Guerra de Corazones

Capitulo 7

La mañana siguiente nació gris, como si el cielo de Vencardia presintiera lo que estaba por venir. Lyra despertó en su pequeña habitación, con el cuerpo aún dolorido por el esfuerzo del día anterior y el corazón pesado por el abrazo compartido con Darian.

Un golpe seco en la puerta la sobresaltó. Al abrir, se encontró con un joven paje que evitaba mirarla a los ojos.

—El Rey Alaric envía este mensaje —dijo el muchacho con voz monótona—. No se requiere su presencia en el palacio durante el día. Descanse y prepárese.

Lyra frunció el ceño, sintiendo una punzada de desconfianza. ¿Un descanso? Eso no existía para alguien de su clase.

—¿Por qué? —preguntó ella.

—Esta noche se celebrará un gran banquete —continuó el paje—. Frente a toda la corte y la delegación de Erythria, el Rey la nombrará oficialmente como Bufona Real de la Corona. La princesa Morgana ha insistido en que sea una ceremonia solemne... para que todos sepan cuál es su lugar y su función en este nuevo reinado.

El paje se retiró rápidamente, dejando a Lyra sola con el silencio. "Para que vea a qué lugar pertenece". Las palabras de Morgana estaban grabadas detrás de ese mensaje. No era un ascenso; era una marca de hierro. Morgana quería que, mientras Darian estuviera sentado en su trono, tuviera que mirar hacia el suelo para ver a la mujer que amaba, vestida de colores ridículos y burlándose de sí misma para el deleite de los nobles.

En otra parte del palacio, Darian recibió la noticia y lanzó una jarra de cristal contra la pared de sus aposentos. Morgana lo estaba obligando a presenciar la degradación oficial de Lyra. Si Darian no aplaudía durante el nombramiento, sospecharían. Si aplaudía, sentiría que le arrancaban el alma.

Azai, por su parte, observaba desde su balcón cómo preparaban el salón. Sabía que esa noche, el odio de Darian llegaría a un punto sin retorno.

El vestido llegó a la habitación de Lyra poco antes de la ceremonia. Como era de esperar, Morgana se había superado en su crueldad: era un traje de bufón hecho de seda costosa, pero con colores estridentes y cascabeles de oro que tintineaban con cada suspiro. Era un recordatorio de que, aunque la vistieran de seda, seguía siendo una servidora.

El salón real estaba a reventar. El Rey Alaric hizo el nombramiento frente a cientos de nobles, marcando a Lyra como la "Bufona Real". Morgana sonreía desde su trono, saboreando el triunfo de ver a Lyra humillada en el centro del salón.

Pero cuando la música comenzó, Darian hizo algo que nadie esperaba.

El príncipe se puso de pie con una elegancia gélida. Su mirada no estaba en su prometida, sino en la chica de los cascabeles.

—Padre, princesa —dijo Darian, y su voz resonó por todo el salón, silenciando a los presentes—. Nuestra tradición dicta que cuando se nombra a un nuevo miembro de la corte real, el primer baile del príncipe es con esa persona. Para honrar su lealtad... y su lugar.

Morgana se tensó, pero no pudo protestar sin parecer ignorante de las leyes de Vencardia. Darian bajó los escalones del estrado y le extendió la mano a Lyra. Ella, temblando, la aceptó.

En cuanto la música subió de tono, Darian la atrajo hacia sí con una posesividad que rozaba el peligro. Bailaban con una perfección absoluta, pero sus ojos... sus ojos hablaban otro idioma. Se miraban con una intensidad tan profunda, tan llena de deseo y desesperación, que el salón entero pareció desaparecer. Darian la sostenía por la cintura como si fuera lo único que lo mantenía cuerdo en este mundo.

—Estás hermosa —le susurró él, con los ojos inyectados en esa furia enamorada—. Me da igual quién mire. Esta noche eres mía.

Estaban tan cerca, sus rostros a milímetros, que el secreto estaba a punto de gritarse a voces. Los nobles empezaron a susurrar. Morgana apretaba su copa con nudillos blancos.

Entonces, una sombra se interpuso entre ellos.

—Están siendo demasiado evidentes, idiotas —siseó una voz fría.

Azai se metió entre los dos, rompiendo el contacto físico de forma brusca pero fluida. Con una sonrisa falsa dirigida a la corte, le arrebató a Lyra de los brazos a Darian.

—Hermoso gesto, Darian, pero ya has cumplido con el protocolo —dijo Azai en voz alta para que todos oyeran, mientras empezaba a girar con Lyra en un vals mucho más rápido—. Ahora me toca a mí. Después de todo, es mi "juguete" el que estás entreteniendo.

Mientras bailaban, Azai apretó el brazo de Lyra y la miró con severidad.

—Si sigues mirándolo así, Morgana te hará ejecutar antes del amanecer. Recobra la cordura, Lyra. Por el bien de los tres.

Darian volvió a su lugar en el estrado con el cuerpo tan tenso que parecía una cuerda de arco a punto de romperse. Se sentó al lado de Morgana, quien lo observaba con una mezcla de sospecha y satisfacción por ver a la bufona ahora en manos de su hermano.

El principe tomó su copa, pero no bebió. Sus ojos seguían el rastro de Lyra y Azai en la pista. Ver cómo Azai la sujetaba, ver cómo ella tenía que fingir sumisión ante el príncipe de Erythria, le revolvía el estómago.

Tengo que ser más cauteloso para que ese imbécil no se lleve todo el mérito”, pensó con amargura.

No iba a dejar que Azai fuera el único protector de Lyra. Si Azai estaba jugando a ser el villano para salvarla, Darian tendría que aprender a ser un monstruo mucho más astuto. Ya no bastaba con ser el príncipe heredero; tenía que ser el dueño del tablero.

—Bailas muy bien con la servidumbre, Darian —comentó Morgana, rozando su mano con una frialdad que lo hizo estremecer—. Casi parecía que disfrutabas de su compañía.

Darian no se inmutó. Giró la cabeza y le dedicó una sonrisa gélida, una que nunca le había mostrado antes. Una sonrisa que se parecía más a las de Azai que a las suyas.

—Solo seguía el protocolo, querida —respondió él, con una voz desprovista de emoción—. Al fin y al cabo, si ella va a estar correteando por nuestro palacio durante el resto de nuestras vidas, lo mínimo es asegurarse de que sepa quién le da las órdenes.




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