Bloque 2: El Ingreso a Taure y el Legado de la Leyenda Viviente
La transición no tuvo la ligereza de un desvanecimiento onírico; fue un hecho físico, denso y aplastante. Alaric se paró junto a la tatarabuela Isabel en la base del Amate Negro, sintiendo la rugosidad de la corteza bajo sus palmas. Ya no era el joven febril que huía de las visiones nocturnas en una cama de hospital. Con la espalda erguida y una quietud metódica gobernando sus pensamientos, respiró hondo y estabilizó la frecuencia del Eco en su pecho, permitiendo que su flujo se sintonizara con la vibración del anclaje biológico. Al presionar su voluntad contra el Velo, la realidad del Mundo del Origen crujió. La savia y la madera del árbol se desvanecieron en una exhalación de partículas doradas y, en un parpadeo, la pesadez del aire de San Salvador fue sustituida por una atmósfera fría, cargada de una estática que erizaba los vellos de sus brazos. Sus pies se asentaron con un eco sordo sobre una superficie firme.
Habían arribado a la majestuosa plataforma de piedra blanca, el Punto de Arribo oficial que correspondía a la custodia de su linaje en la región de Taure, dentro del Umbral.
Al abrir los ojos, Alaric se vio rodeado por una inmensidad arquitectónica que desafiaba la lógica de la Tierra. El suelo de piedra pulida se extendía hasta perderse en una neblina baja y luminosa, y ante ellos se alzaban las imponentes estructuras del Instituto del Arcontado del Eco, cuyos pilares parecían sostener un firmamento cambiante, teñido de vetas plateadas y púrpuras. El aire no traía el aroma del entorno urbano, sino una fragancia mineral y antigua, acompañada por un zumbido constante y sutil que vibraba directamente en los huesos de su contenedor.
Antes de que pudiera asimilar el impacto visual del entorno, un grupo de oficiales y asistentes del Arcontado, vestidos con túnicas rígidas de la Sección de Ortodoxia y portando insignias de resonancia en el pecho, se aproximó a paso apresurado. Al ver a la anciana que caminaba al lado de Alaric, el líder de la comitiva — se detuvo en seco, ejecutando una reverencia tan profunda que su frente casi rozó el pomo de su propia vara de mando.
—Señora Isabel Erodes… —pronunció el oficial con una voz que arrastraba una reverencia casi mística—. Los registros del Consejo no nos advirtieron de su ingreso físico. Es un honor que la luz de su coherencia vuelva a pisar este sector.
Alaric observó de reojo a su tatarabuela. La anciana de noventa y seis años no mostró la menor señal de fatiga por el cruce; se apoyó en su bastón ancestral con una soberbia natural, asintiendo levemente ante el saludo. En ese instante, el joven comprendió la escala de la figura que lo guiaba: para aquellos funcionarios de otra raza, la matriarca no era simplemente una anciana de una finca colonial en El Salvador; era una leyenda viviente, un pilar histórico que había custodiado y sostenido las fronteras del Umbral durante casi un siglo.
—El honor es mío, que dicha siento por aun poseer las fuerzas para estar aquí pese a mi edad. —respondió Isabel, con una voz severa que resonó con una autoridad impecable en la plataforma—. He venido a presentar al Guardián Sucesor. La vacante que dejó mi tataranieto Lucas ha sido cubierta. Registren la resonancia del Eco de Alaric Erodes en las actas de la Sección y actualicen el estatus del sector de inmediato.
Un rimbrul que los acompañaba alzó la vista, asombrado, fijando sus ojos en Alaric. El escrutinio fue rápido pero pesado, evaluando la coherencia de su ser y la estabilidad del flujo del eco que emanaba de su pecho. Aquel pequeño ser no miraba maldad en el muchacho.
—Por supuesto, matriarca. Procederemos con el protocolo de emergencia de forma inmediata —asintió el funcionario, haciendo una señal a sus subordinados para que prepararan los pergaminos de registro y los cristales de resonancia—. La muerte del Guardián Lucas Erodesr dejó una alerta roja estructural en todo el perímetro. Diversas zonas de nieblas de grado 1 y 2 han surgido. La Niebla ha estado presionando con una agresividad inusual sobre el anclaje de los Erodes, debido al vacío existente de un guardián activo. La llegada del sucesor es crítica para mitigar la vulnerabilidad del sector y estabilizar las rutas comerciales que conectan con Resendar. Esperamos complete satisfactoriamente los entrenamientos de nombramiento como guardián.
Mientras la tatarabuela se adentraba en la burocracia del Arcontado, discutiendo con los altos mandos los detalles técnicos de la contención y el filtrado del residuo espiritual, Alaric se mantuvo un paso atrás. Su mirada recorrió los escritorios de piedra y los folletos públicos que descansaban en las mesas periféricas. Recordando el manuscrito que Isabel le había entregado la noche anterior, se acercó a uno de los asistentes de la Sección de Ortodoxia, un joven de dedos largos y movimientos pausados que organizaba crónicas archivadas.
—¿La Escriba Oficial Xena Winrrebeal se encuentra en el Instituto? —preguntó Alaric en voz baja, intentando que su tono reflejara una curiosidad estrictamente técnica.
El asistente lo miró con sorpresa, deteniendo su labor por un segundo.
—¿La señorita Xena? No, joven Guardián —respondió el empleado, bajando la voz—. Tras la Crisis de la Cúspide y la caída del Guardián Lucas, la Escriba Oficial rechazó el aislamiento en los Archivos Centrales del Reino de los Hilanderos. Asi como tambien rechazó ser reasignada a otro guardian. Se encuentra desplegada de forma alterna, está entrenando su magia, ayudando con los diversos trabajos en resendar e investigando, hace poco logró su primera publicación como escriba oficial de la sección de Ortodoxia. Es… una mente implacable, si me permite decirlo. Se mantiene fuerte y avanzando, sin permitirse un solo día de luto.
Alaric asintió en silencio, sintiendo que un respeto profundo y puramente humano se asentaba en su juicio. La lectura de la Crónica de los 10 Fundamentos no mentía: Xena era una fuerza de la naturaleza. Mientras el mundo temblaba por la pérdida de Lucas, su mejor amigo, ella se había negado a detenerse; estaba en el fango del frente, protegiendo el sacrificio del pilar caído con la precisión de un cirujano. El deseo de cruzar el Umbral y avanzar más allá de Taure ya no era una imposición familiar; Alaric quería conocer Resendar, quería entender Límine, pero sobre todo, deseaba conocer en persona a la hilandera que había sostenido la cordura de su hermano en el fin del mundo.
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Editado: 31.08.2026