyó por dentro debido al aislamiento emocional y la falsedad que lo rodeó. No voy a permitir que el nuevo eslabón se quiebre de la misma forma.

Alaric guardó silencio, asimilando la gravedad en las palabras de su madre. La pérdida de su hermano mayor se sentía como una sombra física entre ambos, un recordatorio constante del precio que exigía Límine.

—Lucas se quedó solo —murmuró Alaric, recordando lo leído en la Crónica de los 10 Fundamentos.

—Se aisló. Permitió que la carga de salvaguardar a todo Limine y a ambos mundos devoró su entorno —asintió Sofía, y su mirada se ensombreció, tiñéndose de un resentimiento antiguo—. Pero no fue solo la presión del Arcontado lo que lo desgastó. Hubo veneno aquí en la Tierra, grietas familiares que socavaron sus cimientos mucho antes de que la Niebla empujara en Resendar. Tu padrastro, Alaric... Debes tener mucho cuidado con el recuerdo y la sombra de ese hombre.

El pecho de Alaric dio un sutil vuelco al escuchar la mención. Recordaba la tensión que siempre flotaba en la casa años atrás, pero nunca había entendido los motivos profundos.

—La tatarabuela mencionó que él era usuario de la magia de la Tierra —dijo Alaric, instándole a continuar.

—Un don noble entregado a un alma pequeña —sentenció Sofía con severidad—. Tu padrastro traicionó al linaje por pura envidia. No podía soportar que Lucas, siendo tan joven, poseyera una afinidad tan pura y brillante con el eco, que su hijo naciera con una magia considerada inutil, ni que el Consejo del Arcontado lo venerara como el custodio principal de la región. De forma retorcida y silenciosa, utilizó su propia magia para fracturar la estabilidad de las propiedades y debilitar los flujos de Eco que alimentaban los entrenamientos de tu hermano. Sembró desconfianza, alteró los límites del terreno místico y quebró el entorno de Lucas, dejándolo vulnerable ante las exigencias del otro mundo. La falsedad y el resentimiento de ese hombre hicieron más daño al contenedor de tu hermano que los propios monstruos de la corrupción.




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