Guerra de Corazones

Capitulo 6

Azai salió de los establos montando a su semental negro, con la mente todavía nublada por el recuerdo de la niña de pelo ondulado. No había avanzado mucho por el sendero que bordeaba el bosque del palacio cuando divisó a lo lejos una figura conocida.

Darian estaba allí, junto a su caballo, mirando hacia el horizonte con la mandíbula tensa. Parecía llevar el peso del mundo sobre los hombros. Azai espoleó a su montura y se acercó al trote, deteniéndose a unos metros.

—Es un lugar extraño para que un futuro rey se esconda, ¿no crees? —soltó Azai con su habitual tono de ironía, aunque esta vez sus ojos no tenían la frialdad de antes.

Darian se giró bruscamente, llevándose la mano al pomo de su espada por instinto, pero se relajó al ver quién era. O al menos, fingió relajarse.

—No me escondo, Azai. Solo buscaba un poco de silencio antes de que mi padre me envíe a otra reunión para discutir el color de los manteles de mi boda.

Azai bajó de su caballo con agilidad y caminó hasta quedar al lado de Darian. Ambos miraron hacia el valle.

—Morgana me ha pedido que te vigile —soltó Azai sin rodeos. Darian se tensó de inmediato, pero Azai continuó—. Cree que estás "raro". Cree que hay algo que te distrae de tu deber.

Darian apretó los puños, pero antes de que pudiera inventar una excusa, Azai lo interrumpió:

—No me mires así. Le dije que lo haría. Pero le he mentido. Le dije que mi interés en seguirte era porque yo mismo estaba... entretenido con la bufona de la corte.

Darian se giró hacia él, con los ojos encendidos de una mezcla de furia y confusión.

—¿Qué has dicho? Aléjate de Lyra, Azai. Ella no tiene nada que ver con esto.

Azai soltó una risa amarga y dio un paso hacia él, bajando la voz.

—No seas idiota, Darian. Si yo no reclamo a esa chica como mi "juguete", mi hermana la destruirá en cuanto sospeche que es ella quien te quita el sueño. He creado una pantalla de humo para protegerla. Pero tienes seis semanas... y el tiempo corre.

Darian no esperó a que Azai terminara de explicar sus motivos. En un movimiento tan rápido que sorprendió incluso al extranjero, Darian lo tomó por la pechera de su túnica de seda y lo empujó contra el tronco de un roble cercano. El golpe seco hizo que las hojas vibraran.

—Escúchame bien, Azai —siseó Darian, con una voz que ya no era la del príncipe diplomático, sino la de un hombre dispuesto a matar—. Me importa poco lo que le digas a tu hermana o las pantallas de humo que inventes.

Darian apretó más el agarre, acercando su rostro al de Azai hasta que sus miradas chocaron con chispas de odio.

—Si usas esa mentira de que ella es tu "juguete" para ponerle una sola mano encima, o si permites que Morgana le toque un solo cabello bajo tu supuesta vigilancia... te juro por la corona de mi padre que no habrá reino lo suficientemente lejos donde puedas esconderte. Te cortaré la garganta antes de que puedas decir su nombre otra vez.

Azai, a pesar de estar acorralado, no mostró miedo. Al contrario, una sonrisa ladeada y oscura apareció en su rostro. Ver a Darian romperse, ver al "príncipe perfecto" perder los estribos por una bufona, era exactamente lo que quería provocar.

—Ahí está... —susurró Azai, ignorando la presión en su cuello—. Por fin sacas los colmillos, Darian. Ya me estaba aburriendo de tu amabilidad.

Azai levantó las manos en señal de paz, aunque sus ojos seguían burlándose.

—Tranquilo. No tengo interés en tocar lo que no me pertenece. Pero recuerda: mientras tú juegas a ser el amante protector, yo soy el único que está evitando que mi hermana la mande al patíbulo. Suéltame. Tenemos una boda que fingir y un reino que engañar.

Darian no soltó a Azai inmediatamente después de su amenaza. Mantuvo la presión contra el árbol, hundiendo sus nudillos en el pecho del extranjero.

—No te confundas, Azai —dijo Darian, con una calma que daba más miedo que sus gritos anteriores—. No estoy siendo amable. Estoy dándote una oportunidad de sobrevivir. Si alguna vez olvidas que esto es una "pantalla de humo" y te atreves a mirarla con algo más que desprecio frente a tu hermana, no habrá diplomacia que te salve. Me da igual la guerra, me da igual el oro de Erythria y me da igual mi propia vida. Si ella sufre, tú mueres.

Darian lo soltó con un empujón violento que hizo que Azai tuviera que recuperar el equilibrio. El príncipe de Vencardia se montó en su caballo sin mirar atrás, con los ojos inyectados en sangre y el corazón latiendo con una furia fría.

Azai se quedó allí, limpiándose el polvo de la túnica y mirando cómo Darian se alejaba al galope. Se tocó el cuello, donde la presión de las manos de Darian aún quemaba.

—Vaya... —susurró Azai para sí mismo, con una sonrisa triste—. Al menos sé que está en buenas manos.

Darian se sentó en su trono, pero no parecía un príncipe; parecía un depredador encadenado. Sus ojos no se despegaron de Lyra, que giraba en el centro del salón. Cada vez que Morgana se burlaba de ella, Darian sentía un impulso asesino que le quemaba las venas. Estaba aprendiendo que ser "el heredero" no era un honor, era una jaula que le impedía proteger lo que amaba con sus propias manos.

Por otro lado, Azai entró al salón y se colocó en las sombras, apoyado contra una columna. Desde allí, veía a Darian apretar los puños y a Lyra fingir una sonrisa.

Azai sintió una punzada de envidia amarga. Envidia de Darian, que podía amar a Lyra abiertamente en su mente, y envidia de Lyra, que tenía a alguien dispuesto a matar por ella. Él, en cambio, estaba condenado a ser el espectador, el que protegía desde la oscuridad, el que ella nunca recordaría como el niño que lloró en el jardín.

Morgana, ajena al caos interno de los dos hombres, aplaudió con falsedad.

—Qué talento tiene tu bufona, Darian —dijo ella, inclinándose hacia él y rozando su brazo con desdén—. Es una lástima que cosas tan divertidas sean tan... desechables.




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